Aunque los precios bajaron un 0,77% a nivel general durante la administración del presidente Rodrigo Chaves, muchos bienes y servicios de consumo diario siguieron encareciéndose. Y algunos lo hicieron con fuerza.
Entre los casi 300 productos que se monitorean para el Índice de Precios al Consumidor (IPC), varios aumentaron en más de un 20% entre mayo de 2022 y marzo de 2026 (el último registro disponible),
Entre ellos aparecen alimentos que rara vez faltan en los hogares costarricenses, como la cebolla, la papa, el chile dulce e incluso el café.
Este contraste resume una de las principales paradojas del período: el índice general cayó, pero lo hizo después de un fuerte aumento de los precios tras la pandemia de covid-19 y, aún así, una parte importante de la canasta cotidiana subió.
Estos fueron los 25 productos y servicios que más subieron de precio desde mayo de 2022, según las mediciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Lo que más subió
Los 25 productos y servicios que más aumentaron de precio desde mayo de 2022 fueron, en su mayoría, alimentos que se consumen dentro y fuera del hogar.
Los precios de la cebolla, la yuca, la vainica y la piña crecieron por encima de un 40%; y otros como la sal, la avena, las galletas saladas, el pepino, la naranja, la papa, el chile dulce, el café, la leche condensada, las comidas rápidas y el culantro superaron al menos el 20%.
En el caso de los productos agrícolas (varios de los que registraron los mayores aumentos), los precios pueden presentar comportamientos volátiles dependiendo de los fenómenos climatológicos que afecten las cosechas.
También subieron por encima de ese mismo umbral insumos de uso frecuente como insecticidas, suplementos alimenticios, papel higiénico, servicios municipales y anticonceptivos, entre otros.
El patrón es casi opuesto al de los productos que más bajaron.
Mientras las principales reducciones se concentraron en combustibles, electrónicos, vestimenta y bienes sensibles al dólar, las mayores alzas se ubicaron sobre todo en productos de consumo recurrente.
Esa diferencia importa. El IPC cayó en términos generales, pero empujado sobre todo por reducciones en los precios internacionales de los combustibles (que cayeron sensiblemente tras la pandemia y que apenas empiezan a repuntar por el conflicto en Irán); así como por la apreciación del colón frente al dólar, que supera el 30% desde el inicio del gobierno.
Al mismo tiempo, subíndices como alimentos, bebidas, salud, educación, recreación y comidas fuera del hogar crecieron entre un 4% y un 12% en el último cuatrienio.
Una promesa difícil
Reducir el costo de la vida fue una de las grandes promesas de Rodrigo Chaves como candidato presidencial.
Pero es una meta difícil de cumplir para cualquier gobernante en Costa Rica.
No solo porque el país depende fuertemente de importaciones, sino porque arrastra problemas estructurales —desde baja competencia hasta mercados concentrados— que empujan los costos al alza y limitan la capacidad del Ejecutivo para contenerlos sin grandes reformas o intervenciones.
Eso ayuda a comprender por qué, aun en un período de inflación baja o negativa, muchos hogares no necesariamente sintieron que vivir se volvió más barato.

Matices para entender percepciones
Ese desacople entre estadísticas y sensación cotidiana no es casual.
Parte de la explicación es que no todos los precios pesan por igual.
Fernando Rodríguez, economista de la Universidad Nacional (UNA) y ex viceministro de Hacienda, explica que algunos bienes incluidos en el índice de precios pueden mover con fuerza el dato general, sin ser consumidos masivamente por los hogares de menores ingresos.
En el último cuatrienio, por ejemplo, muchas de las principales caídas ocurrieron en transporte, vestimenta o aparatos electrónicos: rubros cuyo consumo es desigual.
Eso puede hacer que dos hogares vivan realidades distintas bajo la misma inflación.
Como resume Rodríguez, algunos bienes “hacen mucho ruido”, mientras varios alimentos "siguen siendo caros, no han bajado de precio, y los ingresos de las familias no están creciendo rápidamente”.
Otro factor recientemente analizado por el Programa Estado de la Nación (PEN) es que las caídas generales de precios pueden percibirse en menor medida cuando vienen después de aumentos muy altos o cuando el poder adquisitivo lleva años relativamente estancado, como pasa en Costa Rica.
Según Luis Vargas, coordinador del capítulo económico del PEN, ahí surge una “brecha importante” entre los números y la percepción social.
No todos los precios bajan al mismo tiempo y no todas las personas consumen lo mismo o en las mismas cantidades. Por eso, una inflación baja no necesariamente significa que el costo de la vida se sienta más bajo.
