El cambio climático y la variabilidad en los patrones del tiempo están pasando una factura directa a las cifras macroeconómicas del sector primario en Costa Rica.
De acuerdo con los datos presentados en el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) a junio de 2026, el Índice Mensual de Actividad Agropecuaria (Imagro) registró un raquítico crecimiento del 0,1% en términos interanuales.
El resultado representa un estancamiento prácticamente total de la actividad productiva agrícola y ganadera, con una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales (p.p.) respecto a la tasa registrada en junio del año anterior.
Golpe hídrico a los cultivos estrella
El principal detonante de este freno económico se localiza en los problemas de productividad por hectárea derivados del estrés hídrico y la irregularidad de las lluvias registradas durante el primer trimestre del 2026. Estos factores impactaron de lleno a dos de los principales productos de la canasta exportadora costarricense:
- Café en mínimos históricos: Según datos del Instituto del Café de Costa Rica (Icafé) consignados en el informe, la cosecha 2025-2026 registró un mínimo histórico que no se alcanzaba desde el periodo 1970-1971.
- Caída en el rendimiento de la piña: La producción del fruto también experimentó contracciones en su rendimiento general por área sembrada, mermando el dinamismo del sector.

El banano y la demanda interna evitan terreno negativo
A pesar del impacto en el café y la piña, el sector agropecuario logró sostenerse en terreno positivo debido a la resiliencia de otros productos que amortiguaron la caída:
- Impulso exportador: La producción de banano, así como la de raíces y tubérculos, experimentó incrementos gracias a un repunte en la demanda externa.
- Estabilidad en el consumo local: La ganadería de carne bovina y la producción de huevo mantuvieron un comportamiento positivo sostenido por la demanda interna, la cual ha mostrado un desempeño relativamente estable en lo que transcurre del 2026.
El clima como variable de riesgo macroeconómico
Los resultados de junio colocan en el centro de la discusión económica la vulnerabilidad del sector agropecuario frente a los fenómenos climáticos. Aunque la demanda de los mercados internacionales por fruta costarricense se mantiene, los choques de oferta provocados por sequías y lluvias a destiempo continúan fijando un techo rígido al crecimiento de las zonas rurales del país.
