Costa Rica celebra un nuevo Día del Niño con un 29% de sus menores de 18 años en condición de pobreza: una proporción considerablemente mayor que la registrada entre la población general (un 17,1% de todos los habitantes, equivalentes a un 15,2% de los hogares).
De ese gran total, un 8,4% de los niños y adolescentes vive en condición de pobreza extrema, casi el doble del 4,4% registrado entre la población general.
Los datos se desprenden de un análisis realizado por EF con base en los microdatos de la Encuesta Nacional de Hogares 2025, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). En números absolutos, hablamos de 317.600 niños y adolescentes que son pobres, de los cuales 91.300 experimentan las limitaciones más severas.
Los menores representan alrededor de un 20,4% de la población en Costa Rica, pero constituyen cerca de un 34,7% de todas las personas pobres en el país y hasta un 39,1% de quienes viven en pobreza extrema. En otras palabras, los niños están sobrerrepresentados entre la población pobre del país.
EF revisó los indicadores de pobreza y niñez en cinco aspectos clave: distribución regional, condiciones de la vivienda, realidad educativa, acceso a medios digitales y ayudas sociales. Estos fueron nuestros principales hallazgos.

Factores de análisis
Distribución regional
La incidencia de la pobreza infantil es considerablemente mayor fuera de la región Central, donde alcanza un 21,8%.
Prácticamente se duplica en otras regiones como la Huetar Caribe (42,3%) y la Brunca (41,9%), y también es mayor en el Pacífico Central (37,2%), la Huetar Norte (33,8%) y la Chorotega (31,7%).
La pobreza extrema, sin embargo, tiene brechas territoriales todavía más profundas. En la región Central es de 5,4%; mientras que en la Huetar Caribe alcanza un 17,4% y en la Brunca un 12,9%.
Las estimaciones regionales de pobreza total tienen mayor respaldo estadístico que las de pobreza extrema, porque estas últimas se basan en una menor cantidad de observaciones de la encuesta. Sin embargo, los datos dan pistas sobre brechas relevantes.
La ruralidad aparece, además, particularmente asociada con la pobreza extrema infantil. Un 32,1% de los menores no pobres y un 32,2% de los pobres no extremos viven en zonas rurales, pero el dato asciende a 42,5% entre quienes están en pobreza extrema.
La pobreza extrema corresponde a los hogares cuyo ingreso ni siquiera alcanza para cubrir el costo de la canasta básica alimentaria; mientras que la pobreza no extrema incluye aquellos que sí pueden hacerlo, pero se quedan cortos para satisfacer otras necesidades básicas como vivienda y similares.
Estado de la vivienda
Los menores en pobreza, especialmente aquellos en pobreza extrema, también habitan viviendas en peor estado y enfrentan mayores niveles de hacinamiento.
Un 6,7% de los niños y adolescentes no pobres viven en viviendas en mal estado, pero esa proporción casi se duplica (12,3%) entre los pobres no extremos y más que se triplica (23%) entre quienes viven en pobreza extrema.
La categoría de mal estado se refiere a materiales con grave deterioro o daño estructural, y no simplemente a factores estéticos.
El hacinamiento muestra una brecha similar. Afecta a un 3,3% de los menores no pobres, pero la proporción se triplica (10%) entre los pobres no extremos y casi se cuadruplica (11,9%) entre quienes viven en pobreza extrema.
En números absolutos, unos 21.000 niños y adolescentes extremadamente pobres viven en casas en mal estado; mientras que aproximadamente 10.900 viven en condiciones de hacinamiento.
Realidad educativa
La enorme mayoría de los menores en edad escolar asiste a la educación formal en Costa Rica, independientemente de su condición económica. La proporción ronda el 97% de los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años.
Sin embargo, los niños en pobreza y en pobreza extrema presentan mayores indicadores de rezago escolar.
Un 11,5% de los menores de 7 a 17 años que no son pobres presenta al menos un año de rezago, pero el dato sube a 16,4% entre los pobres no extremos y a un 21% entre quienes viven en pobreza extrema.
En otras palabras, aproximadamente uno de cada cinco menores en pobreza extrema de entre 7 y 17 años presenta algún grado de rezago educativo: casi el doble de la proporción registrada entre los no pobres.
Acceso digital
El acceso a computadoras portátiles o de escritorio presenta una de las mayores brechas entre los niños y adolescentes según su condición económica.
Un 51,8% de los menores no pobres vive en una vivienda que tiene al menos uno de esos dispositivos, pero la proporción cae a un 20,9% entre los pobres no extremos y a un 12,5% entre quienes viven en pobreza extrema.
La situación es ligeramente mejor en materia de acceso a Internet, posiblemente gracias a la telefonía celular. Un 93,6% de los menores no pobres tiene Internet en su vivienda, frente a un 87,1% entre los pobres no extremos y un 82,6% de los extremadamente pobres.
Esto genera una paradoja: aunque más de ocho de cada 10 menores en pobreza extrema viven en una vivienda con Internet, apenas uno de cada ocho vive en una que dispone de al menos una computadora para acceder a ese insumo.
Ayudas sociales
La Enaho también permite observar el alcance de distintos programas sociales entre la población menor de edad. Más de ocho de cada 10 niños y adolescentes en pobreza aparecen como beneficiarios de al menos uno de los principales apoyos identificados en la encuesta.
La proporción alcanza un 83,2% entre los pobres no extremos y un 84,9% entre quienes viven en pobreza extrema.
El tipo de beneficio cambia según la edad. Entre los 0 y los 4 años destacan los servicios de los Cen-Cinai —principalmente entrega de leche—; entre los 5 y los 11 años, el comedor estudiantil; y a partir de los 12 años, el programa Avancemos gana relevancia, aunque el comedor estudiantil sigue siendo el beneficio más extendido.
Realidades distintas
Los datos de la Enaho muestran una niñez sobre la que recae una alta proporción de la pobreza nacional. Más de 317.000 menores viven en pobreza y más de 91.000 son pobres extremos, pese a representar solo una quinta parte de la población nacional.
Al mismo tiempo, la mayoría asiste a educación formal, tiene seguro de salud y, entre quienes viven en pobreza, más de ocho de cada 10 aparecen como beneficiarios de al menos uno de los principales apoyos públicos identificados por la Enaho.
Esa cobertura, sin embargo, convive con brechas importantes en las condiciones en que crecen. Los menores pobres presentan mayores niveles de hacinamiento y rezago educativo, viven con más frecuencia en viviendas en mal estado y tienen mucho menos acceso a computadoras que los no pobres.
La situación es un problema de presente, pero sobre todo de futuro. Las brechas en la niñez, se sabe, tienden a profundizar otras tantas conforme pasan los años.
