El cantón de Belén se consolidó como el ejemplo más claro de que la calidad de la carpeta asfáltica ya no es un indicador suficiente de competitividad territorial.
Según el Estudio de Movilidad Segura 2025, mientras que el 82% de su red vial se califica en buen estado, el cantón es el tercero con mayores demoras a nivel nacional. Los conductores pierden, en promedio, 5,9 minutos por cada 100 metros recorridos durante las horas pico.
El costo de la “presa” en el corazón industrial
Para un centro de negocios que alberga zonas francas y sedes corporativas multinacionales, este dato es crítico. La saturación vial en Belén no es un evento fortuito; el informe registra 202 incidentes de tráfico por cada 100 metros a lo largo del plazo de estudio, lo que genera una intensidad de atascos que erosiona la rentabilidad logística de la zona.
Este fenómeno desmitifica la idea de que “arreglar calles” soluciona la movilidad. El problema es estructural: la brecha entre una flota vehicular que creció un 60% en la última década y una infraestructura que ha alcanzado su límite de capacidad física.
A nivel macro, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima que este congestionamiento en la Gran Área Metropolitana (GAM) representa una pérdida cercana al 3,8% del PIB, aunque estudios locales citados en el informe elevan esa cifra por encima del 4% cuando se consideran externalidades ambientales y de salud.

Hacia la gestión de la demanda (Enfoque A-S-I)
El informe propone que Belén y cantones similares deben transicionar urgentemente hacia el modelo Evitar-Cambiar-Mejorar (A-S-I, por sus siglas en inglés):
- Evitar: Reducir la necesidad de viajes motorizados mediante planificación urbana de usos mixtos y la consolidación del teletrabajo para disminuir la presión sobre la red vial.
- Cambiar: Incentivar el paso hacia modos más eficientes, como el transporte público de alta capacidad y la movilidad activa, para transportar más personas en menos espacio.
- Mejorar: Optimizar el parque vehicular existente con tecnologías más limpias y diseños que reduzcan la energía de impacto en siniestros.
Mientras tanto, en las horas pico de cualquier día laboral, la fila de vehículos frente a las zonas francas y grandes industrias con sede en Belén cuenta su propia historia: motores encendidos, relojes corriendo y una infraestructura que ya dio todo lo que podía dar.
