Una viceministra gana más que los vicepresidentes de la República, más que la mayoría de los ministros del gobierno y más que el expresidente Rodrigo Chaves. Por otra parte, una ministra que se mantiene en el cargo desde 2022 recibe el segundo peor sueldo de toda la cúpula del gobierno.
Además, otros tres viceministros superan salarialmente a sus propios jefes y el jerarca de Seguridad recibe casi el mismo monto que la presidenta Laura Fernández, a pesar de la diferencia entre sus funciones.
Todas estas situaciones tienen algo en común: corresponden a funcionarios que todavía conservan los antiguos salarios compuestos del sector público y que no han migrado a las nuevas escalas globales establecidas luego de la entrada en vigor de la Ley Marco de Empleo Público.
EF solicitó los salarios de la presidenta, los vicepresidentes, los ministros y los viceministros.
En este artículo, le mostramos cuáles jerarcas todavía cobran las remuneraciones de antes y cómo se comparan con sus pares y con sus jefaturas.
Las distorsiones
En total, hay dos ministros y 13 viceministros que reciben salarios compuestos; es decir, las remuneraciones anteriores a los salarios globales que se fijaron a partir de marzo de 2023.
De esas 15 personas, 13 cobran sueldos más altos de los que finalmente se definieron para sus cargos y solo dos experimentan el caso contrario.
Solo un ministro forma parte del grupo que cobra un salario mejor del que tendría con el nuevo esquema global. Se trata de Gerald Campos Valverde, titular de Seguridad, quien gana solo ¢42.000 menos que la presidenta Laura Fernández y es la segunda figura mejor remunerada de todo el gabinete, incluso por encima de los dos vicepresidentes de la República.
Campos desarrolló la mayor parte de su carrera profesional en el Poder Judicial y también fue ministro de Justicia en el gobierno completo del expresidente Rodrigo Chaves (2022-2026).
Los otros 12 funcionarios con salarios más altos de los que tendrían bajo el esquema global son viceministros de Justicia, Hacienda, Agricultura, Educación, Seguridad, Cultura, Salud, Ambiente y la Presidencia.
Cuatro de ellos incluso ganan más que sus superiores jerárquicos. Ese es el caso de Sandra Elena Rodríguez, de Justicia; Víctor Julio Carvajal, de Hacienda; Fernando Vargas, de Agricultura; y María Alexandra Ulate, de Educación.
La viceministra Rodríguez incluso recibe el tercer mejor salario de toda la cúpula del gobierno, por encima de ambos vicepresidentes y de la gran mayoría de los ministros de gobierno, incluido el expresidente Chaves que ahora dirige las carteras de Hacienda y la Presidencia.
Otros ocho viceministros también reciben salarios superiores al global que se fijó para sus cargos (¢3,76 millones), aunque sin superar a los ministros de sus respectivas carteras.
Eso le ocurre a Carolina Castro y Nelson Barquero, de Seguridad; Alexander Castro, de Cultura; Allan Mora, de Salud; Sofía Ramírez, de Educación; Ronny Alberto Rodríguez, de Ambiente; Charlyn Sánchez, de la Presidencia; y Julián Arias, de Agricultura.
Los únicos dos jerarcas que recibe una remuneración más baja que el salario global fijado para sus puestos son la ministra Paula Bogantes, de Ciencia y Tecnología, y el viceministro Jorge Rodríguez Bogle, de Justicia. Ambos cobran las dos remuneraciones más bajas de la cúpula del gobierno (¢3,48 millones y ¢3,45 millones) y se mantienen desde la administración Chaves Robles.
A pesar de ser ministra, Bogantes recibe el segundo peor sueldo de entre todos los principales jerarcas del Poder Ejecutivo.
¿Por qué pasa esto?
La Ley Marco de Empleo Público estableció nuevos salarios globales para toda la administración pública; sin embargo, no se aplicó de forma retroactiva. Por eso, quienes ingresaron al sector público antes de su entrada en vigor pueden seguir bajo el esquema de salario compuesto.
Los funcionarios antiguos se dividen en dos grupos: quienes ya cobraban más que los nuevos salarios globales y quienes cobraban menos.
En el primer caso, la ley dispuso que las remuneraciones quedarían congeladas hasta ser alcanzadas por las nuevas escalas. En el segundo, permitió que los funcionarios siguieran acumulando aumentos hasta llegar a los montos definidos a partir de la enmienda legal.
El resultado es que, tres años después de la entrada en vigor de los salarios globales, todavía conviven dentro del mismo gabinete funcionarios sujetos a reglas salariales distintas.
