Por: Laura Ávila.   18 octubre
Luis Felipe López Calva, director regional del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), visitó Costa Rica con motivo de la Precop 25 y habló sobre los desafíos económicos que enfrenta el istmo.
Luis Felipe López Calva, director regional del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), visitó Costa Rica con motivo de la Precop 25 y habló sobre los desafíos económicos que enfrenta el istmo.

Densos nubarrones se posan sobre el horizonte económico de Latinoamérica: según consta en un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), durante el 2019 la región experimentará una desaceleración generalizada que afectaría a 17 de los 20 países.

Nicaragua enfrenta una crisis que en el 2018 contrajo el turismo en un 35% y en un 53% la inversión extranjera directa (IED), de acuerdo con el estudio Nicaragua en Crisis de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Político y Social (Funides).

Honduras se ve sacudida por las acusaciones de presuntos sobornos del narcotráfico al presidente Juan Orlando Hernández, al expresidente Porfirio Lobo y al actual ministro de seguridad.

Ecuador convalece la peor crisis en décadas por la eliminación de los subsidios a los combustibles, Argentina atraviesa una profunda recesión, mientras que Venezuela ve el éxodo de sus habitantes y padece una hiperinflación del 1.000.000% según el FMI.

EF conversó con Luis Felipe López Calva, director regional del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para comprender los desafíos económicos que enfrenta el istmo.

¿Qué puede hacer la región para salir del estancamiento?

— En el corto plazo, lo importante es tener un manejo fiscal responsable y encontrar los espacios para tratar de lidiar con las tendencias globales que están afectando el crecimiento. Por ejemplo, la desaceleración del comercio mundial nos afecta de manera muy importante.

Ha venido cayendo la productividad de la región con respecto a los países de la OCDE y eso se refleja en bajas tasas de crecimiento. Tenemos algunos ejemplos de crecimiento alto y tres países han logrado pasar de niveles de ingreso medio a niveles de ingreso alto: Chile, Uruguay y Panamá.

Este año la región, en promedio, no va a crecer más allá del 1%, y es un problema serio. Lo otro es la volatilidad del crecimiento.

Si sumamos bajo crecimiento, alta desigualdad y alta vulnerabilidad, en parte se explica la polarización política y la caída en la confianza en las instituciones.

— ¿Cómo una economía como Costa Rica puede promover el consumo?

— Lo primero, la prudencia macroeconómica y fiscal que no significa austeridad. Implica repensar y tratar de priorizar aquellos proyectos de inversión pública que pueden tener mayores efectos multiplicadores. Los países deberíamos reactivar la inversión pública, particularmente en proyectos que pueden atraer otro tipo de inversiones.

Segundo, hay reformas importantes a nivel microeconómico que deberíamos hacer y que pasan por repensar la coherencia entre los programas de protección social y la informalidad en el mercado de trabajo.

Los mercados laborales, debido al cambio tecnológico, están cambiando su naturaleza; la relación entre empleado y empleador está cambiando. En el muy corto plazo, deberíamos repensar de manera muy seria cuál es la coherencia entre las políticas de protección social y las políticas de productividad.

— La economía mundial da señales poco positivas con los efectos de la guerra comercial. ¿Cómo evalúa el futuro cercano?

— Comparto la visión de muchos analistas de que hay indicadores adelantados que son preocupantes. Por ejemplo, las ventas de automóviles registran tasas de crecimiento bajas en los países avanzados y eso tiene un efecto de contaminación muy grande sobre Latinoamérica y el Caribe.

Si vamos a entrar en un contexto global muy complicado, y los países latinoamericanos llegamos ahí con un desempeño pobre y un espacio fiscal reducido para poder reaccionar, vamos a enfrentar unos meses un poco complicados.

Las situaciones más críticas son Venezuela o Argentina, que están en un momento complicado con tasas de interés extremadamente altas y que va a ser difícil que bajen en el corto plazo, con el efecto recesivo que esto tiene sobre la economía. Ecuador ha manejado su programa de ajuste de manera muy coherente, pero las últimas medidas provocaron una reacción muy fuerte, aunque, si logran navegar esa turbulencia política, estarían en la senda de una mayor solidez fiscal.

— ¿Estaría la región en capacidad de tener resiliencia?

— Hay variación entre países, y una de las más vulnerables es Argentina, pero, en general, las economías más grandes de la región y algunas de las más pequeñas están en condiciones de afrontar esa situación. Obviamente, eso va a implicar notas de crecimiento bajas y una situación fiscal que hay que manejar con mucha prudencia, pero hay que estar en condiciones de sortear esa situación.

También es importante que esto se vea como una oportunidad para afrontar unas reformas estructurales en lo institucional, en temas de programas de protección social que puedan, al mismo tiempo, movernos en la dirección de menor desigualdad y tratar de abrir espacios de productividad.

— ¿Cuáles lecciones puede tomar Costa Rica de la crisis del 2008?

— Costa Rica tiene una base de protección bastante consolidada. Costa Rica debe fortalecer esa lógica de universalidad y de protección de los derechos sociales, una característica muy poderosa. Se debe mantener esa lógica, pero también encontrar las barreras que afectan la productividad.

En el área de las energías limpias, de la economía verde, del turismo sostenible, de los green commodities, en todas estas áreas que son consistentes con los objetivos ambientales, creo que Costa Rica puede ser líder y abrir espacios muy importantes de productividad.