El proceso electoral de 2026 dejó lecciones profundas sobre la configuración de la voluntad popular en Costa Rica.
Tras la publicación del último informe del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR), se revela una estructura de voto que, si bien mantiene ciertos rasgos de personalismo, muestra una madurez democrática importante y una consolidación de bloques políticos definidos.
Este estudio es producto de una encuesta longitudinal de panel, lo que significa que se siguió a un mismo grupo de personas a lo largo de cuatro rondas de entrevistas (octubre, diciembre, enero y febrero). La muestra final consistió en 878 entrevistas telefónicas realizadas los días 9 y 10 de febrero de 2026, con un margen de error de ±3,3 puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95%.
A pesar de una “mortalidad” del panel del 71% (participantes que abandonaron el estudio entre rondas), los resultados postelectorales demostraron una alta precisión al compararse con los datos oficiales del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), validando el instrumento para medir las tendencias reales de la sociedad costarricense.
A continuación, los siete puntos fundamentales para desglosar el comportamiento electoral de 2026:
1. La consolidación de Laura Fernández y la captura del indeciso
A diferencia de procesos electorales anteriores marcados por una alta volatilidad de último minuto, el 2026 mostró una mayor estabilidad.
La candidata oficialista, Laura Fernández (del Partido Pueblo Soberano, PPSO), fue la figura más eficiente en convertir a las personas indecisas en votantes efectivos.
Este crecimiento no fue producto de un “robo” masivo de votos a otras candidaturas, sino de una captación constante de quienes no tenían una opción definida, especialmente entre diciembre de 2025 y enero de 2026.

2. Dos perfiles de votante claramente diferenciados
El estudio del CIEP permite dibujar dos retratos sociodemográficos opuestos entre los principales contendientes:
- Votante de Laura Fernández: Predominantemente hombres, personas entre 35 y más de 55 años, con educación secundaria. Geográficamente, su bastión estuvo en las provincias costeras (Puntarenas, Guanacaste, Limón) y Alajuela. Su motor emocional fue la esperanza.
- Votante de Álvaro Ramos: Principalmente mujeres, mayores de 55 años y con nivel educativo universitario. Su apoyo se concentró en el Gran Área Metropolitana (San José y Cartago). En este grupo, el motor predominante fue el miedo a que las cosas empeoraran.
3. El “Continuismo del Cambio”: el eje central de la decisión
El factor determinante en la elección presidencial fue la continuidad (23%).
Lo más relevante para el análisis político es cómo el oficialismo logró articular una narrativa de “continuismo del cambio”. Un 68,7% de los encuestados afirmó que la idea de dar continuidad al gobierno influyó “mucho” en su voto, una cifra casi idéntica al 68,6% que buscaba un cambio.
Esta aparente contradicción sugiere que el electorado percibió la gestión actual como un proceso de transformación que no debía interrumpirse.
4. Personalismo sobre banderas partidarias
La tendencia al debilitamiento de los partidos como instituciones de identidad se mantiene. El 60% de los electores decidió su voto basándose en la persona candidata, mientras que solo un 26% lo hizo por el partido político.
Esta personalización de la política explica por qué figuras como Fernández pudieron sostener su ventaja a pesar de las críticas a las estructuras partidarias tradicionales.

5. La volatilidad selectiva y el voto estratégico
Aunque el 44,4% de la población decidió su voto mucho antes de la campaña, un tercio de los votantes fue determinante en la recta final.
El repunte de Álvaro Ramos (PLN) en la última semana se nutrió de dos fuentes: personas que decidieron su voto en esos últimos siete días (34,1%) y electores que originalmente apoyaban a Claudia Dobles (CAC).
De hecho, el 100% de los votantes de Dobles consideró a Ramos como su segunda opción, evidenciando un bloque de oposición que intentó consolidarse tarde.
6. Una elección movilizada por la esperanza, no por el castigo
A pesar del entorno de polarización que suele rodear las campañas, el 76% de los costarricenses afirmó que su voto estuvo motivado por la esperanza de que las cosas mejoraran.
Solo un 20% admitió haber votado por miedo. Esta positividad se refleja en que el 61% de la población valora el resultado electoral como algo positivo para el país.
7. Participación y respeto a la diferencia
Un dato alentador para la salud democrática es el nivel de tolerancia política. El 63% de los encuestados expresó opiniones de respeto y reconocimiento hacia quienes votaron por una opción distinta a la suya.
