Laura Fernández se declara católica, entregó su banda presidencial a la Virgen de los Ángeles y asistió a la tradicional misa del 2 de agosto en Cartago, apenas tres meses después de asumir el cargo. Sin embargo, cuando el chavismo ha buscado interlocutores religiosos cercanos, las principales imágenes de los últimos años no siempre han tenido como protagonistas a los obispos ni a la Conferencia Episcopal.
En su lugar aparecen el sacerdote católico Sergio Valverde, con quien Fernández asegura que reza y mantiene una relación cercana desde hace años, y distintos líderes evangélicos con quienes el movimiento político chavista incluso alcanzó acuerdos durante la campaña electoral.
La relación con la jerarquía católica, en cambio, transitó por otro camino. Rodrigo Chaves asistió solo una vez en cuatro años a la misa oficial de la Virgen de los Ángeles, protagonizó un enfrentamiento público con el arzobispo de San José y, más recientemente, distintos sacerdotes y obispos elevaron su voz sobre asuntos que atraviesan directamente la agenda del gobierno en campos como impuestos, pobreza, educación, democracia, polarización, narcotráfico y corrupción.
Para la socióloga Laura Fuentes Belgrave, de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la Universidad Nacional (UNA), los episodios forman parte de un proceso más amplio: un “desplazamiento” del protagonismo que históricamente tuvo la jerarquía católica como interlocutora del poder político.
El cambio resulta especialmente significativo en Costa Rica, donde la relación entre la religión y el poder tiene una particularidad institucional. El artículo 75 de la Constitución establece que la religión católica es “la del Estado”, una particularidad que distingue al país de la mayoría de las democracias contemporáneas.
La Conferencia Episcopal plantea una lectura más cautelosa de esa coyuntura reciente. Asegura que mantiene abiertos los canales de diálogo con las autoridades y rechaza interpretar la relación en términos de pérdida de espacios, aunque reivindica su autonomía para expresar sus coincidencias y sus preocupaciones.
De la convivencia a los roces
El chavismo incorporó símbolos religiosos desde su llegada al poder.
En el traspaso de poderes del 8 de mayo de 2022, Rodrigo Chaves usó una Biblia de grandes dimensiones y recuperó las intervenciones religiosas en la ceremonia oficial después de ocho años de ausencia. Participaron el obispo católico José Manuel Garita, entonces presidente de la Conferencia Episcopal, y el pastor Jorge Gómez, entonces presidente de la Federación Alianza Evangélica Costarricense.
Fuentes considera que desde aquel momento apareció una utilización simbólica de la religión en la construcción política del chavismo, aunque por entonces todavía parecía priorizar a los interlocutores más tradicionales.
En agosto de 2023, Chaves incluso asistió junto con la primera dama, Signe Zeikate, y buena parte de su gabinete a la misa solemne de la Virgen de los Ángeles. Ese día escuchó una homilía crítica con la situación del país por parte del obispo de San Isidro de El General, Juan Miguel Castro, quien habló sobre la violencia, el narcotráfico y la desigualdad, e incluso afirmó que “mientras muchos comen poco, pocos comen mucho”.
Chaves reivindicó entonces el derecho de la Iglesia a expresarse, al igual que la comunidad evangélica, pero esa fue la única misa del 2 de agosto a la que terminó asistiendo como presidente. En 2022 estuvo ausente por influenza, en 2024 no acudió por otros asuntos de salud no especificados y tampoco participó en 2025, sin una razón oficial.
El desencuentro más explícito con la jerarquía católica, sin embargo, llegó hacia el final de su administración, en el marco de la polémica subasta de las frecuencias de radio y televisión que desde entonces pretendía impulsar el Ejecutivo. Chaves cuestionó públicamente al arzobispo de San José, José Rafael Quirós, a quien responsabilizó por críticas provenientes de emisoras católicas.
“Mis respetos a todos los católicos, yo fui educado en el Colegio Seminario por curas, pero hay gente en todas partes... hay gente como monseñor Quirós”, afirmó en uno de sus habituales actos de todos los miércoles.
El arzobispo respondió que la Iglesia no entraría en “una lógica de descalificaciones personales” y aseguró que continuaría expresando sus preocupaciones sobre los asuntos nacionales.
Consultada para este artículo, la Conferencia Episcopal reconoció que pueden existir tensiones con el poder político, pero rechazó interpretar automáticamente ese tipo de situaciones como una “ruptura”. “Las diferencias de criterio sobre asuntos concretos forman parte normal de la vida en una sociedad democrática”, señaló el sacerdote Ricardo Cerdas, secretario adjunto y vocero de la Conferencia Episcopal.
La institución tampoco considera su relación con el Estado en términos de ganar o perder influencia, indicó Cerdas, quien sostiene que la Iglesia “no aspira a ocupar una posición de privilegio”, sino a cumplir libremente su misión y contribuir al bien común.
Ante una consulta específica de EF sobre el asunto, la Conferencia no precisó cuántas reuniones formales sostuvo con Chaves ni cuántas ha mantenido con Fernández. Indicó que la relación con las autoridades “no se limita a reuniones puntuales” entre las presidencias de ambas instituciones y que existen otros ámbitos de interlocución institucional y pastoral.
Fuentes sí dice ver un claro desplazamiento del protagonismo histórico de la Conferencia Episcopal y, aunque tampoco identifica un momento específico que lo defina, considera que el proceso comenzó temprano, conforme el chavismo encontró en determinados grupos evangélicos una base política atractiva.
El politólogo Ronald Alfaro, del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR), coincide en que existe ese desplazamiento y considera que la Iglesia Católica ha resultado particularmente afectada. Su lectura es que la relación de la jerarquía con el Ejecutivo se ha deteriorado mientras sectores evangélicos ganaron cercanía con el Gobierno y representación política dentro de su bancada legislativa.
Una Iglesia más vocal
El contraste se hizo especialmente visible durante las primeras semanas del gobierno de Fernández. En cuestión de días, alrededor de las celebraciones de la Anexión del Partido de Nicoya y la Virgen de los Ángeles, distintas voces católicas se pronunciaron sobre algunos de los principales debates políticos del país desde un punto de vista crítico.
El 25 de julio, en Guanacaste, el sacerdote Jeison Víquez cuestionó un eventual incremento de los impuestos sobre la canasta básica y defendió la libertad de pensamiento. “Una democracia no debe temer a ciudadanos que piensan”, afirmó, sino ”el día en que sus ciudadanos dejen de hacerlo”.
Cinco días después, el obispo de Tilarán, Manuel Eugenio Salazar, defendió el derecho de la Iglesia Católica a pronunciarse sobre asuntos nacionales, rechazó las dictaduras y la corrupción, y advirtió sobre la inseguridad, diciendo que “no queremos un narcopaís” o “un narcoestado”.
Salazar también cuestionó las restricciones constitucionales que pesan específicamente sobre el clero católico, remarcando que “solo a nosotros nos ponen bozal”, en referencia al artículo 28 de la Constitución Política.
El 2 de agosto, frente a Fernández, el obispo José Manuel Garita también advirtió que “el narcotráfico continúa destruyéndonos” y que “la corrupción sigue causando daño, injusticia y escándalo”. Además, reclamó gobernantes que ejerzan sus funciones con “honestidad, altura y espíritu de servicio”.
Por último, otros cinco días más tarde, la Conferencia Episcopal se expresó como cuerpo colegiado y advirtió que Costa Rica atraviesa “un contexto marcado por la polarización y la desconfianza”. Asimismo, reclamó respeto, independencia y colaboración entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, este último sometido a constantes ataques, ofensas y críticas por parte del chavismo.
La Conferencia, sin embargo, sostiene que esos mensajes forman parte de su misión pastoral y no representan una incursión en política partidaria. La Iglesia, agregó Cerdas, “no pretende sustituir a quienes tienen responsabilidades políticas ni ofrecer soluciones técnicas”, pero tampoco puede permanecer indiferente ante asuntos como el narcotráfico o la violencia.
El sacerdote además recordó que esas preocupaciones anteceden a las homilías de julio y agosto. En abril la Conferencia publicó la carta pastoral La paz esté con ustedes, dedicada a las amenazas contra la paz y a la necesidad de diálogo y compromiso colectivo.
Fuentes advierte, por otra parte, que sería un error interpretar todas esas intervenciones como una posición monolítica de toda la Iglesia Católica costarricense. La Conferencia Episcopal ha mantenido un perfil relativamente discreto y algunos obispos son considerablemente más críticos que otros. Sin embargo, sí identifica una posible zona de fricción con el chavismo en la doctrina social de la Iglesia, recuperada en los últimos papados.
Esa doctrina pone énfasis en asuntos como el trabajo, los salarios, la educación, la migración y las condiciones generales de vida; mientras el chavismo se define como liberal en lo económico y conservador en lo social. Esto provoca que el chavismo y la jerarquía eclesial pueden coincidir en determinados valores conservadores, sostiene Fuentes, pero separarse cuando la discusión se traslada a las condiciones materiales de la población.
Eso tampoco convierte a la jerarquía católica costarricense en una contraparte progresista del Gobierno, advierte la socióloga, quien recuerda que la Iglesia costarricense ha mantenido posiciones históricamente conservadoras.
La figura del padre Sergio
Mientras algunos representantes de la jerarquía católica han elevado su voz sobre asuntos nacionales, otro sacerdote construyó una relación muy distinta con el chavismo. Se trata de Sergio Valverde, fundador de la Asociación Obras del Espíritu Santo.
La relación con Fernández viene de años atrás. Valverde ha contado que, cuando ella trabajaba en el Ministerio de Planificación, lo ayudó a convertir algunas de sus propuestas sociales en proyectos con sustento técnico e incluso preparó documentos en inglés para buscarles financiamiento.
La cercanía quedó especialmente expuesta en abril, durante la inauguración de la primera Torre Espíritu Santo. Valverde llamó a la entonces presidenta electa “Laurita”, la describió como una “compañera de camino” y le agradeció “por no habernos fallado”. Fernández lloró durante el homenaje.
El sacerdote también agradeció públicamente el respaldo recibido durante la administración Chaves y lo contrastó con los controles y auditorías que enfrentó en los gobiernos anteriores.
La cercanía de Valverde con figuras políticas le ha generado cuestionamientos, aunque el sacerdote rechaza tener vínculos partidarios y defiende la transparencia de la organización que dirige.
Independientemente de todo eso, el cura terminó siendo uno de los dos religiosos escogidos para intervenir con una oración en el traspaso de poderes de Chaves a Fernández, este año, junto con un pastor evangélico. Ninguno respondía a jerarquías eclesiales oficiales.
Para Fuentes, la escogencia de un cura párroco por encima de un obispo resulta significativa. La socióloga ubica a Valverde dentro de una expresión religiosa que privilegia lo carismático, lo emocional y la generación de imágenes poderosas alrededor de la asistencia social: un estilo de “show sobre el sermón” que parece resultar más compatible con el chavismo y su relación con los símbolos y las emociones religiosas.
La Conferencia Episcopal aclaró a EF que Valverde no es, por su mera condición de sacerdote, un representante de esa institución. Pertenece a la Arquidiócesis de San José y para representar institucionalmente a la Conferencia tendría que existir “una designación o encomienda explícita en ese sentido”. La institución sí conoció y aprobó su participación en el traspaso “dada la trascendencia del acto”, aunque aclaró que eso no fue en su representación.
EF también intentó obtener la posición de Valverde sobre su relación con el chavismo, su cercanía con Fernández y las circunstancias de su participación en el traspaso de poderes; pero no se obtuvo una respuesta a los correos electrónicos y mensajes enviados a la Asociación Obras del Espíritu Santo al cierre de esta edición.
Los evangélicos en auge
El cambio en los interlocutores ocurre, además, en un país cuyo mapa religioso se ha venido transformando. Una encuesta elaborada por la UNA encontró en 2024 que el 50% de los consultados se identificaba como católico, frente a un 31% que se definía como evangélico y un 16% como creyente sin una religión específica.
Sin embargo, ese predominio católico viene en decadencia.
Entre las personas de 18 a 24 años, los evangélicos incluso superaban a los católicos (41% frente a 35%); mientras que en los mayores de 55 años, el catolicismo conservaba una mayoría considerable (62% frente a 22%).
Los datos ayudan a dimensionar un fenómeno descrito por Fuentes: la Iglesia Católica continúa siendo la confesión religiosa más numerosa del país, pero ya no opera en un escenario comparable al de generaciones anteriores. Eso también se lee en el contexto político.
Fuentes, sin embargo, también aclaró que los evangélicos no constituyen un solo bloque político. Según dice, hay que distinguir entre iglesias históricas, como las metodistas o las anglicanas, y otros liderazgos conservadores que sí han construido una interlocución política mucho más activa como las iglesias pentecostales y neopentecostales.
Con estos últimos grupos, el chavismo incluso habría llegado a la negociación electoral. Durante la campaña de Fernández, Foro Mi País divulgó compromisos que incluían espacios para candidatos cristianos evangélicos en las papeletas oficialistas —hasta 24 candidaturas a diputaciones— y la posibilidad de proponer nombres en puestos de instituciones públicas, embajadas y hasta órganos del Poder Judicial.
La relación, además, antecedía a la última campaña electoral. Foro Mi País es una organización que busca explícitamente incidir en decisiones políticas y durante la administración Chaves fue incorporada a discusiones gubernamentales sobre asuntos particularmente sensibles para sectores conservadores, como la regulación del aborto terapéutico y la educación sexual.
El resultado electoral de este 2026 también dio pistas sobre el giro chavista hacia el sector evangélico. La actual Asamblea no tiene diputados electos mediante los tradicionales partidos de esa confesión religiosa, pero sí pastores y dirigentes incorporados directamente en la bancada oficialista. Entre ellos están el expresidente legislativo y antiguo congresista del Partido Renovación Costarricense, Gonzalo Ramírez; y el actual vicepresidente legislativo, Gerardo Bogantes.
Los partidos confesionales evangélicos lograron una curul en 1998, 2002 y 2006; dos en 2010; cuatro en 2014; 14 en 2018 —el año de la primera candidatura de Fabricio Alvarado, en medio de la aprobación del matrimonio igualitario—; y seis en 2022. En esos resultados influyeron cuatro banderas políticas: las de Renovación Costarricense, Restauración Nacional, Alianza Demócrata Cristiana y Nueva República.
Para Fuentes, la desaparición de estos partidos en el Plenario y la aparente absorción de este tipo de políticos por parte del chavismo muestran cómo parte de la representación política evangélica dejó de necesitar una bancada propia y encontró espacio en el chavismo.
Las autoridades electorales intervinieron ante actuaciones partidarias de líderes religiosos y el Foro Mi País incluso estuvo involucrado durante la campaña en una polémica por instrucciones a pastores para promover electoralmente a Fernández. Sin embargo, la relación persiste y, en ese contexto, adquieren otra dimensión los reclamos del obispo Salazar sobre el supuesto “bozal” que históricamente se aplica para el clero católico.
Consultada al respecto, la Conferencia Episcopal evitó asumir esas palabras como una posición colegiada y señaló que corresponde al propio obispo explicar su significado.
La institución tampoco cuestionó que el gobierno dialogue con otros grupos religiosos. Cerdas indicó que la Iglesia Católica no concibe el diálogo dentro de ”una lógica de competencia por el acceso al poder político", ni considera que le corresponda determinar cuáles interlocutores debe escoger una administración.
Alfaro observa en la relación del chavismo con sectores evangélicos una continuidad entre la estrategia electoral y el ejercicio del poder. Los sectores evangélicos, sostiene, fueron “una de sus plataformas” durante la campaña y ahora esa cercanía adquiere un carácter “más programático”. “Hay claramente una mayor inclinación hacia esa visión de mundo en comparación con otras épocas”.
Entre dos lenguajes
El chavismo, entonces, ha llevado su relación con la religión a un ámbito mucho más amplio.
La presidenta reivindica explícitamente su identidad católica y ha salido a aclarar que es “su devoción personal y privada”, después de que su cercanía con dirigentes evangélicos suscitó dudas sobre su credo. También explicó que su relación con la oración trasciende las denominaciones religiosas y señaló que ora con el padre Sergio “como con cualquier otro pastor”, porque puede encomendarse a Dios sin sentir “ninguna diferencia”.
Fuentes considera que ahí aparece una diferencia importante respecto del expresidente Chaves, que podría cobrar importancia en los próximos años: Fernández tiene una particular capacidad para desenvolverse dentro de códigos religiosos distintos.
“Ella bien pasa del ritual católico al ritual evangélico, maneja códigos, maneja lenguajes”, explicó la socióloga, quien considera que esa capacidad es “claramente estratégica”.
La aparente paradoja, entonces, puede no serlo.
Fernández puede reivindicarse como católica, profesar devoción por la Virgen y participar en ceremonias institucionales de su Iglesia, mientras el movimiento político que encabeza mantiene relaciones con figuras católicas externas a la jerarquía y negocia con determinados sectores evangélicos.
Para Fuentes, por eso la discusión no debería plantearse simplemente en términos de si el chavismo es más o menos religioso que sus antecesores. Lo que observa es una utilización política de determinadas expresiones de la creencia y un cambio en los actores con quienes se canaliza, que implica una jerarquía católica menos sólida.
La Conferencia Episcopal ofrece otra lectura: reivindica su disposición al diálogo con las autoridades, rechaza competir por espacios de influencia y defiende su autonomía para expresar diferencias cuando lo considere necesario.
Ambas interpretaciones, sin embargo, permiten observar una misma transformación: el mapa religioso costarricense es hoy más diverso y la Iglesia Católica ya no es el único interlocutor religioso de peso disponible para el gobierno. Junto a ella aparecen pastores con capacidad de negociación y figuras católicas como Valverde, cercanas personalmente a la presidenta.
Ese cambio además ocurre en una sociedad profundamente creyente, pero con importantes reservas sobre la utilización política de la religión. La misma encuesta de la UNA sobre asuntos religiosos encontró que el 96% de los consultados cree en Dios, alguna deidad o una fuerza superior; pero el 81% también rechaza que los partidos políticos utilicen ideas religiosas para pedir votos.
