Nogui Acosta asumirá la jefatura de fracción del el Partido Pueblo Soberano (PPSO) a partir del próximo 1.° de mayo, y reconoce que el oficialismo tendrá un liderazgo compartido entre la presidenta Laura Fernández y el actual mandatario Rodrigo Chaves. Sin embargo, descarta que existan pugnas internas. “No veo una competencia entre una personalidad y la otra. Veo complementariedad”, aseguró en entrevista con EF, solo horas después de confirmarse su designación como principal vocero del gobierno en Cuesta de Moras.
Acosta da por descontada la cohesión interna dentro del partido y su bancada, y considera que el verdadero desafío del oficialismo será responder a las expectativas de la ciudadanía, que otorgó poder y pedirá resultados.
Si ese capital político no se traduce en soluciones concretas, advierte, el riesgo va más allá de un mero desprestigio legislativo y podría afectar la confianza en el sistema democrático como un todo.
El exministro de Hacienda reconoce que tener más de 30 diputaciones le permitirá al gobierno “controlar la discusión”, pero llama a negociar con el resto de fracciones para que el camino sea más llevadero. Asimismo, propone un cambio de tono: “si uno no quiere, dos no pelean”, señaló.
En conversación con EF, Acosta abordó temas como la reelección presidencial, los límites a magistrados, la eventual venta del BCR, el financiamiento constitucional para la educación, la deuda del Estado con la CCSS y las medidas para enfrentar la inseguridad, entre muchos otros. Así habla el próximo jefe del oficialismo a menos de dos meses de asumir sus nuevas funciones.

Usted no es del todo ‘nuevo’ en la Asamblea Legislativa. Fue asesor legislativo con el PUSC y también negoció la reforma fiscal de 2018, de forma muy activa. ¿Cómo asume este nuevo rol al frente de una fracción oficialista atípicamente grande?
— El voto de confianza que nos dio el país es un reto fundamental. La gente quiere una Asamblea de altura, la gente quiere volver a sentir que la Asamblea responde a sus necesidades y se quiere que resolvamos. Por eso, tenemos que acercarnos, discutir, negociar y resolver.
Ese es un reto para todas las fracciones que están representadas en la Asamblea Legislativa. Tenemos tres bloques grandes y dos unipersonales, y eso implica un balance de fuerzas donde será necesario que conversemos sobre temas fundamentales.
Usted criticó mucho a la Asamblea Legislativa en los últimos cuatro años y decía no ver un ambiente propicio para discutir temas profundos. ¿Cómo va a ser diferente ahora?
— Por un lado, está la posibilidad de que el gobierno pueda tener el control de la discusión y, por otro, hay una voluntad de diálogo que ya ha sido expresada por las otras fracciones.
Esta elección se ganó en primera ronda y no dejó las heridas de elecciones pasadas, y eso es un tema fundamental. Tenemos una gran oportunidad con el país.
Yo creo que los diferentes jefes de fracción tendremos que hablar sobre cuál será el escenario en el que nos vamos a sentir cómodos. Resolver aquellos temas en los cuales estamos de acuerdo primero.
¿Cuáles proyectos considera usted que, sí o sí, tienen que ser aprobados ahora que el oficialismo tendrá más de 30 congresistas?
— La Asamblea tiene una particularidad: está hecha para buscar consensos, y yo creo que no solamente estarán las propuestas que haga el gobierno, sino también las otras que lleguen de otros sectores.
Para nosotros un tema importante es la armonización eléctrica (apertura del mercado eléctrico), y creo que hay espacio para conversar con las diferentes fracciones. También está el tema de alianzas público-privadas, y en eso estamos de acuerdo. Hay que avanzar en esos temas, sin dejar de ocuparnos de los demás. Pero de estos podemos salir rápido.
Aún así, todo requiere discusión. Nuestro sistema y nuestro reglamento actual hacen que eso se necesite independientemente de que se tengan los diputados para aprobar un proyecto. Los diputados pueden hacer uso de la palabra, presentar mociones y demás. Eso nos obliga a negociar, a conversar y a buscar los mecanismos para resolver.
Cada proyecto tendremos que analizarlo desde dos puntos de vista. Uno es la viabilidad política que tengan y otro es la evaluación que hagan las nuevas fracciones.
31 diputados son suficientes para muchas tareas, pero para no todas. Hay temas que requiere mayoría calificada de 38 congresistas. ¿Cuáles ve prioritarias para salir a negociar?
— Las reformas políticas son importantes. Tenemos que analizar el tema del Poder Judicial. Tenemos que limitar el número de reelecciones que pueden tener los magistrados, eso me parece que es algo sano.
También tenemos que evaluar temas relacionados con la Contraloría General de la República, en relación con cuáles son los límites de su trabajo. No se trata de limitar la capacidad de fiscalización, sino de evaluar en qué momento y cómo se tiene que estructurar.
Otro tema es la reelección. Como democracia, tenemos que plantearnos lo que hay en otros países, en donde hay una única reelección consecutiva (para presidentes).
Tenemos que abordar estas discusiones de manera consistente.
Usted fue muy criticado en campaña por defender el levantamiento de garantías individuales como medida de seguridad. ¿Ve viable ese planteamiento a pesar de una oposición tan dura de otras fuerzas políticas?
— La Constitución Política establece las garantías individuales y también establece un procedimiento para suspenderlas. Es un mecanismo que está ahí, nosotros no lo inventamos.
Estamos enfrentados con la delincuencia organizada internacional, y ese no es un tema exclusivo de Costa Rica. Hoy vemos que otros países han tenido que tomar medidas excepcionales para poderlo abordar como Ecuador o, más cerca, El Salvador. Yo creo que la institucionalidad costarricense preveía todas este tipo de cosas y que se trata de un mecanismo que podría ayudarnos a atacar la delincuencia.
A una jueza le pidieron que firmara el allanamiento de una empresa en donde se tenía sospechas de que había droga. Otro juez firmó el permiso hasta 72 horas después, y resulta que encontraron una cantidad importante de droga, pero no agarraron a nadie. La pregunta es qué estamos haciendo hoy y cuáles herramientas vamos a tener que usar para abordar eso.
Yo pienso que hay que buscar soluciones excepcionales para situaciones excepcionales.
En muchas entrevistas, usted decía que Costa Rica tiene que repensar su contrato social. ¿Qué piensa que se puede promover ahora en esa dirección?
— Hay tres temas importantes.
Nosotros tenemos un cambio demográfico vertiginoso y, en un lapso de 20 años, vamos a pasar de ser el 10% de adultos mayores a un 20%. Eso quiere decir que la sociedad envejece rápidamente y es pobre, a diferencia de otros países como Japón, que envejecieron siendo ricos. Nosotros seguimos discutiendo el 8% del PIB para la educación, pero cada vez hay menos niños y se cierran escuelas. Eso significa que solo pedimos dinero para no despedir maestros, y yo creo que vamos a tener que pensar seriamente en esas disposiciones constitucionales.
Tampoco tenemos un mecanismo sólido para poder afrontar el envejecimiento y me parece que esa discusión no la hemos tenido. El régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) sufre ese impacto demográfico y tiene que responderle a los costarricenses. Al final del día necesitamos tener claridad sobre cuál va a ser el mecanismo que vamos a utilizar para asegurarle una pensión a las personas en edad de retiro.
Otro asunto es que debemos revisar la forma en la que estructuramos el sistema de pensiones y la salud, porque hoy nos juega en contra de la formalidad. En el tema de salud, además, tenemos que mejorar la gestión de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y que haya una visión de largo plazo. La Constitución establece que si la Caja entra en dificultades financieras, a todos los costarricenses nos toca sostenerla, y ahí vamos a tener que plantearnos escenarios.
Hay una gran crítica por la deuda del Estado con la CCSS.
— La gran crítica no debería ser al Estado. No hay nada más bonito que ser joven y que los papás le den la plata a uno; pero nunca nadie se pone a ver cuál es la situación financiera del papá.
Eso mismo deberían evaluar los diputados. Hay proyectos que pueden tener fines muy nobles, pero hay que definir de dónde vienen los recursos. Desde el punto de vista de ese contrato social, vamos a tener que sentarnos, aclarar cuentas y poner las cartas sobre la mesa.
Usted ha defendido la idea de vender el BCR y ahora podrá hacerlo de nuevo en el Congreso. ¿Por qué vale la pena vender ese banco?, ¿qué se gana con eso?
— Es un tema de competencia, de eficiencia en el uso de los recursos públicos y de los objetivos que se persiguen.
Una parte extremadamente grande del sistema financiero está compuesta por los bancos públicos. Eso le resta competencia. Además, debemos analizar cuál es el papel de la banca estatal dentro del sistema bancario. Si uno tiene dos vehículos en el garaje y no usa uno, tiene detenido dinero que podría estar utilizando de manera más eficiente.
Cuando yo estaba en el Ministerio de Hacienda, planteaba utilizar la venta para reducir la deuda. Ahora doña Laura plantea usarlo como un aporte excepcional al IVM. Me parece que ahí hay un análisis sobre la conveniencia del uso de los recursos públicos.
¿Por qué no se han planteado otras ideas, como fusionarlo con el Banco Nacional?
— Porque reduciría la competencia. ¿Cuál sería el nivel de competencia con un megabanco en el sistema?
Hace poco leía un reporte de Moody’s en el que observaba poco probable la existencia de grandes compradores para un banco con las características del BCR. ¿Usted ve seguro que los haya?
— Eso siempre es un riesgo, pero ese riesgo siempre va a existir. En los últimos años la mayor parte de los bancos que han desaparecido son públicos y yo creo que ese es un llamado de atención. A mí me parece que la cartera del BCR es muy valiosa, muy corporativa, y que habría entidades interesadas.
Ahora bien, solamente lo vamos a saber si lo sacamos a la venta.
Usted lleva años en Hacienda. ¿Ve necesarias reformas tributarias?
— Hay varias cosas que tenemos que hacer. Hay que facilitar la gestión de la deuda pública y también hay temas importantes de competencia en el sistema bancario. También hay temas importantes para facilitar el pago de los impuestos y para darle herramientas a Tributación, de modo que pueda hacer el cobro efectivo.
Otra vía es atacar el contrabando. Nuestra ley es muy laxa en el tema de las sanciones y hay que hacerle correcciones.
La discusión de impuestos vamos a tener que darla en un contexto diferente. Primero tendremos que analizar cuáles son tareas relevantes del Estado y cuáles no, y a partir de ahí plantear decisiones sobre el sistema tributario.
Puntualmente, le pregunto, ¿se impulsará de nuevo un proyecto de renta global (cobrar por todas las rentas personales en un solo mecanismo)?
— Renta global es un cambio en la estructura tributaria del país y no debería ser ‘más impuestos’. A mí me parece que se satanizó el tema, pero creo que se irá discutiendo en el futuro. Eso sí, no lo veo en el corto plazo.
Las fracciones grandes de partidos nuevos muchas veces se dividen. En el pasado le pasó al PAC y le pasó a Restauración Nacional, por poner algunos ejemplos. ¿Por qué no le pasará al PPSO?
— Tenemos una gran diferencia con esos casos. Esos eran partidos estructurados para llegar al poder, que no tenían coherencia. Nosotros somos un movimiento con una visión de trabajo y con un objetivo de mejorar las condiciones del país. Tenemos algo que nos une, que es el objetivo de darle continuidad a un gobierno bueno, y yo creo que eso nos va a permitir mantener la cohesión durante los cuatro años.
¿Qué me puede decir de su fracción?, ¿conoce a todos sus compañeros de bancada?
— Conozco a la mayoría. Tuvimos una campaña muy fuerte, fuimos a muchos lugares, hicimos muchas cosas en conjunto y creo que todos tenemos claro hacia dónde queremos ir.
Hay muchos profesionales exitosos en sus campos y también hay gente que ha tenido la experiencia de trabajar a nivel comunal. Es una fracción que une muchas de las necesidades y de las voces de los costarricenses, y yo creo que tenemos la gran ventaja de poder conversar, discutir y formar opinión con un amplio número de personas y de visiones.
Usted fue compañero de gabinete de Laura Fernández por tres años. ¿Cómo la describe y cómo piensa que será su gobierno?
— Yo la conocí en la Asamblea Legislativa. Ella era asesora, hizo un muy buen trabajo.
Es una persona que ha estado ligada a la política, no solamente desde el punto de vista de la planificación, y eso le da un hándicap en relación con el puesto que ocupa.
Como profesional, fuimos compañeros en el Consejo de Gobierno. Me parece que tiene virtudes importantes: una capacidad de trabajo muy grande, muy estructurada en la forma de analizar las situaciones y, sobre todo, tiene claridad sobre el ser costarricense y la necesidad de crear espacios para avanzar.
Yo creo que doña Laura tiene la virtud de que llega con un respaldo político importante y esa representatividad es importante de aprovechar. Es una persona que le va a hablar a los costarricenses, a la Asamblea y a todos los interlocutores con esa honestidad y de forma directa.
¿Qué papel va a jugar el presidente Rodrigo Chaves para la fracción?
— Rodrigo Chaves es el impulsor de un movimiento político que ha cambiado radicalmente la visión que los costarricenses tienen del gobierno, que ha exigido transparencia y sobre todo resultados de cara a las personas.
Ha sido un presidente con un liderazgo importante, no solamente a nivel local sino también internacional, y creo que va a tener ese liderazgo siempre, independientemente del puesto que ocupe o no dentro del gobierno.
No solamente es una figura mediática para los efectos del país, sino también una persona que va a poner a disposición de todos su consejo, su visión y su conocimiento.

¿Cuál liderazgo será principal?, ¿el de Laura Fernández o el de Rodrigo Chaves?
— No me parece que haya una competencia entre uno y otro.
Desde el punto de vista de la elección, es claro que doña Laura Fernández es la presidenta de Costa Rica. Por otra parte, me parece que don Rodrigo sigue teniendo un liderazgo importante, esté o no esté en el gobierno.
No creo que haya una competencia como se ha planteado. Doña Laura trabajó con don Rodrigo, y yo también trabajé con él, y la razón por la que seguimos en esto es porque creemos en los postulados de los últimos tres años y medio. No veo una competencia entre una personalidad y otra, veo una complementariedad.
Uno de cada tres costarricenses del padrón electoral le dio el voto a Laura Fernández y al chavismo. ¿Cómo visualiza ese nivel de expectativa?
— El pueblo votó y quiso soluciones. La propuesta de Pueblo Soberano es encontrar soluciones a los problemas del país y vamos a utilizar las herramientas que nos dieron, una fracción importante, para hacer eso en un espacio de conversación con las diferentes fracciones.
Doña Laura y ahora usted hablan mucho sobre conversar y de negociar. ¿Se puede esperar un cambio de tono en comparación con la confrontación de los últimos cuatro años?
— Yo espero eso de la oposición. Si uno no quiere, dos no pelean. No solamente se le puede achacar al gobierno esta falta de conversación de los últimos años, sino también a la oposición.
Rodrigo Chaves ganó en segunda ronda, en una en una campaña muy ruda, y a mí me parece que eso generó heridas que no se pudieron sanar. Yo creo que el manejo de la Asamblea Legislativa tampoco fue adecuado, se permitió una serie de ataques personales, gritos, insultos, descalificación... y a mí me parece que eso no puede seguir.

Esta entrevista quizás la lean los jefes de fracción de otros partidos y otros diputados. ¿Qué les diría desde ya?
— Que la campaña ya terminó y que nos toca un reto fundamental de dignificar las Asamblea Legislativa.
En nosotros está la posibilidad de cambiar la forma en que hoy se ve a los diputados, pero sobre todo resolverle el país. Tenemos que hacer esto desde un punto de vista pragmático. Esto no es un blanco o negro, es la construcción de una Costa Rica posible.
Me parece que esta elección es un pedido de soluciones.
Lo que sigue después de esto, si no logramos encontrar esas soluciones, es lo que no queremos. Es la posibilidad de que nuestro sistema político —que hoy nos permite ir a votar cada cuatro años y poner a las personas que pensamos adecuadas— derive en otra cosa totalmente distinta.
Para terminar, cuénteme cómo tomó la decisión de ser diputado. ¿Fue un deseo suyo o se lo pidieron?
— Yo fui decenas de veces a la Asamblea Legislativa a explicar los cambios que se requerían (como ministro o viceministro), y me di cuenta de que podía seguir haciendo mi trabajo en el Ministerio de Hacienda otros cuatro años, pero que el tema no era ese. Estando ahí, uno se da cuenta de que las reformas importantes se tienen que hacer en la Asamblea Legislativa y se tienen que hacer con conocimiento.
De su respuesta, interpreto que no será ministro y diputado al mismo tiempo.
— Bueno, no lo sé. Me parece que cada uno debe plantearse esto con una responsabilidad muy grande. Cada diputado es un voto que puede definir un sí o un no para una reforma relevante.
