La desinformación es un fenómeno que está inserto en el panorama político global. El uso de contenido manipulado, engañoso o malintencionado por parte de candidatos políticos para persuadir votantes durante la campaña electoral o para justificar sus actos es cada vez más común. Se le considera como una herramienta que puede relacionarse con el populismo por su intención polarizante y que busca deslegitimar a quienes considera como “enemigos”. El Financiero conversó con Ingrid Bachmann, doctora en Periodismo, sobre este tema.
Bachmann, académica de la Pontificia Universidad Católica de Chile, estuvo en la Universidad de Costa Rica (UCR), donde tuvo una conferencia sobre desinformación y gobernabilidad y fue invitada por el Programa Posgrado de Comunicación de la UCR.
Ella señaló que el 2016 fue el año en el que este concepto tomó mayor revuelo, con el escándalo de Cambridge Analytica usando datos de 87 millones de usuarios de Facebook con los que crearon mensajes personalizados con noticias falsas o exageradas durante la campaña del brexit en Reino Unido y las elecciones de Estados Unidos, donde Donald Trump resultó vencedor.

La desinformación es una estrategia que se está usando en campañas políticas y existen mandatarios, ya en el poder, que la utilizan para tratar de justificar sus acciones. ¿Existe alguna relación entre desinformación y populismo?
Son dos fenómenos distintos, pero sí tienen muchos vasos comunicantes. El populismo muchas veces usa un discurso que tiene muchas similitudes con algunos recursos de desinformación.
Uno es el uso de un discurso deslegitimizante. Es un tipo de desinformación que es muy frecuente. Básicamente, si tienen un discurso que contraviene el del líder o movimiento populista, buscan poner en duda a la autoridad para desestimarlo y señalan que los “otros” no dicen la verdad, sino que difunden fake news y culpan a los medios también. Es común en los populismos actuales, pero históricamente ha sido una estrategia muy frecuente.
Otro vaso comunicante tiene que ver con un tipo de relato relacionado con el populismo, que son las narrativas altamente emocionales, muy dramáticas, muy centradas en la búsqueda de conflicto. En ella señalas que los “otros” son el enemigo y los demonizas convirtiendo el discurso en un ellos versus nosotros.
El discurso se simplifica mucho para que sea fácil de capturar y sobre todo de generar ciertas emociones. La desinformación que mejor funciona es la que engloba una de tres emociones: rabia, miedo o ansiedad. Esto pasa porque te saltas todos los elementos lógicos y racionales, más allá de si algo es coherente con la evidencia, el mensaje exacerba esa emoción, concentra ese nervio y no te pones a pensar.
Otro elemento que tiene mucho el populismo y que se relaciona con los otros dos que ya mencionaba, es esta idea de un discurso que suele ser antagonizante. El discurso busca armar trincheras, de poner a unos contra otros. Ese antagonismo muchas veces es contra supuestas élites. De ahí viene la idea de defender los intereses del “pueblo” y cuando alguien no se alinea con lo dicho por el líder populista, como alguna institución u organismo, los atacan diciendo que “no trabajan para el pueblo y yo sí”.
Dicho eso, puedes tener populismo sin desinformación y puedes tener desinformación que no sea populista. No son lo mismo, pero sí se pueden relacionar. En los tiempos actuales, el contexto político y mediático de cómo las audiencias se relacionan con los contenidos crea un entorno muy favorable para las dos cosas: para el discurso populista y para el discurso que desinforma.
Estas características las hemos visto en los discursos de presidentes latinoamericanos como Javier Milei en Argentina que utiliza simbolismos para criticar lo que él ha denominado “la casta política” que en su discurso lo describe como el enemigo de “el pueblo”. En Costa Rica pasa algo similar con Rodrigo Chaves, en lugar de decir “casta política” él los denomina como “ticos con corona” para atacar a sus opositores. Bajo esta lógica polarizante. ¿Puede la desinformación ser un medio catalizador para que se pierda la credibilidad en la democracia como sistema político?
Sí. Yo diría que la principal consecuencia de la desinformación no es que creas una mentira específica, por ejemplo, lo que se llamó “la gran mentira” en Estados Unidos, donde Donald Trump dijo que él había ganado las elecciones de 2020 y que Joe Biden se las ingenió para que en el fondo, vía fraudulenta según Trump, asegurarse que nombraran a Biden presidente. Es algo que los datos no muestran ni por asomo, pero hay un segmento de personas en EE. UU. que lo cree así.
El problema de la desinformación es que cuando crees una mentira específica, esa te hace dudar de todo y al dudar de todo el sistema, empiezas a dudar de las fuentes verdaderas, de las autoridades, de los partidos políticos, de los medios, del instituto de estadísticas y se empieza a cuestionar la democracia.
La lógica de una democracia, por lo menos en teoría, es que funciona porque los ciudadanos informados en conjunto toman decisiones mejor que cada uno por sí mismo, pero si no estás informado, si a veces estás desinformado, mal informado o engañado, la verdad es que esas decisiones no van a ser las mejores.
Es como con el caso de (Nayib) Bukele. ¿Qué es lo que pasa en ese escenario? Yo entiendo que las personas quieren seguridad, pero me parece que es cuestionable que una sociedad diga que la alternativa es encerrarlos a todos y olvidarse de cosas fundamentales como derechos humanos, el debido proceso y otros pilares que uno creería que son estándares de una sociedad civilizada.
Ese discurso antagonizante es lo que hace que empieces a valorar más unas cosas por sobre otras. La desinformación y el populismo hace que yo renuncie a esto para tener esto otro.
La difusión de contenido falso, manipulado, engañoso y que ahora lo definimos bajo el concepto de desinformación siempre ha existido, desde las civilizaciones antiguas, pero ahora se difunde sin parar y con una velocidad impresionante. ¿Qué es lo que hace que las redes sociales sean un medio por el que la desinformación se comparte tan fácil y de una manera tan efectiva?
Desde que el ser humano puede mentir existe la desinformación, pero nunca habíamos tenido una tecnología tan eficiente para llegar a tanta gente tan rápido con el mismo mensaje.
Uno tiene que ver con la omnipresencia de las redes. Las redes están en todas partes, hay algunas más populares que otras, pero es yo no conozco a nadie que no tenga alguna red social y estas tienen un nivel de alcance en términos de volumen de gente que es enorme, algo que no tenían otras mentiras de antaño.
Además, con una tecnología que gracias al Big Data, lo que reveló el escándalo de Cambridge Analytica hace algunos años, con un nivel de conocimiento específico de cada usuario, a todo lo que le has dado like, todo lo que has declarado que son tus intereses, saben perfectamente cuál es tu equipo de fútbol favorito, qué series has estado viendo en Netflix, cuáles son los valores más importantes para ti, cuál es tu música favorita y a partir de ahí pueden hacerte un mensaje muy específico para tratar de persuadirte a ti respecto de algo.
Lo que tiene la desinformación es que es muy barata de producir. No cuesta nada hacer un mensaje. Sin invertir un centavo, puedo crear una noticia que diga que un político hizo algo, lo posteo con rabia en alguna red con un título tipo clickbait “no puedo creer lo que dijo el candidato…” hago un supuesto pantallazo y lo subo con una foto. Me tomó 30 segundos hacerlo, no necesito herramientas, no necesito habilidades, puedes hacer con recursos muy baratos, aunque también se pueden hacer posteos más costosos y producidos.
Ahora, ¿cuál es el problema de la desinformación y por qué se viraliza tanto? Es porque la propia estructura de las redes sociales favorece el contenido que se vuelve viral rápidamente. Esto es, al que las personas reaccionan, el que la gente repostea, le da like o comenta. Como la desinformación, típicamente, genera rabia, miedo o ansiedad, esas emociones que genera el producto hacen que el contenido se viralice y amplifique.
Eso también significa que el usuario final se termina cansando de estar verificando y verificando. Es agotador. O sea, a partir de la duda, en el fondo las audiencias en general, reportan que tienen dificultades para distinguir lo que es verdad de lo que es mentira.
Hay que entender que hay gente que tiene herramientas distintas, experiencias distintas y hablamos de alfabetización, pero la alfabetización es multicapa, es medial, informativa, digital y a estas alturas algorítmica también. Ahí se enseña cómo funcionan los algoritmos y por qué les aparece cierto contenido.
Nos gustaría creer que la desinformación se va a solucionar como un botón on-off, pero no, es algo muy complejo con múltiples dimensiones.

En este proceso de alfabetización, ¿las personas que no están altamente familiarizadas con la dinámica mediática y algorítmica están más propensas a creer y defender estos discursos populistas y desinformativos?
Sí, por varias razones. Una es que el discurso populista suele demonizar a los medios, sobre todo a los que no los cubren favorablemente y les dicen que “no están diciendo la verdad, los engañan, trabajan para la élite y no para usted”. Parte del problema es que si no tienes las herramientas de alfabetización medial, es muy probable que te creas el discurso antimedios.
Hay gente que me ha dicho “es que todos los periódicos en este país están coludidos”. ¿A qué se refiere? “Es que ponen todos la misma noticia en portada”, eso se explica porque es la noticia más importante del día a partir de los criterios de noticiabilidad como conflicto, prominencia, etc, eso se tendría que explicar.
Si no se tienen las herramientas para contrastar información, para saber cuáles son las fuentes autorizadas, dónde encontrar la evidencia concreta de ciertas cosas, lo más probable es que te termines creyendo un discurso que te empieza a reforzar ciertas ideas.
Cuando hay desconfianza en los medios tradicionales, lo que se ha visto es que la gente se va a medios alternativos. Medios alternativos, que no todos, pero donde no necesariamente siguen estándares profesionales como verificar la información, contrastarla con otros temas y las nociones de precisión, objetividad y neutralidad se pierden.
Muchos de estos medios alternativos suelen ser muy partidarios o ideológicos, privilegian la opinión o las ideas y no le dicen al público de forma explícita que lo que se está publicando es una opinión.
Cuando crecen esas plataformas, la gente llega a ellas para que pase lo que llamamos como sesgos de confirmación, porque viene a reforzar lo que ya creías y te viene a polarizar más.
En esta dinámica de polarización y de publicación de contenidos desinformativos, ¿quiénes son los ganadores y perdedores?
Ahí depende de cómo mires la desinformación. En el negocio de la desinformación los ganadores es la gente que recibe dinero para esto e indirectamente el contratante de la desinformación, porque lo hace para que genere clicks, lo que se llama contenido inauténtico.
Esto es cuando tienes troles, bots o esas cuentas que pretenden ser una persona, pero en realidad no lo son y tienes a cinco personas que postean el mismo mensaje o similar con una desinformación o atacando a alguien y claramente eso está organizado. Lo que buscan es instalar un tema, sembrar duda, polarizar.
En términos de quiénes son las víctimas: la primera es la verdad. Aunque en realidad la verdadera víctima yo diría que es la cohesión social.
Esto siembra división, fragmenta, genera apatía y en el fondo, ¿cómo vas a lidiar en una sociedad en la que desconfías del otro y lo ves como el enemigo? Si además el contenido calza con cosas que ya creías o sospechabas y sesgos de confirmación, es mucho más probable que te refuerce cierta idea y te termine polarizando y socavando la confianza en todo tipo de instituciones incluidos los partidos políticos y los funcionarios.
Sobre todo, para ciertos tipos de populismo, esto termina sembrando desafección, entonces la gente no participa en procesos políticos, no vota, le da lo mismo. Se crea una suerte de desafección en el fondo.