Por: Rafael González.   30 noviembre

La economía está desacelerada. La actividad empresarial crece poco, en buena medida por falta de confianza de todas las personas, y también por falta de estímulos para asumir los riesgos propios a cualquier negocio.

Bien decía la exministra de Hacienda Rocío Aguilar, que no existe un botón para encender la reactivación. No se trata de lograr exenciones o tarifas diferenciadas. Ya vemos que esas producen más problemas que soluciones.

En materia de impuestos sobre la renta, más bien debemos entender que el fisco promoverá que las empresas produzcan más, para que tributen más. Los gastos deben ser útiles, necesarios y pertinentes para generar renta. Pero cuando al empresario le rechazan la deducción de gastos como la celebración de la fiesta de Navidad para sus coñaboradores; o el pago de una sanción o indemnización contractual, o una retención de impuestos soportados por un pago recibido del exterior, no cabe duda que el mensaje que recibe el empresario se aleja mucho de un deseo de propiciar la inversión y el trabajo.

Sin alcahueterías, basado en el principio de buena fe, la administración tributaria debería entender que los negocios halan a los impuestos (como los bueyes a la carreta); y no al revés. Y que la confianza de los contribuyentes para trabajar, consumir e invertir depende mucho de sentir que se está contribuyendo adecuadamente al sostenimiento de las cargas públicas; pero no que tenemos un socio que nos exige utilidades (precios de Transferencia, presunciones de inerosidad), más nos cuestiona las mejores prácticas de administración y las realidades de los mercados en que luchamos a diario.

La Administración Tributaria, debería además de realizar su importante labor de recaudación, atender y analizar las inquietudes y diferentes situaciones que los contribuyentes enfrentan, con el fin de lograr la armonía que todos buscamos.

Sin alcahueterías, basado en el principio de buena fe, la administración tributaria debería entender que los negocios halan a los impuestos (como los bueyes a la carreta); y no al revés.