Rebeca Grynspan llegó a la Asamblea General decidida a presentarse como una reformadora pragmática: una latinoamericana multilateralista que ofrece orden en un sistema en crisis, más que un discurso identitario o de confrontación.
Su comparecencia de este 22 de abril encajó milimétricamente en la narrativa que Costa Rica ha construido para su candidatura: una secretaria general que quiere “preparar a la ONU para el futuro” sin dinamitar sus equilibrios políticos.
El contexto: una sucesión inédita
La audiencia de este 22 de abril forma parte de los “diálogos interactivos” que la Asamblea General celebra esta semana con los cuatro aspirantes que, de momento, compiten por suceder a António Guterres el 1 de enero de 2027. Son Michelle Bachelet (Chile), Rafael Grossi (Argentina), Rebeca Grynspan (Costa Rica) y Macky Sall (Senegal), tres latinoamericanos y un africano, en un proceso que combina presión por mayor transparencia con los viejos reflejos de realpolitik en el Consejo de Seguridad.
La presidenta de la Asamblea, Annalena Baerbock, enmarcó estas audiencias como un “momento decisivo” para una ONU bajo ataque político y financiero, recordando que el próximo secretario general deberá lidiar con impagos de Estados miembros, guerras abiertas y un cuestionamiento directo del derecho internacional. Subrayó además la carga simbólica de la elección: el resultado enviará un mensaje sobre si Naciones Unidas representa realmente a los 8.000 millones de personas que dice servir, “la mitad de las cuales son mujeres y niñas”.
“La paz está amenazada porque la confianza en la organización está disminuyendo y porque el tiempo se agota para recuperarla”, declaró durante una audiencia de tres horas ante los Estados miembros.
“Si soy elegida secretaria general, seré una pacificadora. Actuaré antes de que estallen los conflictos; seré la primera en levantar el teléfono. Iré donde se libran las guerras. Hablaré con todas las partes”, prometió.
Como mediadora, “propondré diez ideas” para resolver cada conflicto, “e incluso si fracasan, aceptaré el precio del rechazo y seguiré intentándolo”, añadió.
“Nos hemos convertido en una organización conservadora en materia de riesgos”, lamentó también.
Quién es Grynspan y qué ofrece
Grynspan no llega a Nueva York como una desconocida en el ecosistema multilateral: es economista costarricense, exvicepresidenta de Costa Rica (1994–1998), exsecretaria general iberoamericana y actual secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), cargo que asumió en 2021 y del que se ha separado temporalmente para competir por la Secretaría General. Ha sido, en varios de esos organismos, la primera mujer en ocupar el puesto, y ha construido reputación como negociadora en temas de comercio, desarrollo, seguridad alimentaria y respuesta a crisis, incluida la derivada de la guerra en Ucrania.
El gobierno de Rodrigo Chaves formalizó su candidatura el 3 de marzo, presentándola como una figura con “trayectoria, liderazgo y compromiso con el multilateralismo” en un momento que exige experiencia, criterio independiente y visión estratégica. La Cancillería y la Casa Amarilla destacan tres ejes en su propuesta: reforzar el papel de la ONU en paz y seguridad, profundizar la reforma interna para hacerla más eficaz —especialmente en desarrollo sostenible— y preparar a la organización para los retos del futuro.

Las ideas fuerza de su defensa
El arco de ideas que Grynspan llevó a la Asamblea encaja con la plataforma que ella misma y el gobierno costarricense han venido delineando desde octubre pasado. Cinco vectores concentran su defensa:
- Una ONU reformista pero no rupturista. Grynspan se define como una “multilateralista de talante reformista”, dispuesta a impulsar cambios institucionales para que la ONU deje de operar con “dinámicas obsoletas”, pero sin prometer revoluciones imposibles frente al poder de veto de las grandes potencias. Su discurso pivota sobre la idea de una renovación que preserve el núcleo de la Carta pero reorganice prioridades y métodos para recuperar eficacia y credibilidad.
- Tres pilares como hoja de ruta. Su programa retoma explícitamente los tres pilares de Naciones Unidas —paz y seguridad, desarrollo, y derechos humanos— y los reordena en clave de ejecución: sentar a la ONU “en las mesas de negociación más importantes del mundo”, consolidar su rol en prevención de conflictos y conectar la agenda de desarrollo con una reforma interna que reduzca la fragmentación. La promesa es menos grandilocuente que operativa: una secretaría general con capacidad de gestión, de coordinación interagencial y de mediación política.
- Desarrollo y finanzas como ventaja comparativa. A diferencia de otros candidatos con perfil más político o de seguridad, Grynspan capitaliza su experiencia al frente de la UNCTAD y del Grupo de Respuesta a la Crisis de Alimentación, Energía y Finanzas impulsado por Guterres. Eso le permite plantearse como una mediadora entre Norte y Sur en debates sobre deuda, comercio, transición energética y financiamiento del desarrollo, temas que hoy definen la legitimidad del sistema multilateral tanto como las guerras.
- Género, región y representatividad sin victimismo identitario. La candidatura costarricense se apoya en dos déficits históricos del sistema: nunca ha habido una mujer secretaria general y América Latina no ocupa el puesto desde Javier Pérez de Cuéllar, cuyo mandato terminó en 1991. Pero Grynspan ha insistido en que quiere ser evaluada por su carrera profesional y no por su fe judía, y ha presentado su identidad —de mujer, latinoamericana, judía— como fuente de empatía y no de sesgo, en línea con las posiciones oficiales de la ONU sobre Gaza y la solución de dos Estados.
- Legitimidad de origen: un consenso político inusual en Costa Rica. La Cancillería subraya que su postulación cuenta con respaldo de todas las instituciones del Estado y de las principales fuerzas políticas, algo poco frecuente en la polarizada escena costarricense reciente. Esa “unidad nacional” se ha convertido en un argumento adicional frente a los Estados miembros: la idea de que la candidatura no es un proyecto personalista ni de un gobierno de turno, sino una apuesta de Estado.
Lo que está en juego para Costa Rica y la región
La presencia de tres latinoamericanos en la terna —Bachelet, Grossi y Grynspan— revela el momento de ambición de la región, pero también un riesgo evidente de división del voto regional en un proceso donde, al final, el filtro decisivo sigue siendo el Consejo de Seguridad. Costa Rica apuesta a que el perfil tecnopolítico de Grynspan, su red en organismos económicos y su trayectoria como puente entre Europa y América Latina puedan pesar en capitales que desconfían tanto de liderazgos excesivamente ideologizados como de figuras sin experiencia multilateral.
Para San José, la candidatura ya funciona como una operación de política exterior de alto retorno simbólico, aun si no culmina con la elección. Coloca al país en el centro de la conversación sobre reforma de la ONU, refuerza su narrativa histórica como actor de paz y multilateralismo, y ofrece una plataforma de visibilidad que contrasta con su reducido peso económico y militar.
Escenarios tras la comparecencia
La sesión de este 22 de abril cierra el ciclo de audiencias públicas, pero abre la fase decisiva de negociaciones opacas entre capitales y dentro del Consejo de Seguridad, donde las cinco potencias con veto conservarán la capacidad de bloquear candidaturas. En ese terreno, la moderación de Grynspan —su promesa de reforma sin estridencias, su énfasis en gestión y su perfil de “multilateralista profesional”— puede ser tanto un activo como una limitación frente a una opinión pública que reclama cambios más drásticos en el sistema.
Si algo dejó claro su comparecencia es que Grynspan busca ser leída menos como una outsider que irrumpe para “arreglar” la ONU y más como la gestora de una transición ordenada en un momento de alta entropía geopolítica. El resto del proceso dirá si ese mensaje de reforma pragmática puede imponerse a las lógicas tradicionales de poder que, hasta ahora, han definido quién ocupa “uno de los trabajos más difíciles del mundo”.

