La actividad de la construcción se posicionó como uno de los pilares fundamentales del dinamismo económico en marzo de 2026, alcanzando una tasa de crecimiento interanual del 11,4%.
Este vigoroso desempeño permitió que el sector aportara un 18,0% a la variación total del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), consolidándose junto a la manufactura y los servicios profesionales como los principales motores de la producción nacional al explicar, en conjunto, el 51,5% del incremento total de la actividad económica.
El impulso del sector provino tanto del ámbito privado como del público, aunque bajo dinámicas de mercado muy distintas.
En el sector privado, la producción creció un 12,4%, sustentada primordialmente por el desarrollo de proyectos residenciales, con un énfasis marcado en la verticalidad mediante edificios de apartamentos y viviendas orientadas a segmentos de ingresos medios y altos. A este dinamismo se sumaron obras complementarias como la construcción de tapias y piscinas.
Sin embargo, este auge no fue generalizado en todo el sector inmobiliario, ya que las soluciones de vivienda de interés social, así como la edificación de naves industriales y plazas comerciales, enfrentaron retrocesos en sus niveles de ejecución.
Por su parte, la construcción de infraestructura pública registró un incremento del 9,8% en marzo de 2026. Este resultado responde a una aceleración en la ejecución de obras estratégicas, destacando los proyectos bajo el Programa de Emergencia para la Reconstrucción Integral y Resiliente de Infraestructura (PROERI) y el desarrollo de infraestructura vinculada a la energía eléctrica.
Asimismo, la inversión en la red vial —carreteras, puentes y caminos— gestionada por el Consejo Nacional de Vialidad (Conavi), junto con el avance en proyectos de acueductos y alcantarillados, fueron determinantes para compensar la menor ejecución de obras observada en el régimen municipal durante este periodo.
