Por: Manuel Avendaño A..   13 febrero
Recorrido por la ciclovía desde San Pedro de Montes de Oca hasta San José. (Foto: Alonso Tenorio / Archivo GN).
Recorrido por la ciclovía desde San Pedro de Montes de Oca hasta San José. (Foto: Alonso Tenorio / Archivo GN).

“Súbame la barra, no se me quede ahí. Serían ¢1.100 de su pasaje y ¢1.500 por la bicicleta. Se tiene que ir hasta el final del pasillo y de pie para que pueda cuidarla. No, no le puedo abrir el maletero para que la guarde”, sentenció el chofer del bus con voz robótica.

Usar la bicicleta para viajar al trabajo es un sueño hecho realidad en Ámsterdam, Holanda. Marco León lo sabe muy bien y lo experimentó en carne propia, pero en Costa Rica definitivamente no lo es. Hace ocho años, este vecino de Paraíso de Cartago decidió empezar un proyecto personal.

León tomó su bici para viajar al trabajo entre dos y cinco días a la semana. Labora en un sportsbook ubicado en los Anonos, Escazú. Recorre más de 30 kilómetros para llegar a la empresa y el regreso lo hace en bus, con todas las barreras que esto implica.

Confiesa que tarda poco más de hora y media en completar el extenso trayecto entre la puerta de su casa en Paraíso y la entrada de su trabajo en Escazú. “Es el mismo tiempo que me llevaría en bus o en carro”, resaltó.

Marco León, usa una bicicleta en Ámsterdam, Holanda. Él empezó a viajar en bicicleta a su trabajo en los Anonos, Escazú, hace ocho años y recorre 30 kilómetros desde su casa en Paraíso de Cartago. (Foto: Marco León para EF).
Marco León, usa una bicicleta en Ámsterdam, Holanda. Él empezó a viajar en bicicleta a su trabajo en los Anonos, Escazú, hace ocho años y recorre 30 kilómetros desde su casa en Paraíso de Cartago. (Foto: Marco León para EF).

Acostumbrado a que los choferes de los buses le cobren su pasaje y además un monto que oscila entre ¢1.100 y ¢1.500 por subir la bicicleta para regresar a casa –depende de quien sea el conductor del autobús–, León anuncia que no se dará por vencido.

Una ley aprobada el pasado 22 de enero pretende impulsar y regular el uso de este vehículo como sistema de transporte urbano en un país que carece de infraestructura para ese fin, más allá de las ciclovías, pero que sobre todo debe cambiar el paradigma cultural en las carreteras.

Promesa de cambio

Cuando propusieron el proyecto, el 22 de abril del 2015, los entonces diputados Laura Garro, del Partido Acción Ciudadana (PAC), Edgardo Araya y José Ramírez, del Frente Amplio (FA), no imaginaron que tres años y nueves meses después el texto para promover el uso de bicicletas en el país se convertiría en Ley.

Con 41 votos a favor, ninguno en contra y 16 diputados ausentes, los congresistas aprobaron, el martes 22 de enero del 2019, la Ley de Movilidad y Seguridad Ciclística, iniciativa que pretende elevar la figura de la bici para mejorar la salud de las personas y reducir la cantidad de vehículos con motores de combustión interna que circulan en las vías del país.

Este cambio de paradigma, por más simple que parezca, no lo es.

La legislación, que todavía debe ser firmada por el presidente Carlos Alvarado y publicada en el diario oficial La Gaceta, crea una serie de obligaciones para el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) y para todas las municipalidades.

Una vez que entre en vigor y se publique el reglamento, la normativa obliga al MOPT y a los ayuntamientos a elaborar planes de movilidad integrada y seguridad ciclística con el objetivo de promover la construcción de infraestructura como ciclovías, parqueos para bicicletas, carriles de uso mixto y poner en marcha proyectos para alquilar o prestar este tipo de vehículos en los diferentes cantones.

También se incluye un apartado para generar mayor conciencia sobre el uso de este tipo de vehículos como medio de transporte en los programas de educación vial que imparte el Ministerio de Educación Pública (MEP) en las escuelas y colegios.

El MOPT y los gobiernos locales tendrán que destinar recursos a actividades para promover el uso de bicicleta.

Las empresas que inviertan en la instalación de parqueos, que remodelen o construyan baños y vestidores, o que compren bicicletas y repuestos para sus empleados, podrán descontar los montos de la declaración del impuesto sobre la renta, una sola vez.

En el papel, la Ley parece sentar las bases para que Costa Rica dé los primeros pasos y avance hacia el uso vehículos sin motor no solo como medio recreativo, sino también como sistema de transporte urbano.

¡Ciclistas no estorben!

El auge de las bicicletas empezó en el país hace seis años, así lo señala Víctor Bolaños, gerente general de Innova Bikes, compañía especializada en la venta de estos vehículos. “La gente las compra para hacer deporte y recreación, pero todavía no tienen el objetivo de desplazarse al trabajo”.

“El reto más importante es que los conductores de carros tengan mayor conciencia de que la bicicleta merece también un espacio en la calle. A veces moverse de esta forma frena a mucha gente por lo peligroso que es, porque los carros particulares no respetan. Los buses y los camiones respetan menos porque son más grandes y se apoderan de las vías”, afirmó Bolaños.

Con él coincide Marco León, quien agregó que es difícil hacer viajes de distancias largas en las autopistas o carreteras más transitadas porque los conductores ven a los ciclistas como un estorbo.

“La Ley está bien, pero se necesita un cambio cultural. En muchas ciudades del mundo la bicicleta es el principal medio de transporte. En Costa Rica lo satanizamos y lo vemos como un estorbo. En otros países es muy fácil viajar en bici y subirla al metro o a los buses”, apuntó.

El caso de Cartago

Mucho antes de que el proyecto se convirtiera en ley, el cantón central de Cartago empezó a mover los hilos para tejer una estrategia que pone a la bicicleta como protagonista.

En 2012, una serie de estudios encendieron las alertas en las autoridades cartaginesas. Las principales causas de muerte en ese cantón estaban asociadas con padecimientos cardiovasculares, cáncer, hipertensión y obesidad.

El crecimiento de la flota vehicular que pasó de 1,13 millones en 2012 a 1,34 millones de vehículos en 2015, en todo el país, y el aumento en las emisiones de dióxido de carbono (CO2), impulsaron una estrategia de cambio en la Vieja Metrópoli.

La Municipalidad de Cartago puso en marcha el Programa de Movilidad Sana y Sostenible que arrancó con la construcción de la ciclovía en 2012 y que a la fecha alcanzó los 5,8 kilómetros.

La segunda etapa incluyó la instalación de seis parqueos especiales para este tipo de vehículos en diferentes puntos estratégicos del cantón. En la tercera fase, en 2016, el ayuntamiento compró 100 bicicletas para prestarlas a los ciudadanos y organizó talleres para enseñar a las personas a utilizar este vehículo.

Rolando Rodríguez, alcalde de Cartago, explicó que para acceder a las bicis los vecinos solo deben llenar un formulario –la primera vez– y presentar su cédula. Se prestan por un espacio mínimo de una hora en tres puntos ubicados cerca de la estación del tren, en la entrada del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC) y en las afueras del Colegio Universitario de Cartago (CUC).

La etapa final se inauguró el pasado 28 de enero, ese día el gobierno local puso a disposición de los habitantes de Cartago, 25 unidades eléctricas para prestar con el objetivo de cubrir distancias más grandes y atraer a personas con problemas de salud.

Rodríguez aseveró que el camino no ha sido fácil. La Municipalidad invirtió más de ¢207 millones en este proyecto, pero todavía debe lidiar con conductores de automóviles y motocicletas que irrespetan las ciclovías y los espacios destinados para el uso de bicicletas.

Mientras la nueva legislación se implementa y con ella arranca un largo camino de cambios, entre ellos culturales, Marco León usará su bici para viajar al trabajo, pagará los pasajes de bus para él y su vehículo y espera que cada día sean menos los conductores que le abalanzan el carro para reclamar su espacio en las carreteras que se rigen por la ley de la selva.