La precisión milimétrica que requiere la joyería artesanal se trae de nacimiento y se fortalece con el aprendizaje y la práctica.
Carlos Scriba, fundador de Joyería Scriba, lleva esa herencia en sus manos. El destino, sin embargo, estaba grabado en los finos engranajes de un taller en Costa Rica.
“Se me da fácil con los materiales”, dijo.
En 2009 emprendió un viaje desde su natal México hasta San José con una misión personal: conocer a su padre, Gerardo (q.e.p.d.), un reconocido relojero cuya familia fundó la histórica tienda Scriba & González en los años 40.
Para ese momento, en su natal México D. F., Carlos producía a mano bolsos, personajes de peluche y aretes, todos con materiales textiles. En cada uno demostraba habilidades innatas.
Un día participó en una feria en México y se le acercó otro participante, quien observó los ganchos de los aretes y lo invitó a su taller para enseñarle a mejorar la confección. Este es un sector donde predomina la colaboración mucho más que la rivalidad.
Carlos se presentó con los materiales necesarios y el amigo le mostró lo que tenía que hacer. Terminó la clase con varios ganchos y con varias pulseras que llevaban elementos decorativos inspirados en la flora, fabricados con filigrana.
—Es muy difícil hacer lo que usted hizo en la primera sesión — le dijo el amigo, sorprendido cuando le mostró las piezas.
Lo que vendía le permitió ahorrar y venir a Costa Rica a visitar a Gerardo. Al conocer el taller de la empresa de su padre, quedó sorprendido por el trabajo de la tienda Scriba & González, le encantó el país y decidió quedarse.
Gerardo le compartió su experiencia y su conocimiento de años dedicados a un trabajo basado en la precisión manual. Carlos lo absorbió todo.
Como viajaba mucho, sobrevivía con la joyería artesanal. Estuvo en España, Croacia, Alemania y Brasil. También visitaba a su madre, Irma Echandi, en México D.F. Y siempre regresaba a Costa Rica.

Primera tienda
En Costa Rica conoció a un comerciante de origen argentino que tenía una tienda en Goicoechea. Un día el amigo le contó que iba a regresar a su país y que le dejaba el local. Lo tomó por un tiempo junto con su novia, que era oriunda de Chile.
Luego viajó a Chile con ella y desde ahí recorrió toda Sudamérica, desde Argentina (empezando en La Patagonia) hasta Colombia, pasando por Perú, Ecuador y otros países de la región. Su mirada se enfocó en aquellos artesanos y microempresarios que estaban en su mismo giro de negocios. El aprendizaje fue mayor.
“Una de las cosas más importantes es que las piezas tienen que perdurar en el tiempo”, explicó Carlos. “Que la gente debe valorarlas independientemente del material y que la pieza haga parte de la persona y de la familia. Esto habla mucho del trabajo de uno”.
Cuando regresó a Costa Rica, empezó a visitar las playas locales. Montezuma le encantó en un viaje que realizó seis años antes, en 2010. El lugar tenía un especial significado para él, además.
Muchos años atrás, su padre —que vivía en Barrio México— participaba en una asociación de rescate animal en el parque nacional Braulio Carrillo. Por su experiencia y conocimiento, lo invitaban de Cabo Blanco, cerca de Montezuma, a brindar charlas y capacitaciones.
Y, por supuesto, Montezuma le atraía por el paisaje, la gente y la energía que se descubría a cada paso que daba. Se enamoró aún más del lugar y decidió quedarse ahí hace exactamente una década. Lo convirtió en su hogar.


Feria en Brasil
Durante los siguientes años, todo se fue acelerando para él.
La zona es atractiva para el sector artesanal. Hay quienes se establecieron ahí en forma permanente. Y hay quienes llegan, pasan un tiempo produciendo y vendiendo, disfrutan la estancia durante una época y luego se van a otros sitios.
En medio de ese ambiente, Carlos reforzó la producción y se integró a la asociación de artesanía local. Entró como fiscal hace siete años y en la actualidad es su presidente.
En 2019 la asociación creó un mercado donde participan 13 productores. Cada uno tiene ahí su propio lugar para colocar, mostrar y vender sus artículos. También se ofrecen tres puestos para artesanos viajeros. Para todos, el requisito es que los productos sean fabricados a mano y que sea el mismo artesano quien expone y quien vende.
Carlos se enfocó en trabajar en el diseño de piezas únicas. Aunque produce joyas para hombres y mujeres, ellas son sus principales clientas. Por eso, se enfoca en creaciones que estimulen el empoderamiento femenino. También es gestor cultural.
Cada mes en Montezuma se realizan actividades culturales, como exposiciones artísticas, de poesía, de danza, concurso de baile, actos circenses y desfiles de modas. “Tenemos el reto de consolidar y formalizar estas actividades”, reconoció Carlos.
En 2020, la revista Forbes lo incluyó como uno de los seis artesanos que generan cambios en el sector, tras su participación en el festival Envision de Uvita. “Su inspiración proviene de la naturaleza y su belleza orgánica”, publicó la prestigiosa revista estadounidense.
Carlos no se limita a quedarse en Montezuma. Es frecuente de ferias y otras actividades del sector en otros sitios y a nivel nacional. Esta semana andaba de viaje participando en una de ellas. Son oportunidades para conocer lugares, para conocer gente, para darse a conocer y vender, y para descubrir nuevas formas de perfeccionar su arte.
En una de esas actividades de emprendedores culturales, el Ministerio de Cultura y Juventud tomó los datos de los participantes y varias semanas después les envió una propuesta.
Los invitaba a participar en el encuentro de negocios llamado Mercado de Industrias Creativas Brasil 2025, donde cada uno se reúne con compradores interesados en sus productos.
Carlos Scriba viajó, junto con otros cuatro emprendimientos de Costa Rica como Muñecas de Trapo Raque. El evento se realizó del 3 al 7 de diciembre en Fortaleza, una de las más importantes ciudades del noreste brasileño junto con Recife y Salvador.
En este evento, cada empresario pidió en forma anticipada una cita con los artesanos cuyos productos le llamaron la atención. El artesano abría una aplicación móvil y le aparecían las reuniones solicitadas y el número de mesa donde tenía que presentarse. En la reunión tenía apenas 20 minutos para presentar sus productos.
Carlos tuvo reuniones con empresarios de la industria creativa, de muebles exóticos, de moda sostenible y con una editorial. Además de sus productos, a todos les presentó la oferta de sus colegas de Montezuma.
“Seguimos en conversaciones”, respondió Carlos. “En abril vendrá gente de Brasil al desfile de modas que realizaremos aquí en Montezuma”.
| Datos vitales |
|---|
| Negocio: Joyería Scriba |
| Fundador: Carlos Scriba |
| Fundación: 2016 |
| Ubicación: Montezuma, península de Nicoya |
| Giro de negocio: joyería artesanal |
| Productos: aretes, collares, pulseras, anillos, y objetos en bronce |
| Precios: entre ¢3.000 y $300 |
