El tiempo que debe aguardar un paciente en Costa Rica para tener acceso a un medicamento innovador experimentó un incremento durante el último año. De acuerdo con los resultados del estudio WAIT 2026 (siglas en inglés para Espera de Acceso a Terapias Innovadoras), la espera en el país pasó de 6,11 años en el 2025 a 7,3 años en el 2026.
Este plazo, equivalente a 87 meses, supera al promedio latinoamericano de 5,7 años. El indicador mide el tiempo total que transcurre desde que una terapia recibe la autorización de comercialización por parte de agencias internacionales, como la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) o la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), hasta que logra el reembolso o su disponibilidad en los sistemas de salud.
Según un comunicado de prensa, en el caso costarricense, este lapso contempla los procesos de aprobación regulatoria ante el Ministerio de Salud, así como los trámites requeridos para que el fármaco esté disponible o sea reconocido por la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).
Impacto en la calidad de vida
La prolongación en los tiempos de espera tiene efectos directos en las personas que requieren de los tratamientos. Fernando Vizquerra, director ejecutivo de la Federación Centroamericana y del Caribe de Laboratorios Farmacéuticos (Fedefarma), explicó que las implicaciones de estas demoras son significativas.
“La espera prolongada conlleva un atraso en el inicio del tratamiento, una progresión o agravamiento de la enfermedad y, por lo tanto, una menor calidad de vida, sobre todo en personas con enfermedades crónicas, donde la intervención temprana es clave”, afirmó el director ejecutivo.
Para hacer frente a esta situación, el Ministerio de Salud inició este año el proceso para implementar un nuevo reglamento de homologación. La meta de esta iniciativa es agilizar el registro de medicamentos y reducir los tiempos a menos de 30 días.
Sin embargo, el escenario trasciende las gestiones locales. Yaneth Giha, directora ejecutiva de la Federación Latinoamericana de la Industria Farmacéutica (Fifarma), detalló que las causas de estas brechas son complejas e incluyen factores regulatorios, de infraestructura y de financiamiento. Giha enfatizó que la solución requiere de decisiones basadas en evidencia, voluntad política y alianzas entre los distintos sectores para reducir la distancia entre los logros científicos y lo que realmente reciben los pacientes en la región.

Baja inversión y compra de tratamientos antiguos
El análisis del indicador también expone un panorama financiero retador. Los países de América Latina invierten en salud, en promedio, dos puntos porcentuales por debajo del 6,5% del producto interno bruto (PIB) recomendado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Costa Rica registra una de las inversiones más bajas entre los diez países evaluados en la investigación, con un 3,6% del PIB. En este rubro, se ubica únicamente por encima de República Dominicana (2,9%) y México (2,7%).
Esta limitación de recursos ocurre en un contexto donde las enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares, el cáncer, los problemas renales crónicos y la diabetes, agravan la carga sanitaria y exigen una mayor inversión para su abordaje.
Aunque la industria farmacéutica reportó un crecimiento interanual del 3% entre el 2014 y el 2025 en la disponibilidad de nuevas terapias, la región latinoamericana tiende a adquirir fármacos de décadas anteriores. Según advierte el estudio, el acceso se centra en medicamentos lanzados antes del 2020, mientras que la disponibilidad de los tratamientos aprobados a partir del 2021 cae a menos del 50%, lo que a menudo conduce a un gasto ineficiente en los sistemas públicos.
Para llegar a estas conclusiones, el informe analizó 447 sustancias activas en áreas como oncología, enfermedades huérfanas, inmunología, sistema nervioso central y cardiometabolismo, las cuales representan más del 80% de los nuevos tratamientos aprobados a nivel mundial.
