Hace cinco años, recibir un salario en dólares se promocionaba por parte de las empresas contratantes como un beneficio. Hoy, la depreciación de la divisa estadounidense erosiona la capacidad de compra de los que ganan en esa moneda. Debido a esas disminuciones han visto notables cambios en su estilo de vida: algunos han tenido que cambiar de vivienda porque ya no pueden pagar el alquiler, otros no pueden costear más la educación privada de sus hijos y algunos hasta deben alquilar su carro para que otros lo utilicen en plataformas de transporte y así obtener un dinero extra para llegar a fin de mes.
El Financiero recopiló las vivencias de seis personas para conocer cómo les ha afectado esta situación en su vida diaria. Accedieron a dar su testimonio bajo condición de anonimato para no perjudicar su situación laboral.
La caída del dólar ha sido notable. En junio de 2022 un dólar compraba casi ¢700, pero en febrero de este año ese número se ubicó cerca de los ¢470, una cifra que no se veía desde hace más de dos décadas. Eso implica que una persona que ganara en dólares desde 2022 ahora recibe 32% menos de colones, la moneda en la cual suele estar la gran mayoría de gastos en Costa Rica.
“En Guanacaste los precios se duplicaron”
María, 30 años y de San José, aceptó un puesto de trabajo en Guanacaste donde recibía su salario en la divisa estadounidense. La abogada de profesión comenzó a laborar como asistente técnica jurídica en derecho comercial y civil, entre otros asuntos.
En el 2022 fue cuando se mudó a la provincia costera. Ella relata que aceptó el trabajo por lo competitivo que era el salario, algo que no le ofrecerían en la capital con las mismas funciones ni con el grado académico que tenía. En ese momento, el dólar casi llegó a los ¢700.
Califica como “muy fuerte” el impacto que tuvo el tipo de cambio en su día a día. A pesar de que no pagaba alquiler de vivienda porque en el trabajo le daban el beneficio del hospedaje, su billetera resentía el pago de alimentación, gasolina y demás gastos.
“A mí me bajó el salario entre un 20% y 30% entre finales de 2022 y noviembre de 2023. Yo me fui para allá a trabajar porque iba a tener un salario muy competitivo que no iba a encontrar en San José, pero terminé estando allá en Guanacaste con un salario bastante menor al que habría ganado inicialmente en San José en colones y con cualquier otra empresa”, comentó.
Cuenta que, al ser una zona turística, los comercios ofrecían sus productos con precios listados en dólares. Con el paso del tiempo, cuando el dólar comienza a bajar, los restaurantes, supermercados y otros negocios “los pasaron a colones con el valor que ganaban cuando el dólar estaba en ¢700”.
“Las cosas habían subido, se habían duplicado los precios de todo. Ahí un pedazo de queso valía ¢6.000 y en San José eso vale ¢2.500. Eso para mí era el ejemplo más fuerte de cómo se empezó a encarecer el lugar”, dijo.
Cuando comenzó a trabajar podía ahorrar $500 mensuales, aproximadamente. Al momento de que el dólar comenzó a decrecer, se comenzó a endeudar.
“La tendencia era que bajaba y luego subía, y así sucesivamente, una nunca se iba a esperar que no iba a volver a subir del todo, entonces mantuve mismos gastos y estilo de vida. Cuando me di cuenta ya no ahorraba, y más bien estaba gastando más de lo que me ingresaba”, mencionó.
María recuerda que todos los miembros de la empresa estaban muy frustrados, desde los puestos más bajos hasta las jefaturas. Ante el impacto colectivo, a finales del 2023 se aprobó un aumento del 10% del salario inicial, pero no fue suficiente para recuperar el poder adquisitivo anterior.
Ante la tendencia del dólar bajo con respecto al colón, optó por regresar a la capital para solucionar esa situación financiera.
“Ya para mí ese fue el momento de regresar porque al final era un sacrificio, no solo familiar y social al estar lejos de mis seres queridos, sino que también estaba haciendo un sacrificio económico. Tomé la decisión de irme de San José para crecer profesional y económicamente, y eso ya no era un beneficio que yo estaba recibiendo a partir de la caída del dólar. Si el dólar no hubiera caído, habría sido una muy buena movida, pero en realidad fue una pérdida a nivel económico para mí”, puntualizó.
“A veces me sentaba a llorar de lo complicado que era”
El caso de Armando, de 33 años y vecino de Heredia, tiene una particularidad: él no vivió la caída tan fuerte del dólar como sí ocurrió en el testimonio anterior. Armando solo ganó en dólares durante el 2025, año en el que la moneda estadounidense acumuló una depreciación del 3% con respecto al colón.
No obstante, su situación muestra que incluso pequeñas variaciones del salario pueden tener un impacto significativo en la vida de un trabajador.
“Mi préstamo de la casa era imposible pagar en una sola quincena. Tenía que comprometer gran parte de la quincena siguiente para ayudar a suavizar el golpe. Al final siempre me golpeaba”, mencionó.
Al tener los préstamos en colones, la afectación fue mayor. Recuerda que a la quincena recibía $1.200 y al pagar las deudas se le iban $1.100, aproximadamente. Con los $100 sobrantes, tenía que comenzar a pagar los otros gastos fijos que tenía: “me quedaban menos de ¢50.000 y hoy son menos”.
Por ello, se vio obligado a limitar sus gastos al máximo, porque cualquier desembolso que se saliera de sus gastos fijos le tomaba tres quincenas recuperarlo.
“Me limitó mucho mi tiempo y mis opciones. A veces me sentaba a llorar de lo complicado que era. Siempre se pagaba lo importante, afortunadamente, pero estuve viviendo súper tallado”, mencionó Armando.
El reclutador recuerda que, antes de asumir ese empleo en 2025, estuvo en otra empresa donde le pagaban mejor y ahora “era frustrante ver que no podía ni darme una comida afuera”, reseñó.
“Antes yo ganaba, con todas las deducciones, alrededor de ¢1.300.000 y pasé a ganar $2.500, (pero con) las deducciones y con el tipo de cambio yo estaba perdiendo como ¢150.000, sin contar que me pasé a un trabajo que me estaba pagando menos”, manifestó.
Ante esa situación, a finales del año pasado optó por conseguir un empleo donde le pagaran su salario en colones para evitar el riesgo cambiario.

Mismo salario, pero con menos poder adquisitivo
Para los asalariados en dólares, la capacidad de compra en colones cada vez disminuye más con un tipo de cambio con tendencia a la baja. Con el fin de solventar esa caída, tienen que realizar cambios drásticos en su estilo de vida para que el dinero les alcance a final de mes.
El Financiero también contactó a tres personas que pertenecen a una misma empresa transnacional con sede en Costa Rica, la cual paga en dólares desde el 2020, y que han vivido de primera mano la devaluación del dólar con respecto al colón. En los últimos años, esta empresa redujo su personal en 50%, indicando que pasaba operaciones a una ubicación más barata en Asia.
Una persona empleada contó que, debido a la disminución en su ingreso por ganar en dólares, ya no podía costear el kínder privado de su hijo de dos años. En el 2021 esta persona tenía un salario en dólares cuyo equivalente en colones era ¢1.900.000; mientras que hoy equivale a ¢1.500.000.
Otra persona que paga alquiler en colones, pero gana en dólares, tuvo que cambiar de lugar para que fuera más barato. En el 2021, tenía un salario en dólares cuyo equivalente en colones era ¢2.300.000; mientras que hoy equivale a ¢1.800.000.
Además, otra persona decidió poner su carro en alquiler para que otra persona lo usara en una plataforma de transporte y así obtener más ingresos y “redondearse el salario”. En el 2021, esta persona tenía un salario en dólares cuyo equivalente en colones era ¢1.600.000; mientras que hoy equivale a ¢1.300.000.

Mientras tanto, en una empresa transnacional diferente, un analista de datos con conocimiento en marketing y publicidad comenzó a ganar en dólares en 2024. Agradece que su trabajo es totalmente virtual y por eso no gasta dinero para movilizarse a una oficina; sin embargo, sí ha sentido una pérdida en su poder adquisitivo en los últimos ocho meses. Por ejemplo, gasta cada vez una proporción más alta de su salario en servicios como Internet.
“Es algo significativo, porque la gente puede decir que son unos cuantos dólares, pero a la larga son dólares de más que uno pudo haber ahorrado”, resaltó.
La empresa les ha dicho a sus colaboradores que no puede intervenir mucho ante este panorama por ser una situación “global”. Algo que destaca es que su organización ha dedicado tiempo para actividades sobre manejo de finanzas.
“Nos han dado herramientas para poder manejar bien esta situación del dólar en sí. Ha sido muy notable que se han preocupado por ello”, manifestó.
De beneficio a riesgo cambiario
En anuncios sobre puestos de empleo disponibles en el 2021 y el 2022, se ofrecía el salario en dólares como un beneficio para el trabajador. Así lo indican incluso comunicados oficiales del Ministerio de Comercio Exterior donde se promocionaban vacantes de empresas del sector de tecnologías digitales que llegaban al país en aquellos años.
Esa práctica ya no es utilizada desde que el tipo de cambio comenzó a presentar una tendencia bajista. “En estos momentos no se promociona el salario en dólares, se promociona el salario en colones, sobre todo porque no sabemos si el colón va a continuar apreciándose. Las empresas que están entrando optan por la negociación en colones. Los que tienen salarios en dólares hoy pueden decir que están ganando 30% menos en comparación hace dos años atrás”, mencionó Miguel López, reclutador que trabaja para firma costarricense de gestión de talento humano Recluta Talenthunter.
Este cambio denota un ajuste en la percepción de una condición que, en teoría, siempre ha sido la misma: el riesgo cambiario; es decir, la posibilidad de perder o ganar dinero debido a variaciones en el valor de una moneda frente a otra.
Ganar en dólares implica un riesgo debido al régimen cambiario que aplica el Banco Central de Costa Rica (BCCR): la flotación administrada. En este método el BCCR no tiene un precio objetivo, sino que son las fuerzas de la oferta y la demanda las que definen el tipo de cambio. Es decir, el valor de la divisa puede subir o bajar.
Aunque el Banco Central puede intervenir para acotar movimientos abruptos, el objetivo es alterar la tendencia lo menos posible para tener un precio “de equilibrio” o por lo menos acercase a él.
Ante este panorama, recibir un salario en dólares en Costa Rica es una situación de riesgo que puede reducir el poder adquisitivo de las personas cuando la tendencia es bajista y fortalecerlo cuando se mueve en la otra dirección.

“Tengo miedo de no ser capaz de cubrir las necesidades básicas”
Lucía, de 54 años y vecina de San José, ha recibido su salario en dólares desde el año 2000. Es educadora y, desde que comenzó la depreciación de la divisa estadounidense con respecto a la nacional, ha tenido sentimientos de incertidumbre y miedo de no poder llegar a final de mes con todas las facturas pagadas.
Tiene la costumbre de ahorrar el 10% de su salario. Cuando el dólar estaba más alto podía guardar ¢150.000 por mes. Actualmente, no llega ni a los ¢30.000 al mes.
Una de las afectaciones que ha tenido en su día a día es en el pago de sus deudas, todas asumidas en colones, lo que hace que estas representen cada vez un peso mayor de su ingreso.
“En mi caso tengo que pagar el alquiler de vivienda e incluso el costo que requiere el pago de la gasolina y los peajes para trasladarme a mi trabajo, donde es sumamente complicado llegar en servicio de bus público”, relató.
En 2020 adquirió una tarjeta de crédito para ganar puntos y fortalecer su historial crediticio. Al inicio podía cancelarla de manera fluida, pero con la depreciación del dólar, tuvo consecuencias negativas en relación con los pagos mensuales.
“Al bajar el dólar y con mi presupuesto tan estrecho, los pagos de la tarjeta de crédito han sido con el monto mínimo, lo cual trae consecuencias ya sabidas por todos: (el aumento) del tiempo de pago y el incremento de los intereses”, contó.
La docente de secundaria mencionó que siempre ha manejado un presupuesto que ha seguido con formalidad y disciplina desde que comenzó a ganar en dólares, tomando en cuenta el comportamiento del tipo de cambio. Ahora tiene que ajustarlo mes a mes; antes no lo tenía que cambiar tan seguido.
“A principios del 2026, volví a revisar el tipo de cambio y diseñé mi nuevo presupuesto a ¢480 por dólar, pensando que más bajo ya no podía caer y que me iba a permitir tener un margen de ¢10, por cualquier cosa. Sin embargo, esta semana estuvimos cambiándolo a ¢476 y, según indican en las noticias, va a seguir a la baja por el resto del año”, indicó.
Ante esta situación, ha tenido que realizar ajustes en su rutina y en los pagos mensuales que le han afectado su calidad de vida. Por ejemplo, redujo las visitas a la psicóloga de cuatro al año a solo una o dos. “Me ha impactado mucho ya que, por el tipo de profesión que ejerzo, todos los aspectos de salud mental son imprescindibles para lograr la excelencia y el balance con la población que trabajo”, comentó.
Lucía también cuenta como un cambio que, en cuanto a salud física, solo ha podido visitar los servicios de la Caja Costarricense del Seguro Social “porque pagar lo privado es casi imposible”.
También ha disminuido las visitas al dentista casi en su totalidad, cuando antes iba al menos una o dos veces al año para limpiezas generales.
La docente enfatiza que sus compañeros de trabajo han mostrado “suma preocupación” en relación con la situación del dólar: “algunos han llegado a tocar la puerta de la administración para comentar que no les está alcanzando para lo básico”.
Ha notado sentimientos de “frustración, enojo, miedo y apatía por la falta de reconocimiento de nuestra labor y del esfuerzo que representa”. Además, se queja de que la mayoría está “percibiendo un salario del año 2012 con la inflación del 2026”.
Cuando se le consultó sobre la respuesta del patrono ante el tipo de cambio, señaló que: “la institución afirma que ellos también han sido impactados y que no es un problema que a ellos les corresponda resolver, ya que es una situación gubernamental”, reseñó.
Todo indica que el escenario actual no es un bache pasajero, sino una reconfiguración de las reglas del juego financiero en Costa Rica. Lo que hace un lustro era un símbolo de estatus y estabilidad, hoy es una lección cruda sobre la vulnerabilidad inherente al riesgo cambiario en una economía que se fortalece en colones
Mientras los factores estructurales sigan presionando el tipo de cambio a la baja, la “luz al final del túnel” para los salarios dolarizados parece una quimera.
Al final, la pregunta para las empresas y trabajadores ya no es cuándo volverá a subir el dólar, sino cuánto más podrá resistir el tejido social de una clase media que hoy intenta pagar el costo de vida del 2026 con una moneda que perdió su brillo.