La banca costarricense atravesó una primera mitad de 2026 marcada por un entorno internacional más volátil que se reflejó en un desempeño cauteloso.
Aunque el sistema se mantiene sólido en términos generales, los indicadores clave muestran un cambio de ritmo: el crecimiento persiste, pero con menor intensidad, mientras aumentan las señales de presión en algunas entidades.
Este semestre deja pistas sobre hacia dónde y cómo se mueve el sector: crecimiento que se desacelera, señales mixtas en el crédito, cambios en la cartera y ajustes en la rentabilidad.
En El Financiero, analizamos el comportamiento de los bancos durante los primeros seis meses del año en curso, con base en los datos publicados por la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef) al cierre de junio.
Crecimiento moderado
En los primeros seis meses de 2026, los activos del sistema bancario costarricense continúan en crecimiento, pero lo hacen a un ritmo más moderado que en el mismo periodo de los dos años previos.
Por ejemplo, con respecto al primer semestre de 2025, los principales bancos muestran crecimientos más contenidos: BAC aumentó alrededor de 3%, el Banco de Costa Rica (BCR) cerca de 1,1% y el Banco Nacional de Costa Rica (BNCR) en torno a 1,6%, mientras que el Banco Popular y de Desarrollo Comunal (BPDC) se situó también cerca de 1,6%.
El contraste surge cuando se mira el periodo previo, pues al comparar los primeros semestres de 2025 y 2024, es evidente que varias entidades crecían con mayor dinamismo. Por ejemplo, el BCR avanzaba cerca de 6,0%, BAC alrededor de 3,7% y el Popular 7,4%.
Es decir, el activo avanzó, pero ya no con las tasas de expansión que se observaron en el pasado.
Además, este año se hicieron visibles algunas señales de desaceleración más notorias en bancos específicos: el Banco General retrocedió cerca de 11,1%, DAVIbank alrededor de 3,6% y Promerica en torno a 1,4%.
Cartera y morosidad
Revisar la cartera de crédito de los bancos es fundamental porque funciona como un termómetro financiero que se puede extrapolar como indicador de la actividad económica nacional, aunque está claro que no es el único dato.
Una cartera sana y en crecimiento indica confianza e inversión, mientras que un aumento en la morosidad alerta sobre posibles crisis económicas, caídas en el empleo o problemas de liquidez que podrían desestabilizar el sistema financiero costarricense.
En 2026, la cartera de crédito se mantuvo en niveles altos para la mayoría de los bancos, pero con cambios más moderados.
El que más aumentó su cartera fue el BCR, que sumó alrededor de ¢0,28 billones frente a 2025 (8% de crecimiento), seguido por el Banco Nacional, que añadió ¢0,07 billones (alrededor de 1%).
En el otro extremo, BAC y el Popular recortaron su cartera en torno a ¢0,07 y ¢0,06 billones, respectivamente (ambos cerca de -2%), mientras que el Banco General registró la caída más intensa en términos relativos, con una reducción de -8% sobre su saldo de 2025.
“Esto podría reflejar una contención de la demanda de crédito de personas y empresas como consecuencia de un menor ritmo de actividad económica, que se observa desde mediados del año pasado y acentúa desde principios de 2026, según el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE)”, explicó Edna Camacho, asesora económica de la Asociación Bancaria Costarricense (ABC).
Señaló que tanto el segmento personas como el empresarial han mostrado crecimientos cada vez menores desde mediados del año pasado. No obstante, la desaceleración se concentra en crédito de consumo y tarjetas.
Ahora bien, la morosidad a más de 90 días y la que está en cobro judicial mostraron un deterioro en varios bancos.
Respecto a 2025, durante el primer semestre del año actual el BCR elevó su ratio de créditos en atraso 0,64 puntos porcentuales, el BNCR en 0,42 puntos y el Banco Popular en 0,52.
El caso más visible fue el de Cathay, cuya morosidad saltó 2,02 puntos porcentuales. En contraste, algunos bancos lograron mejoras: Improsa redujo su morosidad en unos 0,69 puntos; Lafise la recortó en 0,67 y BAC en 0,20.
La morosidad se incrementó en una parte importante del sistema, mientras solo un grupo reducido de entidades consiguió mejorar sus indicadores.
Suficiencia patrimonial por encima del mínimo
El Índice de Suficiencia Patrimonial (ISP) es el indicador clave que mide la solvencia de un banco; es decir, muestra si la entidad tiene suficiente capital propio para absorber pérdidas inesperadas antes de poner en riesgo el dinero de los ahorrantes.
En Costa Rica, Sugef exige un mínimo legal del 10% para calificar a un banco en estado de “normalidad financiera”.
Los primeros seis meses de 2026 dejaron un reacomodo importante del perfil de riesgo entre bancos.
En comparación con 2025, este semestre destaca DAVIbank, que redujo su índice en casi tres puntos porcentuales e Improsa lo hizo en cerca de dos puntos, mientras que el BCR también bajó alrededor de 1,7 puntos.
Ante la consulta de este medio, la oficina de prensa del BCR aseguró que “la variación experimentada en el primer semestre se explica por ajustes regulatorios, mayores ponderaciones de riesgo, requerimientos prudenciales adicionales y el crecimiento de la cartera crediticia”.
No obstante, sugieren que dicho comportamiento no incidió especialmente sobre su estado financiero, sino que más bien responde a una tendencia general del mercado.
En contraste, algunos como el Banco General elevó su ISP en 2,26 puntos y el Popular lo incrementó en 0,87 puntos.
Menos utilidades
En cuanto a las utilidades, estas son el motor que conecta directamente la cartera de crédito con el Índice de Suficiencia Patrimonial (ISP); es el dinero que una entidad financiera gana tras restar todos sus costos, gastos y pagos de impuestos de sus ingresos totales en un periodo.
Los seis meses previos se mostraron débiles: BAC recortó cerca de ¢13.500 millones frente a 2025 y acumuló una caída de más de ¢25.000 millones respecto a 2024, mientras el BCR perdió alrededor de ¢3.100 millones en el último año y casi ¢6.100 millones en el trienio.
El CMB (Citi) y Davivienda también retrocedieron de forma notable; esta última pasó a pérdidas. Víctor García, director de finanzas de Davivienda, explicó que los resultados del primer semestre de 2026 son consecuencia de un efecto contable ocasionado por el diferencial cambiario.
“Refleja la cobertura contable del banco, el cual mantiene una posición larga en dólares dentro de su balance...los resultados reportados son una consecuecia ajena al proceso que se está realizando actualmente con DAVIbank”, comentó.
En contraste, el Banco Nacional aumentó sus ganancias en unos ¢7.400 millones frente a 2025 y se ubica por encima de las de 2024; además, bancos como Promerica mostraron mejoras relevantes. Sin embargo, el panorama agregado es de utilidades más bajas.
Se le consultó a DAVIbank sobre el comportamiento de sus números, que también tuvieron fluctuaciones relevantes, pero no hubo respuesta al cierre de la nota.

