Por: María Fernanda Cisneros.   5 abril
Área de préstamos para estudiantes universitarios en Conape, en San Pedro de Montes de Oca. (Foto: Luis Navarro).
Área de préstamos para estudiantes universitarios en Conape, en San Pedro de Montes de Oca. (Foto: Luis Navarro).

Bajo el principio de asegurar la sostenibilidad financiera y alinear su oferta a las necesidades laborales del país, la Comisión Nacional de Préstamos para Educación (Conape) decidió aplicar una serie de cambios en los préstamos que otorga a estudiantes.

El anuncio que más atrajo la atención pública fue la decisión de no financiar, a partir del año en curso, 36 carreras profesionales que muestran altos índices de desempleo en el mercado laboral costarricense.

Al afinar el lápiz, lo que busca la entidad con esta medida es protegerse de un posible deterioro en la morosidad futura.

Las carreras que muestran mayores niveles de morosidad (atrasos en los pagos) en la cartera de préstamos de esta entidad son enfermería, medicina, medicina y cirugía, derecho y farmacia, en ese orden.

Estas profesiones, en conjunto, suman deudas en mora por ¢3.727 millones, pero más de ¢1.765 millones corresponden a enfermería.

Con excepción de derecho, estas carreras forman parte del listado al que Conape cerró las puertas.

El fondo de la decisión es claro. Si Conape financia a un estudiante en una carrera que muestra altos índices de desempleo y que ya de por sí acumula deudas pendientes, son altas las posibilidades de que ese profesional no encuentre empleo y, por tanto, se atrase al pagar la deuda o no pueda saldarla del todo.

“En la medida en la que nosotros podamos colocar los préstamos en carreras que van a generar un ingreso a las personas, estamos colaborando con la parte social y la cartera al cobro de Conape no se va a ver desmejorada”, explicó Roger Granados, jefe de departamento de crédito de la institución.

“Estos recursos tenemos que visualizarnos a futuro, si los colocamos en muchas carreras que no se van a poder colocar (en el mercado laboral), en el mediano plazo no vamos a tener recursos para estudiantes en los próximos años”, añadió Granados.

El 88% de la cartera de crédito está al día y el índice de mora mayor a 90 días cumplió tres años en un favorable 0,1%. Cifras saludables que la entidad no quiere abandonar.

La preocupación de que sus indicadores se deterioraran salió a flote gracias a los resultados del 2018 y a la alta demanda de crédito que experimentó la institución para este 2019.

Realidad financiera

En los últimos diez años, Conape registró, en promedio, 5.919 préstamos aprobados por año y una cartera de crédito que creció al ritmo del 12%.

La demanda de crédito crece a un buen paso y la morosidad está en los niveles deseados.

Sin embargo, en 2018 llegó el primer golpe de realidad.

Los ingresos de Conape provienen de dos fuentes. En primera instancia, de la gestión de cobro de las operaciones de crédito (60%) y, en segunda, del aporte de la banca, que está obligada por ley a brindar el 5% de las utilidades anuales a esta entidad.

Este último ingreso cayó 38% en 2018, para un monto total de ¢12.726 millones.

La caída se gestó principalmente en las transferencias provenientes de bancos estatales, seguido de los privados, realidad que es congruente con la reducción en las utilidades que percibieron estas entidades el año pasado.

Todos los bancos públicos registraron una caída en sus utilidades respecto al año previo. Sus ganancias cayeron 33% respecto al 2017. Mientras, en banca privada sí obtuvo resultados positivos, aunque en muchos casos menos dinámicos que lo visto un par de años atrás.

En 2018, el ingreso por comisiones de los préstamos de Conape repuntó un 13,4%, pero la caída de las transferencias de la banca golpeó los ingresos totales, los cuales se contrajeron en un 13%.

Además, los cargos por provisiones y reservas técnicas crecieron de forma importante y todo esto impactó el resultado final.

Conape registró un ahorro (ganancias) cercano a los ¢18.451 millones en 2018, lo que se traduce en una baja del 22% respecto al resultado que obtuvo el año previo, según los estados financieros publicados en su sitio web.

Si la institución cuenta con menores ingresos, al mismo tiempo se encoge la cantidad de recursos que puede prestar a la población estudiantil.

Sumado a esta menor disponibilidad de dinero, la demanda de créditos para el 2019 creció más de lo esperado.

Un total de 1.800 solicitudes tocaron a la puerta de Conape, muchos de ellos en carreras saturadas o con poca demanda en el mercado laboral, y era imposible satisfacer las necesidades de todos, sin ver un deterioro futuro. El año previo llegaron poco más de 1.100 peticiones de crédito.

En medio de toda esta situación, la institución corría el riesgo de que su cartera de crédito se deteriorara y la morosidad creciera a futuro. Por esta razón, aplicó una serie de medidas que pretenden asegurar su sostenibilidad financiera.

Todo forma parte de un plan estratégico institucional para el periodo 2019–2023.

La hoja de ruta de Conape incorpora una serie de objetivos estratégicos dentro de los que destacan asegurar la sostenibilidad financiera de la entidad y alinearse a las tendencias de demanda del mercado laboral.

También, incorpora la meta de desarrollar una gestión administrativa eficiente y la necesidad de mejorar la imagen de la institución, para ser reconocido como un ente que “contribuye al desarrollo”.

Otros cambios

Este no fue el único cambio que aplicó esta entidad, también se cerraron las puertas de financiamiento a profesionales que quieran cursar posgrados y especialidades, y ningún tipo de estudio en el exterior.

Tampoco se realizarán refundiciones de deudas, a menos que sea para financiamiento relacionado a la conclusión de un grado académico que la institución haya financiado previamente.

Además, cada estudiante podrá financiar únicamente una profesión, ya que no se le ofrecerán recursos para dos grados académicos iguales para carreras distintas.

Otro cambio relevante llegó al enfoque de la distribución de los recursos por prestar. Conape dio un giro hacia la población de menor ingreso.

Los préstamos llegarán a familias con un ingreso de entre ¢190.377,79 (equiparado al salario mínimo de una servidora doméstica) hasta ¢1.306.892. El rango es mucho menor al previo, que iniciaba en ¢799.000 hasta los ¢3 millones, aproximadamente.

Así, no solo quedarán por fuera las personas con la intención de estudiar carreras cerradas de la lista para financiamiento sino también aquellos cuyo ingreso familiar neto supere ¢1,3 millones.

Los recursos se redireccionan a las personas que van a requerir de mayor apoyo de parte de la institución y que difícilmente van a ser sujetos de crédito en un banco, comentó Granados.

Muchos estudiantes tendrán que buscar alternativas de préstamos bancarios o financiamiento en las universidades que ofrecen la opción.

Algunas universidades podrían verse afectadas, si cuentan con una oferta enfocada en las carreras que sacó Conape de su oferta y según la porción de sus estudiantes que se financie con esta institución.

Por ejemplo, el 15% de la población estudiantil de Ulacit y el 30% de estudiantes de Unive se financian con Conape.