Por: María Fernanda Cisneros.   13 octubre
Los regímenes especiales impulsan la leve mejoría de la economía. En el sector, destacó el aumento observado en la manufactura de dispositivos médicos y de los servicios de consultoría en gestión empresarial y de apoyo a empresas. Foto: Albert Marín.
Los regímenes especiales impulsan la leve mejoría de la economía. En el sector, destacó el aumento observado en la manufactura de dispositivos médicos y de los servicios de consultoría en gestión empresarial y de apoyo a empresas. Foto: Albert Marín.

En agosto, la actividad económica de Costa Rica mostró una leve mejoría por segundo mes consecutivo pero las principales industrias de la economía local siguen contraídas.

Las empresas de zona franca son las que dan el impulso a la economía, mientras las del régimen definitivo se mantienen en el letargo.

A agosto, el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) mostró una variación interanual de 1,6%, por encima del 1,4% de julio, según el reporte del Banco Central de Costa Rica (BCCR).

Los regímenes especiales (zona franca y perfeccionamiento activo) transitan una realidad completamente opuesta al régimen definitivo. Mientras el primero corre al ritmo del 12,6%, el segundo apenas gatea a 0,3%.

Desde febrero del 2016, el régimen especial crece más rápido que el definitivo. El primero se desaceleró hasta finales del 2017, para luego recuperar la senda de crecimiento y dejar muy atrás a quienes producen para la economía doméstica

Las empresas que más rápido avanzan son la de manufactura de dispositivos médicos y de los servicios de consultoría en gestión empresarial y de apoyo a empresas.

Las multinacionales que realizan en el país etapas particulares del proceso productivo y que utilizan la mano de obra calificada son intensivas.

Estas compañías se caracterizan por tener un componente importado más reducido que en el régimen definitivo, lo que beneficia el balance comercial del sector externo, pero tiene una menor vinculación con la economía doméstica.

Es por esto que a pesar de que crecen de forma tan acelerada, tienen una “incidencia limitada en la actividad productiva del resto de la economía”, anota el informe del Banco Central.

El régimen definitivo, por su lado, está restringido por la débil evolución de la demanda interna y de crédito (principalmente en dólares), lo cual afecta tres sectores: manufactura, construcción y comercio.

Desde el 2017, este régimen no logra crecer al ritmo del 3%.

La manufactura creció 2,5%, por los implementos médicos y los productos de acero (barras y láminas), pero la producción de materiales para el mercado interno está contraída.

La construcción, por su lado, disminuyó 13,8%. El desarrollo de inmuebles no residenciales cayó y algunos proyectos con destino público no se ejecutaron al presentar problemas de adjudicaciones y de revisión de carteles, explicó el informe del Central.

El comercio se contrajo 0,6%. Las ventas se mantienen a la baja, con excepción de productos de consumo masivo de los hogares, como alimentos y textiles.

Al excluir el ramo de vehículos el comercio no mostraría una contracción, pero su dinamismo sería mínimo (0,2%).