Por: María Fernanda Cisneros.  12 mayo
16/8/2017. San José, Ilustración sobre el comportamiento del consumidor. Foto ADrián Soto
16/8/2017. San José, Ilustración sobre el comportamiento del consumidor. Foto ADrián Soto

Las cooperativas de ahorro y crédito que operan en Costa Rica y que son supervisadas se han caracterizado por su gran concentración en créditos de consumo.

Esta realidad persiste todavía hoy en día pero hay algunas entidades que buscan salir de ese canasto –inclusive tildado de riesgoso– mediante la diversificación de sus carteras.

Lo anterior permite que aun dentro del mismo gremio del sector cooperativo, existan marcadas diferencias en gestión de sus arcas y su concentración.

Sin embargo, destaca que esta realidad no es sinónimo de mora en todos los casos. Inclusive hay entidades con altos niveles de concentración muestran bajos índices de mora a más de 90 días y en cobro judicial.

El saldo de los créditos de las cooperativas llegó a ¢2,4 billones, de los cuales el 75% pertenece a consumo. Aunque este es el más importante, el segmento de construcción y compra de inmuebles (vivienda) es la nueva apuesta de estas organizaciones, además de atraer a una población más joven.

Por su lado, el 91% de esas arcas están al día en sus pagos, y un 1,39% está en mora de más de 90 días o cobro judicial.

Consumo como mayor negocio

Este grupo de 24 cooperativas se puede dividir en al menos tres segmentos de ocho cooperativas cada uno, al analizar qué tan concentrada está su cartera de crédito en una sola actividad económica.

Existe una porción en las que estos préstamos superan el 80% de las arcas crediticias totales, otra con cifras entre 50% y 80% y por último, una donde esta cartera no alcanza ni el 50%.

En esta segmentación no importa el tamaño de la entidad financiera, sino únicamente cómo está conformado el pastel.

Es así como hay entidades de gran tamaño que muestran altos niveles de concentración, pero también existen corporaciones más pequeñas con la misma característica.

Por ejemplo, Coopecaja ocupa el sexto lugar en cuanto al tamaño de su cartera de crédito y el 99% de esas arcas corresponden a préstamos de consumo. Coopeuna, por su lado, está en el grupo con las carteras más pequeñas pero registra la misma cifra.

El saldo de los créditos de Coopeande está en segundo lugar con más de ¢448.417 millones, cifra de la que el 88% es financiamiento de este segmento.

Coopenae, Coopeservidores, Coocique y Coopealianza terminan de conformar el quinteto con la cartera más grande, pero estas entidades cuentan con niveles de concentración menores. Se ubican entre 50% y 80%.

En la acera de la morosidad, estas entidades también muestran resultados divergentes.

La cooperativa con mayor mora a más de 90 días y en cobro judicial, como porción de su cartera total, es Coopecar, cuya cartera de consumo representa un 75%.

En contraparte, la que representa menor mora es Coopesanmarcos, que está enfocada en brindar financiamiento para el sector agricultura y el de construcción, aunque también brinda créditos para manufactura, comercio, servicios y otros.

Aun así, hay entidades como Coopeaya que solo financian consumo pero tiene una mora muy baja.

Los retos del cooperativismo

A diferencia de otro tipo de compañías, las cooperativas solo pueden girar créditos a sus asociados y a quienes realizan aportes de capital.

El mandato legal de estas entidades dicta que pueden prestar dinero únicamente a personas físicas, y no jurídicas, siempre que estén asociadas a la entidad.

El año pasado, el sector cooperativista impulsó un proyecto de ley que permitía dotar de mayores posibilidades al gremio como la oferta pública de emisiones de valores, la administración de fideicomisos, factoraje y arrendamientos financieros.

El proyecto también plantea que se suprima el requisito de aprobación previa del Banco Central de Costa Rica (BCCR), necesaria para la obtención créditos internacionales o que deba realizarse una reserva de liquidez sobre el capital social de cada cooperativa.

La iniciativa recibió dictamen afirmativo el 19 de julio de 2017 pero luego quedó varado.

El sector ve limitada su capacidad de acción, mientras, su popularidad entre la población más joven ha bajado.

Por lo anterior, estas organizaciones han llegado a la realidad de toparse con que la mayor porción de sus clientes son adultos. Esto los reta a ofrecer productos distintos y canales modernos para atraer a una población más joven. Ahora le apuestan a los sitios web y a las aplicaciones móviles.

Si a esto sumamos la fuerza de la cartera de consumo, y el riesgo de concentrarse en estos créditos de corto o mediano plazo, es claro que las cooperativas deben apostar por diversificar su cartera de productos y consecuentemente, sus arcas crediticias.

El sector con más concentración se defiende al indicar que no necesariamente sea una apuesta riesgosa, puesto que deducen las cuotas de los préstamos de las planillas y su morosidad es baja.

Las cooperativas iniciaron en el segmento de consumo al tratarse de montos pequeños de financiamiento pero sus recursos han ido al alza y esto les permite contar con la posibilidad de moverse hacia otro tipo de operaciones de mayor monto y plazo, como vivienda.

De hecho esta es la apuesta de varias cooperativas entre las que se puede mencionar a Coopecaja, Coopavegra, Coope Ande y Coopenae.

“También se ha realizado alianzas con el Banhvi (Banco Hipotecario de Vivienda) para ofrecer a nuestros asociados bonos de vivienda; en los últimos años Coope Ande ha participado en ferias de vivienda y de la construcción para promover estas líneas de crédito”, afirmó Coope Ande ante la consulta de EF.

Coopecaja, por su lado, también apuesta por los créditos verdes.

Por ahora el sector comercio y el empresarial también representa una serie de limitaciones para las cooperativas, ya que al no poder establecer transacciones con personas jurídicas pueden financiar únicamente a microempresas que soliciten créditos a través de sus dueños, mediante créditos a título personal.