Por: María Fernanda Cisneros.   16 junio
El mercado de valores sigue en movimiento en medio de la incertidumbre y los precios de los eurobonos costarricenses vienen descontando deterioro de las finanzas del país desde hace semanas. Fotografia Marcela Bertozzi
El mercado de valores sigue en movimiento en medio de la incertidumbre y los precios de los eurobonos costarricenses vienen descontando deterioro de las finanzas del país desde hace semanas. Fotografia Marcela Bertozzi

En plena crisis, las calificadoras de riesgo sacuden una vez más la imagen de la deuda internacional de Costa Rica. Esta vez revisaron la nota del país en medio de una pandemia que golpea a las economías del mundo.

La calificación de Costa Rica ante estos organismos ya venía deteriorándose pese a la reforma fiscal. No obstante, la subida del déficit fiscal del 2019 acentúo ese deterioro y la llegada del COVID-19 fue el empujón para un declive mayor.

Standard & Poor’s rebajó la calificación el 9 de junio, el anuncio más reciente. Días antes, Moody’s anunció un cambio en la perspectiva de estable a negativa (ya le había bajado la nota en febrero), mientras Fitch Ratings rebajó ambos calificadores un mes antes.

El desmejoramiento de las finanzas públicas en la última década y la existencia de una única reforma fiscal, ahora insuficiente, explican la mayor parte del deterioro de las calificaciones de estas tres empresas internacionales.

Para mal de todo el país, la pandemia llegó a derrumbar cualquier leve esperanza de que en 2020 las arcas estatales podrían reducir su déficit financiero y la economía tendría una leve mejoría.

Este mal momento lo atraviesa una buena parte de la región latinoamericana, que apenas levantaba en producción y le costará levantarse después de la crisis sanitaria y económica.

Cuán razonable puede resultar una rebaja la calificación de riesgo, en medio de una coyuntura económica que afecta al mundo y que amenaza la estabilidad hasta de los países que venían creciendo a buen ritmo.

Si el golpe de la crisis desatada por la pandemia es ineludible, ¿debería existir un tratamiento especial de las calificaciones y evitar el golpe aun mayor que podría generarles una rebaja en la calificación?

Para el economista Gabriel Alpizar, degradar las notas crediticias de los emisores afiliados a este servicios es contraproducente en el manejo de la crisis, cuando la única dirección que pueden seguir los soberanos y corporativos es hacia bajo.

Es claro que la pandemia golpea a las economías, pero la profundidad en la desaceleración de la economía, de los menores ingresos de las arcas estatales, del ensanchamiento de la deuda y el gasto público, impacta cada nación con disimilitud.

Desde la óptica de las calificadoras, el impacto que esta crisis tendrá en las economías no puede pasarse por alto, al tratarse de un golpe del que a los países les costará superar, principalmente a los de América Latina.

Las expectativas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de las mismas calificadoras, apuntan a que los países latinoamericanos no solo tendrán una caída más profunda, sino que también una lenta recuperación en los años que vienen.

Es por esto que las agencias se hacen dos preguntas clave para determinar cómo impactará este complejo panorama, en la calificación de riesgo de cada país.

  • ¿Existe espacio fiscal?
  • ¿Este país va a poder corregir el deterioro después del COVID-19?

Estas son los dos cuestionamientos esenciales que se hacen en la coyuntura actual, afirmó Lisa M. Schineller, líder de S&P en Calificaciones de Finanzas Públicas Soberanas e Internacionales para las Américas, durante un webinar organizado por la Bolsa Nacional de Valores (BNV) el pasado 10 de junio.

Aun cuando los modelos de las calificadoras determinen que deben incorporar un ajuste en medio de la pandemia, las reducciones en las notas que otorgan a los países, incluida Costa Rica, tienen consecuencias en el mercado.

Existe un impacto en las posibilidades de obtener fondeo en el mercado externo, haciéndolo aún más costoso e inclusive cerrando muchas puertas, añadió Alpízar, también extesorero nacional.

Al Gobierno costarricense ya se le hace más complicado acudir al mercado externo para fondearse, al menos no tan barato como lo hacía antes.

Los ajustes en las calificaciones de Costa Rica llegaron en el último mes, motivados por este nuevo golpe de la pandemia, pero el mercado ya anticipaba los eventos fiscales y políticos en su propia valoración de la realidad del país.

Aunque se trata de un anuncio de las calificadoras, los resultados de las arcas estatales son los que se han encargado de deteriorar las finanzas públicas. Solo la llegada de esta crisis ya envió una señal clara al mercado.

Los precios ya venían ajustándose en los eurobonos costarricenses. Los últimos ajustes de las calificadoras vienen a confirmar el criterio que los analistas de los puestos de bolsa internacionales ya estimaban e inclusive habían descontado, anotó José Rafael Brenes, director general de la Bolsa.

Al revisar lo que pagan los países de América Latina por sus bonos, sobre los bonos del Tesoro de Estados Unidos, Costa Rica ya se ubicaba (al 1 de junio) en el segundo lugar de mayor diferencial con 8,18 puntos porcentuales (pp).

Solo era superado por El Salvador (9,29 pp de diferencial), un país con una calificación menor, anotó el exjerarca del Banco Central, Francisco de Paula Guttiérrez, en una charla de Coopenae.

Costa Rica aun está lejos de ese título default, pero la urgencia de buscar un saneamiento de las finanzas públicas es similar.

“Con el nivel actual no tenemos una perspectiva de default, pero la conversación es más que similar”, afirmó Lisa M. Schineller, líder de S&P en Calificaciones de Finanzas Públicas Soberanas e Internacionales para las Américas.

Al consultarle al presidente Carlos Alvarado sobre la existencia de una preocupación hacia un deterioro mayor de la calificación de Costa Rica, indicó que “las calificaciones mucho están basadas en materia de especulación y yo no especulo con lo que vamos a hacer. Yo sé lo que vamos ha hacer y hemos vemos venido haciendo hace dos años”, afirmó en entrevista con EF el 8 de junio.

Revisiones recientes

Al menos en la región, son varias las naciones que experimentan el mismo infortunio que Costa Rica en términos de la calificación de riesgo.

Quienes se han librado de notas a la baja son aquellos países que tienen grado de inversión. Esa nota que tenían los bonos soberanos costarricense por allá del 2010.

Fiftch Ratings, Moody’s y S&P han hecho importantes ajustes en las notas desde el inicio de la pandemia y hasta ahora.

Inclusive, el récord histórico de S&P evidencia, como tendencia global, que en el periodo 2018-2019 existió una tendencia de mejoras en las calificación y perspectivas de riesgo, pero desde el inicio de la pandemia se han revisado más a la baja, con perspectivas negativas.

La tendencia también es visible en el resto de calificadoras, y tampoco discrimina calificación, aunque son más favorables para países con mejor desempeño reciente de su producción y de sus finanzas públicas.

Por ejemplo, Panamá, un país que crecía más que sus pares de la región antes de la pandemia.

Más allá de las calificaciones, el golpe para Costa Rica y la región es evidente.

El apetito por recursos ha sido sustancioso entre los miembros del FMI. Solo en América Latina, este ente aprobó desembolsos por $4.416 millones en créditos rápidos (RFI, por sus siglas en inglés) para nueve países.

La perspectiva es que la producción retome sus niveles pre pandemia a partir del 2023, y esa lenta recuperación es la que desata muchos de los anuncios de bajas en calificaciones.