Por: María Fernanda Cisneros.   13 mayo
Una calificación pone en juego mucho para un país, el acceso al mercado internacional y qué tanto deba pagar por financiamiento. Archivo.
Una calificación pone en juego mucho para un país, el acceso al mercado internacional y qué tanto deba pagar por financiamiento. Archivo.

Costa Rica todavía está en capacidad de cumplir sus compromisos financieros, pero es cada vez más vulnerable al panorama económico.

Hoy ve a la distancia el eventual incumplimiento de pagos, que según las calificadoras, cada vez suma más riesgos para materializarse.

Pero ¿cuán lejos está Costa Rica de recibir la indeseada calificación de default? Esto depende del criterio de calificación de cada agencia, pero estamos a dos o tres niveles de deterioro, y a la misma distancia de recuperar la buena nota que teníamos años atrás. La mala noticia es que es más fácil perder una buena nota, que recuperarla.

La creciente deuda y un déficit fiscal que sube sin descanso hacen hoy de Costa Rica un país con grado especulativo de alto riesgo crediticio. Atrás quedó el grado de inversión que tenía entre el 2010 y el 2014.

Implicaciones

El panorama ha ido deteriorándose desde finales del 2017, año desde el cual registra bajas en calificaciones de riesgo por parte de Fitch Ratings, Moody’s y Standard & Poor’s.

El empeoramiento en las notas no ha sido consecutivo, pero el llamado a la necesidad de reducir el nivel de la deuda y el déficit fiscal sí. Las calificadoras han hecho alertas, que han terminado en malas noticias.

Una calificación pone en juego mucho para un país. Cuanto peor es la nota que recibe, más cara es una emisión externa y menos el atractivo que puede generar un bono en los inversionistas internacionales.

Solo la idea de pensar en un deterioro mayor de la calificación cierra poco a poco las puertas de acceso de Costa Rica al mercado financiero externo en condiciones favorables.

Ya de por sí el Gobierno descartó para este 2020 una nueva emisión de eurobonos, ante lo convulso del mercado. Los rendimientos del país, al igual que el resto de naciones emergentes, subieron de golpe por la incertidumbre generada por la pandemia.

Un bono con vencimiento cercano a largo plazo (bde45) pasó de rendir alrededor del 6% a inicios de marzo, a 9,09% en el arranque de mayo, según datos de Bloomberg. Cuando sube el rendimiento, el precio baja, y viceversa.

El Salvador tiene una calificación de riesgo de B-, según Fitch Ratings, un nivel más bajo a la de Costa Rica, y su bono a diez años se sitúa en 10,696% al vencimiento. Mozambique, un país con una calificación de CCC, aún más baja que la de el vecino centroamericano, muestra un 11,866%.

Estos datos de Bloomberg evidencian que, si la calificación de Costa Rica continúa deteriorándose, en este momento el mercado puede cobrarle fácilmente un punto y medio, así como hasta casi tres puntos de más en la tasa de interés.

Por ahora la Tesorería depende entonces de los préstamos multilaterales y de las medidas que adopte el Gobierno para abastecerse de recursos o recortar los gastos, pero sin duda reabrirá esta puerta en 2021 porque la necesita.

Las calificadoras coinciden en que el país atiende bien la pandemia, pero este golpe económico aumentó los riesgos de desatender el camino hacia la sostenibilidad de las finanzas públicas. Ante esto, recomiendan al país buscar medidas adicionales de ingreso y gastos, ante una reforma fiscal que se hizo insuficiente.

Si el panorama proyectado ya es de un mayor déficit, más endeudamiento y una contracción en la producción, ¿es posible pensar en más reducciones?

Fitch Ratings

Las calificaciones de Fitch Ratings van de AAA como la mejor nota posible a D como la peor (cuando el país está en bancarrota), para un total de once posiciones.

En cada una de esos puestos, Fitch puede otorgar un - o un + para reflejar si hay más o menos riesgo en la capacidad de pago. También, lo acompaña de una perspectiva negativa, estable o positiva, que determinan las posibilidades de rebajar, mantener o subir la nota.

Las revisiones de calificación pueden implicar solo un cambio de perspectiva o una nueva calificación de golpe.

El 8 de mayo Fitch bajó la nota del país de B+ a B, manteniendo la perspectiva negativa. Ahora es vecino de países como Ucrania y supera por poco a países como El Salvador (B-) y por mucho más a otros como Mozambique (CCC).

Esta nueva calificación se ubica a un puesto en la escala general del grupo CCC (que ve el default como una posibilidad real). También, está a tres posiciones de llegar a C, cuando se afirma que el país empezó el proceso de impago.

La mejor nota que ha tenido Costa Rica en Fitch es un BB+, nota de la cual hoy está a un puesto en la escala general.

¿Qué puede hacer bajar esta nota? El comunicado de Fitch enlistó tres razones posibles por las que puede bajarla.

Primero, al evidenciarse estrés en el financiamiento externo. Si no se puede acceder a préstamos externos e internos, y se acumulan los pasivos de deuda a corto plazo.

Segundo, si aumentan los riesgos para la sostenibilidad de la deuda y consolidación fiscal posterior a la crisis. Y tercero, si hay evidencia de estrés de liquidez externas, por ejemplo, un debilitamiento de las reservas internacionales.

Moody’s

En Moody’s las notas van de Aaaa hasta C, de mejor a peor. Además, en cada uno de esos escalones sitúa niveles de 1, 2 o 3, para identificar cuando hay alto riesgo, medio o bajo, dentro de las condiciones de cada categoría. Al igual que el resto acompaña la nota con una perspectiva negativa, estable o positiva.

En su última revisión (10 febrero, 2020), Moody’s bajó la calificación de Costa Rica de B1 con perspectiva negativa, a B2 con perspectiva estable. Comparte esta nota con Camerún, Camboya y Egipto.

Esta nota lo ubica a tres pasos del peor panorama, y a dos de recuperar la buena posición que registró el país entre 2010 y 2014.

El comunicado emitido en febrero explicó que la perspectiva estable de la calificación reflejaba que “las presiones de financiación y liquidez seguirán contenidas incluso cuando las métricas de deuda continúen aumentando”. Sin embargo, no se contemplaba en ese momento el golpe del coronavirus.

Standard & Poor’s

S&P sitúa las calificaciones de AAA (grado de inversión con fuerte capacidad para atender obligaciones) hasta D (grado especulativo, con incapacidad de pago), en un total de diez puestos.

La nota para Costa Rica es de B+, con perspectiva negativa, al lado de Bolivia, Jamaica, Ruanda y Senegal.

Al gobierno costarricense le faltaría bajar tres escalones para llegar al indeseado nivel C, cuando la vulnerabilidad de impago es altísima.

La perspectiva negativa indica el riesgo de una rebaja en los próximos 12 meses “si, después de la pandemia, la administración Alvarado y el Congreso muestran compromisos desiguales para un ajuste oportuno del perfil fiscal del país”, explicó el comunicado emitido el 26 de marzo, 2020.

Problemas de liquidez

El país vio muy de cerca la imposibilidad de pagar sus obligaciones a finales del 2018, cuando el Ministerio de Hacienda tuvo que acudir al Banco Central de Costa Rica (BCCR) en busca de dinero prestado. Las letras del tesoro, ahora más conocidas por su reciente uso, pusieron a los economistas a desempolvar la historia al ser un recurso no utilizado desde 1994.

Luego de importantes fricciones de liquidez, el país salió a flote y logró ordenar sus finanzas al punto de pasar de vivir al día a día con sus gastos, a llevarles dos meses de ventaja, según lo afirmó la exministra de Hacienda Rocío Aguilar cuando todo mejoró en el 2019.

Aún así, esto le costó al Gobierno rebajas en calificaciones y perspectivas negativas, que con la llegada del nuevo coronavirus terminan de dar una zancadilla a la posibilidad de Costa Rica de acudir al mercado externo en busca de recursos.