Por: Laura Ávila.   13 abril, 2020
Con la llegada del COVID-19 el país aplicó medidas de distanciamiento social y una restricción vehicular sanitaria para prevenir los contagios masivos. Foto: John Durán
Con la llegada del COVID-19 el país aplicó medidas de distanciamiento social y una restricción vehicular sanitaria para prevenir los contagios masivos. Foto: John Durán

A febrero del 2020 la actividad económica costarricense mostraba un ligero repunte y llegaba al 2,7%, una cifra superior en 1,2 puntos porcentuales si se compara con el dinamismo que tenía hace un año y que era del 1,5%. Según cifras del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) que se dio a conocer el pasado 8 de abril.

Durante los primeros dos meses del año la actividad económica de Costa Rica aún no manifestaba los efectos negativos del COVID-19, ya que estos cobraron mayor fuerza en la segunda mitad de marzo.

Sin embargo, con la llegada de la pandemia el entorno macroeconómico cambia por completo.

El domingo 12 de abril el Banco Mundial proyectó que la economía costarricense caería 3,3% (cifra negativa). Aunado a esto la producción latinoamericana y del Caribe (excluyendo a Venezuela) se podría contraer 4,6% al cerrar el 2020.

“Creo que lo primero es tener claro que se trata de estimaciones con un grado de incertidumbre máximo, no solo en cuanto a la profundidad y duración temporal de los efectos del distanciamiento social sobre la economía sino que además acerca de la senda que tomará la situación sanitaria”, comentó el economista José Luis Arce y director de FCS Capital.

La proyección del Banco Mundial dista mucho de las previsiones que el Programa Macroeconómico del Banco Central de Costa Rica (BCCR) hizo a inicios de año, cuando estimaba un crecimiento del 2,5% para el 2020.

Antes de la llegada del COVID-19 al país existían diferentes factores que impulsaban la evolución económica del país, como que las empresas en regímenes especiales crecían a dos dígitos y el sector manufactura presentaba la mayor tasa de crecimiento desde marzo de 2007.

Afectación de la economía por COVID-19

Para el 12 de abril el Banco Mundial no solo realizó las proyecciones de crecimiento, sino que advirtió que América Latina y el Caribe no cuentan con el espacio fiscal del que sí gozan las economías avanzadas para hacerle frente a la crisis sanitaria internacional.

“Algunos (países) ya afrontaban crisis antes del brote de COVID- 19. Las economías de la región también se caracterizan por mayores niveles de informalidad, lo que hace que sea mucho más difícil llegar hasta sus empresas y hogares por medio de mecanismos como el aplazamiento del pago de impuestos y las subvenciones salariales”, señala el comunicado de prensa del Banco Mundial.

La crisis por el nuevo coronavirus surgió contexto complicado para la economía latinoamericana que durante el 2019 tuvo grandes agitaciones sociales, y que además experimentó un colapso en los precios internacionales del petróleo a principios del 2020.

Para este año el Banco Mundial proyecta que la economía costarricense podría caer 3,3%. El Banco Central de Costa Rica (BCCR) prevé que el país sufrirá por el alto grado de dependencia comercial y financiera que tiene con la economía mundial, según el Comentario de la Economía Nacional, publicado el 10 de abril.

El Central estima que el país enfrentará atrasos en la obtención de insumos, una menor demanda externa de bienes y servicios, caída en el turismo y efectos directos e indirectos por las medidas de la demanda sanitaria.

También influye el paro repentino y por un plazo imprevisto de la actividad en sectores como turismo, restaurantes y hoteles, los cuales tienen un peso importante en la actividad económica del país, considera el economista Alberto Franco.

“En general hay cierto consenso en que a nivel de los principales socios comerciales costarricenses (Estados Unidos y Europa) lo que veremos es una contracción muy rápida y profunda en el segundo y tercer trimestre de este año. Ateniéndonos a lo que ha sucedido con la COVID-19 en el Sudeste de Asia, (habría) un rebote importante de la actividad económica a partir del cuarto trimestre”, considera el economista José Luis Arce y director de FCS Capital.

Las proyecciones del Banco Mundial se unen a las de la calificadora Standard and Poor´s que estima que la economía caería 1,5% y el déficit fiscal se situaría en 8% del Producto Interno Bruto (PIB).

Una proyección similar hizo Moody´s que estima que el déficit fiscal se situaría en 8,1% del PIB y el crecimiento económico caería 1,5%. Ambas firmas dieron a conocer sus pronósticos hace más de una semana.

En esta coyuntura incertidumbre el BCCR construye varios escenarios en vez de una proyección central. Es decir, uno más optimista y uno pesimista para entender cuáles serían las magnitudes de la crisis en diferentes circunstancias y bajo diferentes supuestos, comentó Rodrigo Cubero, presidente el BCCR en una entrevista a EF publicada el pasado 2 de abril.

El Banco Mundial también estima una recuperación para el 2021. En este escenario la proyección que hace es que el Producto Interno Bruto (PIB) podría llegar a 4,5% para el próximo año.

Esto podría suceder a medida en que se recupere la demanda externa de bienes y servicios, y las actividades económicas se ajusten a las restricciones locales para evitar el contagio. Luego de una contracción muy profunda durante el segundo y tercer trimestre del año, considera Arce.

¿Cómo estaba la economía antes de la crisis sanitaria?

La producción costarricense presentaba un leve repunte del 2,7% a febrero de este año, luego de estancarse en 2,6% durante tres meses consecutivos (noviembre, diciembre y enero).

A pesar de que el crecimiento de la economía estuvo estático durante ese periodo, desde julio del año pasado mostraba un dinamismo moderado.

El crecimiento en diferentes sectores era lo que impulsaba la evolución económica.

A febrero las empresas ubicadas en regímenes especiales crecían a tasas de dos dígitos (10,3%) y las del régimen definitivo crecieron al 1,4%. En este caso el dinamismo que experimentaron las empresas del régimen definitivo fue el más alto desde setiembre de 2018.

Esto se debió a la recuperación de la industria agropecuaria y de la actividad comercial, que desde agosto de 2019 comenzó a mostrar tasas positivas de crecimiento después de diez meses de reducción en el nivel de producción.

Pese a este repunte, el régimen definitivo aún resentía la contracción de la industria de la construcción, que hasta febrero acumulaba quince meses consecutivos de desaceleración. Este sector tuvo una contracción del 14,7% por una menores edificaciones de destino privado y público.

Por su parte la actividad agropecuaria aumentó la producción en 2,2% por la normalización de las condiciones climatológicas, lo que favoreció la producción de banano y productos que se destinan para el mercado local como las hortalizas, raíces, tubérculos y arroz.

La manufactura creció 4,6% y esta es la mayor tasa que se presenta desde marzo de 2007.

Este comportamiento se explica por el dinamismo de los regímenes especiales (9,8%), especialmente por la fabricación de implementos médicos, la mayor producción de bienes alimenticios, farmacéuticos y la recuperación en la producción de café.

Por su parte la mayor comercialización de alimentos (incluidos los agropecuarios), productos farmacéuticos, de cuido personal y bebidas en general permitió que la actividad comercial creciera 1,4%.

También se daba dinamismo en los servicios que crecieron 3,7% por el aumento de 5,1% en los servicios empresariales, debido a la mayor prestación de servicios de consultoría en gestión y apoyo a empresas. Dos actividades vinculadas con los regímenes especiales.

Además incidió el incremento en las actividades de enseñanza y salud (3,9%) por una mayor producción del sector público en estos servicios.

En febrero se dio un aumento del 9% en el flujo de turistas que ingresaron al país, según datos del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), comportamiento que incidió en la demanda de servicios de alojamiento y de comida.

Entretanto los servicios de distribución de electricidad y agua disminuyeron 0,8% por una menor distribución de energía a las industrias y la caída de 6,8% en las ventas de agua en metros cúbicos.