Por: María Fernanda Cisneros, Sergio Morales Chavarría.   2 abril
"En este contexto actual, el Banco Central está listo para proveer la liquidez necesaria a los mercados financieros en colones y también, en la medida que nuestros recursos lo permitan y siendo cautos, en dólares", afirmó Rodrigo Cubero, presidente del BCCR. Fotos: Mayela López

La economía costarricense crecerá menos en 2020, y posiblemente también en 2021, pero cuán profundo será el golpe es lo que el Banco Central de Costa Rica (BCCR) aun está calibrando en sus estimaciones.

Además de la dinámica de la producción, una preocupación central de la autoridad monetaria es la liquidez del sistema financiero, para evitar volatilidades en precios y rendimientos en los mercados, incluido el cambiario.

A continuación un extracto de la entrevista que dio Rodrigo Cubero, presidente del BCCR, a EF el 1 de abril del 2020:

¿Qué podemos esperar de las previsiones económicas del Central?

En esta coyuntura de enorme incertidumbre en el mundo, lo que estamos haciendo es construir escenarios en vez de una proyección central. Uno más optimista y uno pesimista, para poder entender cuáles serían los órdenes de magnitud de la crisis en diferentes circunstancias y bajo diferentes supuestos.

Un supuesto clave es qué ocurre en la economía mundial, estamos esperando los insumos del Fondo Monetaria Internacional (FMI) que están por salir (el 14 de abril).

Si bien es cierto el sistema financiero entra a esta crisis sanitaria en una posición de relativa fortaleza, tanto en términos de liquidez como de suficiencia patrimonial, un choque por la vía de la moratoria generaliza podría comprometer estos indicadores.

Ciertamente tendremos que hacer una revisión y sin duda va a ser a la baja en el crecimiento para el año 2020, posiblemente también para el 2021.

La dirección es a la baja, pero la incertidumbre es sobre la magnitud.

Más allá de las previsiones macroeconómicas y de crecimiento, tenemos modelos de pronóstico de la inflación que apuntan a que se mantendrá baja en el horizonte de proyección de dos años.

¿Cuáles son los sectores más afectados hasta ahora?

Es claro que el segmento más afectado ha sido el sector turismo (hoteles y restaurantes), también el sector de entretenimiento y comercio.

Sectores como supermercados y farmacias han visto un incremento en su demanda, pero hay un sector en comercio que sí se ha visto golpeado.

También en transporte público es donde vemos las mayores áreas de afectación y en cierta medida manufactura. El sector de construcción también muy fuertemente.

¿Qué pasa con el sector agropecuario?

En el caso de la demanda interna, por lo que tenemos entendido, no se ve golpeado fuertemente. En las exportaciones de productos agrícolas ha habido algunas cancelaciones de contenedores, no tanto de alimentos, sino sobretodo en plantas y follajes.

Es posible que se dé también una reducción en el área de alimentos, por la menor demanda mundial.

El sector financiero ha sido foco de atención en medio de la coyuntura, principalmente por las moratorias en los préstamos, ¿cuáles son los riesgos que enfrenta este segmento?

Para el sector financiero la situación que se desata con la pandemia del coronavirus es muy delicada.

Por un lado, afecta los activos que tienen los créditos. Además, mucha gente está perdiendo sus empleos, sus ingresos y la capacidad de pago de todos esos deudores se va a ver seriamente comprometida.

Por otro lado, podría haber una afectación en las líneas de crédito que tienen los bancos con los bancos del exterior. Eso también les podría golpear su capacidad de tener liquidez.

En conjunto con todo esto, tenemos la posibilidad de que hayan movimientos en los precios de los activos financieros: títulos valores.

Algunos golpes vienen de adentro y otros de afuera, pero ciertamente son efectos importantes sobre la posición de liquidez.

Encima de esto, vienen las iniciativas para moratoria generalizada, lo que es tremendamente peligroso para el sector financiero.

Esto no es solo peligroso para el sistema financiero como un todo, sino que también tendría un efecto de ineficiencia e incluso de injusticia, al no asignar los recursos de las readecuaciones crediticias a quienes más lo necesitan, sino a todo el mundo.

Además de esos factores que usted señala de injusticia y poca solidaridad, ¿puede el sistema financiero soportar una moratoria indiscriminada de ese calibre?

No, eso podría comprometer la posición de liquidez de los bancos, la liquidez sistémica en nuestro sistema financiero.

Si bien es cierto el sistema financiero entra a esta crisis sanitaria en una posición de relativa fortaleza, tanto en términos de liquidez como de suficiencia patrimonial, un choque por la vía de la moratoria generaliza podría comprometer estos indicadores.

El Banco Central ha anunciado varias medidas, por ejemplo la mayor participación en los mercados de liquidez, ¿qué buscan lograr con esos cambios?

En primer lugar se redujo la Tasa de Política Monetaria (TPM), para llevarla a 1,25%, es la tasa más baja en la que ha estado desde que se instituyó. La idea de estos es empujar las tasas de interés a la baja para ayudar en el corto plazo a que se alivie la situación de quienes han tomado créditos en tasa variable.

Vimos que la Tasa Básica Pasiva bajó a su mínimo histórico, está en 3,80% y esa es justamente la dirección en la que queremos que marchen las tasas de interés.

Las otras medidas tienen que ver con la provisión de liquidez. Hemos ampliado la gama de instrumentos que tiene el Banco Central para intervenir en diferentes mercados, incluyendo en este momento los mercados en dólares, tanto en el mercado integrado de liquidez, como en las recompras en la Bolsa, y en el MEDI.

El apoyo de liquidez del Banco Central en el MIL es permanente y hemos ampliado la negociación, en colones y dólares, para asegurarnos que tenemos al sistema bien alimentado con la liquidez que se requiera para evitar fluctuaciones violentas en precios y en rendimientos en el mercado financiero.

¿Esa mayor intervención puede impactar las reservas internacionales?

La posición de reservas afortunadamente es buena, tenemos más de $8.000 millones, que representan alrededor de un 13% del PIB.

Es una posición cómoda para enfrentar esta situación, nos da la posibilidad de utilizar las reservas para evitar los choques en los diferentes segmentos del sistema financiero, incluyendo los mercados de liquidez. También, podríamos tener que usarlas en el mercado cambiario para reducir fluctuaciones violentas que pudieran surgir en los días y semanas que vienen.

Esas reservas se usan como un seguro para enfrentar los choques externos y es importante no utilizarlas para fines distintos a los que fueron previstos. Utilizarlas para otros fines podría ser contraproducente para la confianza.

Si fuera necesario, ¿acudirían nuevamente al FLAR (Fondo Latinoamericano de Reservas)?

No deberíamos descartar una medida de esa naturaleza.

Es importante mantener las líneas de diálogo con los organismos multilaterales para tener acceso a recursos externos. En particular, considerando que podría haber una situación con la provisión de divisas a la economía costarricense resultante de la caída de ingresos por sector turismo, el enfriamiento de las exportaciones y de los mercados de capitales.

Estamos mantenimiento diálogo activo con organismos multilaterales para mantener acceso a financiamiento en moneda extranjera en los meses y años que vienen.

La inflación no representa un riesgo al alza, pero más bien hay muchas presiones a la baja, ¿analizarían reducir el rango meta?

Nosotros hemos anunciado que estamos replanteando la meta de inflación del Banco Central, queríamos abrir un proceso de consulta a lo interno del Banco y también con el público en general, y expertos fuera del BCCR, sobre el rango meta y la meta de inflación.

Claramente en este momento no estamos pensando moverlo, ni tampoco cuando lanzamos el programa macroeconómico, porque la idea era hacer un proceso de consulta que podría tardar uno o dos años.

En este momento, con la meta de inflación que tenemos, los riesgos son a la baja. Posiblemente la inflación se mantenga cercana a la banda inferior del rango meta (2%), y podría estar por debajo de eso como lo indican algunos de los escenarios macroeconómicos que tenemos.

En el contexto de que se mantengan los precios del petróleo como están actualmente, muy bajos, por ahí también vendría una razón por la que las razones inflaciones se verían reducidas. Y con este golpe económico, alto desempleo y brecha de producto negativo, todo eso produce presiones desinflacionarias.

Todo eso apunta a que tenemos riesgos inclinados, con lo cual la preocupación del Banco Central es cómo proveemos la liquidez financiera al sistema financiero para mantener la estabilidad en los meses que vienen, como consecuencia de los posibles choques de liquidez que enfrenta el sistema.

El compromiso sigue siendo mantener una inflación baja y estable, y eso significa que cuando esté por debajo del rango meta también trataremos de traerla de vuelta y aplicar una política monetaria expansiva, que le llamamos contracíclica.

En este contexto actual, el Banco Central está listo para proveer la liquidez necesaria a los mercados financieros en colones y también, en la medida que nuestros recursos lo permitan y siendo cautos, en dólares.

¿Qué está valorando el equipo económico para evitar que el golpe que da el COVID-19 a las finanzas públicas sea el menor posible?

En primer lugar, la priorización de esos gastos en salud pública y transferencias sociales.

En segundo lugar, la incorporación de medidas fiscales compensatorias, que incluyen algunas que ya se han anunciado. Por ejemplo, la introducción de un mecanismo para que el diferencial en el precio del petróleo se canalice hacia el Gobierno y se permita un uso de estos recursos para mitigar el impacto fiscal. Otro es el aumento en el impuesto sobre la renta, sobre todo en el segmento de ingresos altos, salarios de más de un millón de colones.

Se están pensando también en recortes al gasto y el señor ministro de Hacienda ya ha anunciado recortes de alrededor de ¢100.000 millones para mitigar el impacto fiscal.

Esas son la primera línea de medidas, y estamos en este momento viendo un presupuesto extraordinario que tendría ¢255.000 millones adicionales, una buena parte de lo cual iría a transferencias sociales.

Hay que buscar más medidas para mitigar el impacto a las finanzas públicas y que la sostenibilidad a mediano y largo plazo no se vea fuertemente comprometida como consecuencia de esta coyuntura.