Por: María Fernanda Cisneros.   28 septiembre, 2018

Lejos de ser una medida para alarmar a la población y desviar la atención de la huelga, el Gobierno acudió al Banco Central en busca de recursos porque su caja chica está en reales aprietos.

En el último año, y en especial durante el 2018, el desbalance de las finanzas públicas se ha agudizado.

Los ingresos son insuficientes para atender las obligaciones y a esto se le suma el cierre de año, un periodo en el que además de los gastos usuales (como los vencimientos de la deuda) se debe atender el pago de aguinaldos del sector público.

Las letras del tesoro son una emisión monetaria que hace el Banco Central para fondear de recursos al Ministerio de Hacienda, en otras palabras, se trata de un préstamo de dinero entre ambas entidades. Se acude a esta medida únicamente en casos de emergencia y así lo ha evidenciado la historia.

La situación que vive el Gobierno es como la que experimentan muchas familias costarricenses.

Piense en un hogar cuyo ingreso no alcanza para atender los grandes y crecientes gastos, sean la educación de los hijas, las deudas, la alimentación, el pago de servicios públicos y otros. Entonces, a la familia no le queda más que acudir a la tarjeta de crédito, pero llega un momento en el que la deuda se hace insostenible.

La cabeza del hogar decide buscar un extrafinanciamiento, que le dará tiempo mientras obtiene un préstamo, con mejores condiciones, que le permita obtener más recursos, unificar deudas y organizar mejor los pagos.

Los gastos se comen los ingresos

Basta con ver el comportamiento de las finanzas públicas para darse cuenta de que el faltante de recursos va mucho más allá de un discurso para alarmar a la población.

No ha habido mes en el que Hacienda haya podido cubrir sus gastos a punta de ingresos corrientes. Todos los meses del 2018 han sido deficitarios.

Aun cuando se quita el pago de intereses, las entradas de dinero de Hacienda siguen siendo insuficientes. Al hacer este ejercicio, solo en marzo y junio los ingresos habrían cubierto los egresos.

El acumulado a agosto muestra un déficit financiero de ¢1 billón, un 3,7% del Producto Interno Bruto (PIB).

Sin embargo, el Banco Central estimó que para el término del año ese desbalance llegará al 7,2% del PIB y será del 7,9% el próximo año, sin una reforma.

La gran dicotomía de este desbalance es que las opciones para atenderlo son cada vez menos y los gastos son altos.

Los gastos que se avecinan

El último trimestre de cada año está colmado de gastos, y por supuesto, diciembre representa la mayor porción de los egresos dada la presión de aguinaldos.

El gasto del Gobierno para atender las obligaciones en el último trimestre de los cuatro años más recientes (2014-2017) ha ido en aumento. La cifra pasó de ¢1,6 a ¢2 billones en ese periodo.

Si se toma como referencia el dato del año pasado, el dinero dotado por las letras del tesoro (¢498.000 millones) alcanzará para cubrir los gastos de un mes o mes y medio como máximo.

No está de más recordar que las necesidades de recursos de la Tesorería Nacional, para el segundo semestre, alcanzan los ¢2 billones. Esa es la cantidad de dinero que necesita recaudar en el mercado.

Otro de los gastos que se avecina es el pago de vencimientos de la deuda, que llega a ¢704.190 millones, que están contemplados en esas necesidades de fondos.

Entonces, las letras del tesoro dan espacio justo para pensar en que la reforma se apruebe, o al menos entre en segundo debate, de aquí al término octubre.

En ese espacio de tiempo, Hacienda deberá concretar con éxito el contrato de colocación y cobrar el dinero que debía el Banco Crédito Agrícola de Cartago (Bancrédito) y ahora, el Banco de Costa Rica (BCR).

Sin una reforma fiscal aprobada, es imposible acudir a la Asamblea Legislativa en busca de una emisión de bonos internacionales, como los llamados eurobonos de años atrás.

El Gobierno tendrá que meter fuerza a las negociaciones para lograr el contrato de colocación, ojalá con inversionistas extranjeros y a un mediano o largo plazo.

Lo mejor es realizar esta operación cuando esté aprobada la reforma o al menos en segundo debate, porque de lo contrario saldrá carísimo, explicó José Rafael Brenes, gerente de la Bolsa Nacional de Valores.

Con la reforma lista, podrá acudir a los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) en busca de más recursos.

Y en ese momento, con mayor fondeo, dedicarse a realizar el resto de cambios estructurales que requiere el país para salir de este hueco fiscal.

¿Por qué Hacienda acudió a este inusual mecanismo?

Este instrumento se utilizó en la crisis de los 80 y luego en 1994, periodos que experimentaron una realidad muy distinta a la actual.

A las 5:12 pm del miércoles 26 de setiembre de 2018, la ministra de Hacienda, Rocío Aguilar, y la tesorera nacional, Martha Cubillo, firmaron las letras del tesoro. Minutos después el BCCR las liquidó.
A las 5:12 pm del miércoles 26 de setiembre de 2018, la ministra de Hacienda, Rocío Aguilar, y la tesorera nacional, Martha Cubillo, firmaron las letras del tesoro. Minutos después el BCCR las liquidó.

En esa época el país vivía presiones inflacionarias que llevaron los precios a crecer a un ritmo de dos dígitos.

Hoy, la inflación está lejos de presiones y la economía, aunque crece menos que un par de años atrás, mantiene cifras positivas.

En esta ocasión, el Gobierno acude a la medida porque experimenta una evidente iliquidez.

Una salida alternativa era fondearse en el mercado local, pero hacerlo significaría presionar al alza las tasas de interés, tal y como lo hizo principalmente en el primer semestre del año.

En la primera mitad del 2018, por ejemplo, la tasa de un bono con vencimiento al 2021 en colones repuntó 50 puntos base. En dólares, un bono que vence al 2022 subió 75 puntos base.

Esas subidas hicieron que la curva de rendimientos se deslizara hacia arriba en la parte corta, ya que los inversionistas presionaron por mayores tasas en los plazos más cortos.

Hacienda optó por canjes, subastas y subastas inversas para “patear la bola” y pasar vencimientos próximos a periodos de mayor plazo.

Esta estrategia le funcionó hasta inicios del año pasado.

Fue en ese momento cuando el mercado empezó a demandar tasas de interés más altas, la incertidumbre aumentó y las intenciones de apostar por la compra de bonos públicos mermó.

Esa misma cautela de los inversionistas los llevó a comprar únicamente bonos de corto plazo y entonces, Hacienda perdió su estrategia.

El Gobierno tuvo que acortar el plazo de vencimientos de la deuda y al mismo tiempo presionar las tasas al alza, precisamente dos factores que había intentado evadir años atrás.

“Probablemente se requerían gestiones políticas, discurso, mensaje y un plan fiscal para que los inversionistas hubiesen tomado un ambiente más conveniente, y no de desconfianza. Por el contrario, se generó mal ambiente”, explicó Freddy Quesada, gerente de INS Valores.

A esto se le suma el que la porción de la deuda en dólares aumentó y entonces el Gobierno debe correr el riesgo del tipo de cambio.

Ahora, Hacienda enfrenta vencimientos acumulados en el corto plazo y esto se une a los gastos crecientes en remuneraciones y transferencias.

Las letras del tesoro llegan en un periodo de escasez de recursos y para dar aire a las finanzas públicas, pero al mismo tiempo pone sobre la mesa del Congreso un reloj de arena para que agilice la aprobación de la reforma fiscal.

Un panorama sin reforma fiscal, con la deuda de las letras del tesoro y los pendientes del cierre de año, colmaría al mercado de incertidumbre e impediría que Hacienda capture los recursos que necesita para salir avante.

Tiempo. Este es justo el principal beneficio del uso de las letras del tesoro en un momento en el que se agotan las opciones de Hacienda para fondearse.

Sin una reforma fiscal, el Gobierno tiene las puertas del mercado externo cerradas y su única otra opción era acudir al mercado local, pero esto tenía un costo: la presión al alza en las tasas y la agresividad en el mercado. Evadir esa presión es el segundo beneficio de la utilización de las letras del tesoro.

Así, la acción entre Hacienda y el Central fue tomada con buenos ojos por los agentes económicos, que creen en los jerarcas de ambas entidades, pero está claro que es temporal.

Sin embargo, las letras le dan aire por un periodo muy corto (90 días) y el resto del camino está por definirse.

Si Hacienda quiere que este plan le resulte victorioso, deberá saldar esta deuda de ¢498.000 millones en 90 días y lograr que la reforma se apruebe en octubre, plazo que sugirió el mismo presidente Carlos Alvarado.

Esto enviaría un mensaje positivo al mercado, que solo así estaría dispuesto a prestarle más dinero a Hacienda para que salga avante en lo que resta del 2018.

La tarea no acaba ahí, porque posteriormente, deberá buscar más recursos a través de otras vías como los contratos de colocación y fondeo en organismos internacionales.

Aún faltan muchos ajustes estructurales para ordenar las finanzas públicas y que Hacienda recupere la confianza del mercado.