El sector exportador costarricense se prepara para un cambio de velocidad.
Tras un sólido desempeño en el 2025 de 8,6%, las proyecciones del Banco Central de Costa Rica (BCCR) apuntan hacia una desaceleración moderada en el volumen de ventas externas que situaría la expansión en un 3%.
Según detalló Róger Madrigal, presidente del ente emisor, durante la presentación del Informe de Política Monetaria, esta dinámica responde a una pérdida de fuerza en la demanda mundial, sobre todo por un menor crecimiento de los principales socios comerciales, la persistencia de tensiones geopolíticas y la amenaza latente del fenómeno de El Niño.
Si bien estos factores golpean directamente el intercambio de bienes, el sector servicios no queda exento.
En este rubro, el impacto se vincula con la exposición a los vaivenes de la demanda internacional y los retos en la competitividad local.
De hecho, los datos reflejan una brecha marcada:
- Bienes: pasarán de un crecimiento del 13,3% a un 6% en volumen.
- Servicios: se proyecta una caída que los llevaría del 2,6% a un terreno negativo de -1,3%.
Pese al pronóstico, el efecto aún no se siente con total rigor.
Según datos de la Promotora del Comercio Exterior (Procomer), las exportaciones crecieron un 8% recientemente, alcanzando un acumulado de $5.556 millones.
El peso de la competitividad
Víctor Umaña, economista del Incae, destacó que la apreciación del colón frente al dólar se ha convertido en un factor crítico que erosiona la competitividad, una preocupación que hoy resuena con fuerza en las cámaras empresariales.
En esa línea, Sergio Capón, presidente de la Cámara de Industrias de Costa Rica (CICR), atribuye el menor dinamismo en bienes a dos causas específicas: la desaceleración en dispositivos médicos y el impacto por la salida de dos empresas de componentes electrónicos entre 2025 y 2026.

“Esta coyuntura explica por qué la manufactura, que brilló con un 10,9% en 2025, moderaría su expansión a un 3,1% este año”, explicó Capón.
Desde la perspectiva de Rodney Salazar, presidente de la Cámara de Representantes de Casas Extranjeras (Crecex), estas cifras deben leerse como una “moderación” y no como un deterioro estructural.
Salazar enfatiza que, aunque el entorno es complejo por costos logísticos y ajustes de inventarios, el país mantiene su capacidad instalada.
Cambio de timón institucional
La nueva ministra de Comercio Exterior, Indiana Trejos, ha trazado una estrategia centrada en:
- Alinear acciones interinstitucionales para negociar nuevos acuerdos.
- Maximizar el aprovechamiento de los 18 tratados comerciales vigentes.
- Reforzar la cooperación con el Ministerio de Agricultura y Ganadería en materia fitosanitaria.
La jerarca reconoció que el país enfrenta una coyuntura geopolítica compleja, a la que se suma la incertidumbre por posibles aranceles en Estados Unidos.
Por su parte, el exministro de la cartera, Marco Vinicio Ruiz, advirtió que el BCCR está reaccionando a un mundo donde el dinamismo se pierde por los precios del petróleo y problemas en el transporte aéreo.
“Las economías más desarrolladas han perdido dinamismo por la situación de los precios de los combustibles. Hay problemas con el sector de transporte aéreo. Es decir, es una situación compleja que se tiene a nivel mundial, entonces el Banco Central está tomando esas previsiones”, dijo.
Además, agregó que aunque el banco no lo reconoce directamente, las empresas exportadoras en Costa Rica y de servicios están teniendo una presión enorme por la fortaleza del dólar. Eso nos hace menos atractivos para la inversión extranjera y las empresas también podrían estar considerando no ampliar su presencia.
El síntoma del IMAE: Zonas francas pierden tracción
Los datos del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) a marzo de 2026 confirman la tendencia.
Mientras el régimen definitivo se acelera, los regímenes especiales (zonas francas) muestran una fuerte desaceleración.
Aunque crecieron un 5,3%, esto representa una estrepitosa caída de 10 puntos porcentuales respecto a marzo de 2025.
El enfriamiento es evidente en la manufactura, que pasó de expandirse un 32,1% a un 7,8% en el último año.
Esta pérdida de impulso en los históricos motores del crecimiento local enciende las alertas sobre la urgencia de diversificar la oferta exportable.
Si bien el país mantiene su atractivo, la salida de jugadores clave obliga a repensar las condiciones de competitividad para evitar que esta moderación se transforme en una tendencia estructural que comprometa el largo plazo.
