Por: María Esther Abissi.   22 octubre

Cuando Verónica Chavarría decidió que quería pedir un crédito proveniente del Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD) para montar su propio negocio, pensó que el camino sería más sencillo.

Hace poco más de dos años decidió instalar su propio consultorio veterinario pero necesitaba recursos a mediano plazo y una tasa de interés conveniente.

Chavarría se enteró de los recursos que ofrece el Sistema por un familiar y decidió visitar el Banco Nacional para pedir información del crédito. Sin embargo, el banco le indicó que enviarían un ejecutivo, que nunca llegó.

Luego de visitar sin éxito la institución financiera, decidió ir al Banco de Costa Rica y el Banco Kristal, también sin resultados.

“Los bancos me decían que tenía que tener un año de haber abierto, un negocio ya conformado. Me decían que mejor pidiera un crédito personal porque el del Sistema no me iba a salir”, explicó la veterinaria.

Después de varios meses de intentos, acudió a solicitar los recursos por medio de una cooperativa, donde la guiaron sobre los requisitos, el estudio de factibilidad, los fiadores y el lugar donde iba a operar el negocio y le fue otorgado el crédito.

EF realizó siete consultas a personas que buscaron recursos de SBD, todos manifestaron que tuvieron que pasar por varias instituciones financieras antes de encontrar la que se ajustó a sus necesidades de crédito y al sector en el que se desempeña.

El crédito promedio del Sistema asciende a ¢4,3 millones por operación y durante este año, la mayoría de los fondos que integran el SBD se han colocado, lo que implica que una porción de las pequeñas y medianas empresas ha logrado tener acceso a ellos.

El Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD) ha entregado más de ¢953.364 millones a 50.580 deudores, un número similar al total de deudores corporativos que han solicitado créditos en el sistema financiero según datos de la Superintendencia General de Entidades Financieras.

A pesar de esto, acceder a los recursos no es una tarea sencilla.

Las entidades tienen problemas para comunicar a los clientes las industrias que financian, los tipos de negocio y los recursos con los que cuentan. Fotografía: Jose Díaz/Agencia Ojo por Ojo
Las entidades tienen problemas para comunicar a los clientes las industrias que financian, los tipos de negocio y los recursos con los que cuentan. Fotografía: Jose Díaz/Agencia Ojo por Ojo

Entre los problemas que rodean a los fondos del SBD están las dificultades de comunicación entre la entidad y el cliente, desconocimiento de cuáles tipos de industria o sector económico financia cada entidad, el proceso y el fin para el que se deben destinar los recursos.

El Sistema de Banca para Desarrollo financia a través de 37 operadores que incluyen entidades bancarias, mutuales, cooperativas y otras entidades financieras.

Las organizaciones gestionan los recursos y ofrecen crédito a condiciones preferenciales para pequeñas y medianas empresas con más de tres años de operación económica y, en algunos casos, a emprendedores que no ejerzan alguna actividad económica pero que tengan un plan de inversión claro y que demuestren capacidad de pago del préstamo, por medio de salario, ingresos o con garantías.

Cada entidad escoge al menos tres sectores productivos a los que destinará los recursos y bajo esa premisa deciden el tipo de empresa y sector que desean financiar. (ver tabla adjunta)

Además, pueden decidir si utilizar los recursos en banca de primer piso, por medio de sus propias sucursales, o de segundo piso, a través de microfinancieras y otras entidades más pequeñas, para llegar a otros sectores que no tendrían acceso por medio de la banca tradicional.

El SBD fue consultado sobre los procesos para obtenerlos recursos y las limitaciones que tenían las pequeñas empresas. Sin embargo, se remitieron a los datos de la cartera y a una vocera de una institución colocadora para que explicara el proceso.

Según explicó Patricia Umaña, jefe de Banca para el Desarrollo de Coocique, las entidades tienen problemas para comunicar a los clientes las industrias que financian, los tipos de negocio y los recursos con los que cuentan.

Lo anterior limita en gran medida la colocación del crédito.

“En muchas ocasiones, la información correcta no llega a los clientes”, admitió Umaña.

Cuando las personas van a solicitar un crédito, es posible que reciban una respuesta negativa de la entidad porque no financian al sector en el que ese cliente se desempeña o por lo contrario, por que no existen más recursos disponibles para esa cartera en particular.

Para Umaña, es necesario que la información que se envía al beneficiario sea veraz y que las personas entiendan la diferencia de los recursos entre los bancos y operadores.

Rigidez en los requisitos

En otros casos, los problemas surgen una vez otorgado el crédito, dada la rigidez de los requisitos.

Adriana González tiene una cafetería-restaurante y solicitó un préstamo de $25.000 dólares para iniciar el proceso de expansión del negocio que ya habían formado hace dos años.

Para acceder a lo recursos, tuvo que esperar tener tres años de ejercicio económico y una garantía real, condiciones que con poca frecuencia poseen los emprendedores.

Finalmente, el crédito fue aprobado después de seis meses de haberlo solicitado, con la garantía de activo de equipo y mobiliario.

Sin embargo, a la fecha no le ha sido desembolsado el dinero.

“Teníamos un contrato de alquiler al que tuvimos que renunciar porque no tuvimos respuesta de la banca. Ese alquiler formaba parte del proyecto que presentamos, por lo que ahora no nos pueden desembolsar el crédito”, explicó González.

Uno de los requisitos principales para la aprobación de los créditos del SBD es que la empresa tenga un plan de inversión claro.

“La entidad no desembolsa el dinero si no es contra las características y los equipos que se plantearon en el plan de inversión. En nuestro caso, después de seis meses de haber pedido el crédito, tenemos que volver a pasar por el proceso de análisis”, explicó González.

Para González, las Pymes requieren más recursos al inicio. Cuando están dispuestos a prestarnos, ya no los necesitamos. Después de tres años es cuando usualmente las pequeñas empresas entran al punto de equilibrio”, afirmó.

Aprobación depende de la industria

De acuerdo con los bancos consultados, que son los que están autorizados para prestar recursos del SBD, el porcentaje de aprobación se ubica entre 75% y 80%.

Además, el desembolso depende en gran medida de el tipo de cartera a la que le quieran apostar las entidades para desarrollar con esos recursos.

En el Bac, por ejemplo, el 70% de los fondos destinados al SBD se dirigieron al sector agrícola, especialmente a productores de leche.

El Banco Nacional, por su parte, financia en un 40% al sector agropecuario, 50% a comercio y servicios.

Víctor Acosta, representante de BN Pymes, explicó que un 22% de los recursos que se han colocado han sido a empresas lideradas por mujeres.

Para Acosta, los principales problemas que enfrentan las entidades a la hora de otorgar recursos es que las personas no llegan con un planteamiento concreto de necesidades de financiamiento.

“A veces los clientes creen que no se les van a pedir requisitos. En otros casos, los emprendimientos son muy prematuros o son solo ideas de negocio, por lo que no califican”, explicó Acosta.

A clientes que ya tienen un negocio de varios años, los recursos le funcionan como una opción de financiamiento más económica en comparación a los créditos regulares de las entidades financieras.

Rita Fernández había ido al Banco Nacional a pedir un crédito para colocar un panel solar y una red de mangueras en su finca lechera. Sin embargo, ya tenía un préstamo con una tasa de interés del 15,1% y no le ofrecieron la opción de financiarse nuevamente.

Decidió ir al Bac, donde le ofrecieron una refundición de deudas de los créditos que tenía en el Nacional y además solicitar un crédito del SBD, a una tasa del 6,1%, con lo que le bajaba sustancialmente la cuota.

Para emprendedores, es más fácil acceder a los recursos a través de aceleradoras, dado que estas los preparan para desarrollar un plan de inversión que luego presentan a las entidades financieras.

Dependiendo del sector y el tipo de empresa, pueden acceder a los recursos por medio de microfinancieras, mutuales y microfinancieras.