Por: Adam Connaker y Saadia Madsbjerg.   17 febrero

En 2007, el European Investment Bank lanzó sus primeros bonos verdes, un bono indexado de acciones por 600 millones de euros, cuyos ingresos fueron usados para financiar proyectos de energías renovables y eficiencia energética. Un año más tarde, el Banco Mundial hizo lo propio y, para el 2017, se habían lanzado más de $155.000 millones en bonos verdes tanto públicos como corporativos.

Los inversionistas son cada vez más conscientes de las consecuencias sociales y ambientales de las decisiones que toman gobiernos y compañías. Pueden ser rápidos para castigar a las compañías por prácticas cuestionables de trabajo infantil, abusos de derechos humanos, impacto ambiental negativo, mala gobernanza o falta de equidad de género. (Foto: Shutterstock para EF).
Los inversionistas son cada vez más conscientes de las consecuencias sociales y ambientales de las decisiones que toman gobiernos y compañías. Pueden ser rápidos para castigar a las compañías por prácticas cuestionables de trabajo infantil, abusos de derechos humanos, impacto ambiental negativo, mala gobernanza o falta de equidad de género. (Foto: Shutterstock para EF).

El éxito de estos instrumentos refleja el hecho de que los inversionistas son cada vez más conscientes de las consecuencias sociales y ambientales de las decisiones que toman gobiernos y compañías. Pueden ser rápidos para castigar a las compañías por prácticas cuestionables de trabajo infantil, abusos de derechos humanos, impacto ambiental negativo, mala gobernanza o falta de equidad de género. Acompañe esto con un incremento en las regulaciones tras la crisis financiera del 2008 y un creciente entendimiento de los impactos del cambio climático y sus riesgos para el desempeño, y comenzamos a ver con mayor claridad la necesidad de modelos de inversión que atiendan de mejor forma las preocupaciones de los inversionistas.

El resultado ha sido una creciente demanda de integrar en las decisiones de inversión criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés). A principios del 2018, $11,6 billones de todos los activos profesionalmente administrados –uno de cada $4 invertidos en los Estados Unidos– estaban bajo estrategias de inversión ESG, un rápido incremento desde el 2010, cuando la cantidad era cercana a los $3 billones.

Inevitablemente, el sector de servicios financieros ha respondido con una serie de innovadores instrumentos, algunos semejantes a los descritos previamente, otros muy diferentes. La línea que vincula a estos nuevos modelos y estrategias de inversión es simple: los inversionistas quieren la promesa de desempeño de la ingeniería financiera combinada con la certeza de un mejor mañana.

Muchas de las innovaciones han sido impulsadas por una colaboración entre instituciones públicas, privadas y filantrópicas. Veamos algunos ejemplos particularmente interesantes.

Impacto y riesgo compartido

La renta fija es una de las principales clases de activos con base en la colocación de los propietarios de activos y el tamaño del mercado. En comparación con las otras clases de activos, tiene los menores rendimientos esperados, por lo que también tiene el menor costo de capital. Con $4 billones, el mercado municipal de bonos de los Estados Unidos es uno de los mayores mercados de renta fija a nivel global.

El cambio climático se está volviendo cada vez más importante para el sector de las finanzas municipales en los Estados Unidos. Por una parte, las ciudades estadounidenses necesitan obtener más capital para implementar proyectos ambientales que protejan sus economías y comunidades de los efectos del cambio climático, por ejemplo, infraestructura verde para controlar las inundaciones en caso de huracán. Por otro lado, si los proyectos no muestran resultados significativos, se arriesgan a pérdidas económicas a causa de los desastres y podrían ver un incremento en el costo general de los préstamos.

Los bonos de impacto ambiental –que en muchas formas son una extensión del mercado de bonos verdes– ofrecen una solución a este problema, porque pueden atraer a inversionistas interesados en asumir el riesgo ambiental a cambio de una potencial recompensa monetaria. Estos valores son bonos municipales que transfieren al tenedor una porción del riesgo de implementar proyectos de adaptación o mitigación climática.

Pasivos financieramente, pero activos socialmente

Una de las innovaciones financieras más interesantes de la nueva generación impulsada por ESG puede observarse en el sector de fondos cotizados en bolsa (ETF), donde estamos empezando a ver que el movimiento de inversiones pasivas se vincula al activismo en temas sociales y ambientales clave, a través de ETF con temática de criterios ESG. El primero de ellos, iShares MSCI USA ESG Select ETF, fue lanzado en 2005 y el modelo ha sido aceptado tan rápidamente que en la actualidad hay al menos $11.000 millones en activos manejados por 120 fondos ESG a nivel global. BlackRock recientemente predijo que la inversión en fondos ESG se elevará a más de $400.000 millones durante los siguientes 10 años.

Impacto

El reunir varios tipos de deuda contractual –como hipotecas o préstamos– y vender los flujos de efectivo resultantes a terceros inversionistas es reconocido desde hace mucho como una forma útil de crear mercados secundarios. Sí, el uso imprudente de la securitización contribuyó a un colapso de los mercados financieros, pero, usada responsablemente, la securitización ayuda a que personas trabajadoras obtengan hipotecas accesibles y con tasas apenas ligeramente superiores que las que se le cobran al Gobierno de los Estados Unidos.

Con los incentivos y la estructura financiera correcta, la securitización también puede ser un medio muy efectivo para reunir grandes cantidades de capital (más barato) en un periodo de tiempo relativamente corto para inversiones medioambientales y sociales. Si podemos aprender de los errores de la crisis financiera, estas herramientas pueden transformar muchas iniciativas socialmente importantes.

Sixup, la empresa emergente de préstamos estudiantiles estadounidenses, representa un paso en esta dirección. Sixup es una plataforma financiera para la educación que le brinda a los alumnos de alto nivel y bajos ingresos –colectivamente conocidos como future-prime– un camino para asistir cuatro años a una universidad. La compañía ha construido un nuevo modelo para evaluar la viabilidad de crédito de estudiantes que son admitidos en universidades, pero no pueden asistir debido a que están fuera del mercado financiero por carecer de calificación crediticia o el bajo nivel de ingresos de sus padres.

Además de préstamos, Sixup le brinda a los estudiantes tutoría, orientación para empleos y otras clases de consejería. Sixup actualmente tiene a Goldman Sachs como su principal prestamista. Una vez que alcance $100 millones en activos prestados, probará el mercado con una securitización, un punto clave para ser capaces de ampliar sus operaciones. Con el tiempo, conforme crecen sus activos, Sixup planea aprovechar los mercados de renta fija, al igual que las securitizaciones más tradicionales. De tener éxito, tiene el potencial de movilizar más de $1.000 millones de dólares hacia el mercado future-prime.

En cierta forma, nada de lo que nos impulsa a invertir ha cambiado. Invertimos porque estamos planeando para el futuro y esperamos un mañana mejor y más próspero. Lo que ha cambiado, quizá, es nuestra idea de qué constituye riqueza. Las siempre innovadoras industrias de los servicios financieros han respondido a estos cambios creando nuevos modos y herramientas de inversión. Con estas innovaciones, todos podemos trabajar en forma más efectiva para hacer que el mundo sea un lugar más sano y seguro para nuestros hijos.

Adam Connaker es asociado sénior en la Rockefeller Foundation, donde Saadia Madsbjerg es una directora general.