Por: Alan Saborío.   26 octubre, 2019

Las calificaciones obtenidas por Costa Rica en el Reporte Global del Competitividad 2019 del Foro Económica Mundial, evidencia una vez más, el país de contrastes que seguimos siendo con sus avances en algunas materias y tareas pendientes en otras.

De este último Reporte que realizó un comparativo de 141 economías del mundo, llamó poderosamente la atención que en el indicador global Costa Rica cayera siete puntos, al pasar del puesto 55 en el reporte de 2018 al puesto 62 en el reciente. Sin duda, que tengamos retos importantes en materia de competitividad, es un tema que debe preocuparnos a todos. A nivel de la región latinoamericana, Costa Rica se ubicó como la quinta economía más competitiva, superada por Chile, México, Uruguay y Colombia. Ahora bien, si echamos un vistazo en la región que comprende Centroamérica y República Dominicana, nos va mejor, pues nuestro país se ubica como el más competitivo. Mantiene esta posición gracias a fortalezas históricas en el marco institucional, nivel educativo y sistema de salud.

Pero más allá de esos datos que nos permiten ver cómo estamos en el “mapa de la competitividad”, hay un tema muy importante y que influye en la competitividad: es el de infraestructura.

Hay que ser claros, hay mucho por hacer en Costa Rica debido al rezago que venimos arrastrando desde hace décadas.

No obstante, en la gama de estos matices que es nuestro país, resulta que en este Reporte Global de Competitividad 2019 dimos unos buenos pasos al avanzar 15 puestos en el indicador que mide la calidad global de la infraestructura. Entonces la pregunta que seguramente muchos nos hicimos fue: ¿Cómo se logró eso? Desagregando los resultados, el país registra una mejora en cuanto conectividad y calidad de la red vial. Asimismo, la infraestructura portuaria mejoró cuatro posiciones en conectividad y mejoramos también en la calificación de puestos en eficiencia de los servicios. Mientras que en aeropuertos, Costa Rica mejoró en términos de eficiencia.

Está claro que atender el rezago en infraestructura que tenemos requerirá de un esfuerzo sostenido en el tiempo, pero el informe refleja que el país ha ido tomando acciones en el camino correcto. La clave está en visualizar esto como una política de Estado que trascienda administraciones y que además, recurra a la alianza entre el sector público y privado como mecanismo para acometer las inversiones requeridas.