Por: Roy Campos Retana.   6 agosto

En la revista de diseño Interactions se publicó hace poco una crítica al design thinking. Para su autor, Jon Kolko, los pilares del design thinking son tres. El primero es la empatía: desarrollar una conexión formal y emocional con los usuarios, para que se vuelvan co-diseñadores. El segundo es la exploración de problemas: fluir entre dos modos de pensamiento; el lógico y lineal, así como el ilógico y de exploración divergente. El tercero es la sencillez: hacer cosas de poca complejidad, probándolas con personas reales para probar su utilidad, y usar prototipos para comunicar una propuesta de valor.

20/11/2017. EF. Roy Campos es columnista de El Financiero. Es colaborador de la columna Empresas del Siglo XXI.
20/11/2017. EF. Roy Campos es columnista de El Financiero. Es colaborador de la columna Empresas del Siglo XXI.

Según Kolko, la palabra “cosa” puede significar una tostadora o la estrategia de una empresa; pero para llegar a ellas, ve dos caminos divergentes en el design thinking. Por un lado, personas y firmas que son conscientes de la historia de las cosas y hábiles en el oficio de hacer objetos. Son profesionales del diseño: tienen experiencia y destreza para hacer cosas; desarrollan habilidades para generar prototipos iterativos; aprenden los fundamentos de la composición, la teoría del color y el dibujo. Es el caso de personas como Tim Brown, CEO de IDEO, quien estudió diseño en universidades reconocidas.

Por otro lado, personas y firmas que piensan en las cosas sin formalidad, ni profundidad intelectual.

Como resultado se tienen entrevistas de dos horas con “expertos en la materia”, para comprender superficialmente las necesidades del negocio. Generan “sesiones de trabajo” caóticas e iteraciones que renuncian a la reflexión proactiva.

Impulsan la innovación a través de una incesante búsqueda de la novedad. En lugar de diseñar cosas bellas y pertinentes, obtienen “lienzos” y muchísimas notas en Post-it.