La madrugada del 3 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión en las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela.
Nicolás Maduro, presidente venezolano desde 2013, fue capturado y extraído de su país por dos de las unidades militares más especializadas del Ejército estadounidense: Delta Force y el 160th Special Operations Aviation Regiment, conocido como los “Night Stalkers”.
Operadores de élite en acción
Según funcionarios estadounidenses consultados por medios como CBS News y The Wall Street Journal, la operación nocturna combinó la destreza de Delta Force con la capacidad aerotransportada de los Night Stalkers. Delta Force, cuyo nombre oficial es 1st Special Forces Operational Detachment–Delta, es una unidad secreta creada en 1977 y especializada en contraterrorismo, rescate de rehenes y captura de objetivos de alto valor.
La unidad opera bajo el Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC) y cuenta con uno de los procesos de selección más rigurosos del mundo militar: menos del 10% de los aspirantes completa el entrenamiento.
Delta Force ha participado en algunas de las misiones más significativas de las últimas décadas, incluyendo la captura de Saddam Hussein en 2003 y la eliminación del líder del Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, en 2019.
Los maestros del vuelo nocturno
El 160th Special Operations Aviation Regiment, con base en Fort Campbell, Kentucky, es la unidad de aviación de operaciones especiales más experimentada de Estados Unidos. Los Night Stalkers se especializan en misiones nocturnas de alta complejidad, volando a baja altitud y alta velocidad en condiciones meteorológicas adversas.
Esta unidad fue la misma que transportó a los Navy SEAL a Abbottabad, Pakistán, durante la operación que eliminó a Osama bin Laden en 2011. Sus helicópteros —incluyendo los MH-47G Chinook, MH-60 Black Hawk y AH-6 Little Birds— son plataformas modificadas específicamente para operaciones especiales.
Un detalle clave de la operación en Venezuela fue que los Night Stalkers habían estado entrenando cerca del país caribeño durante meses, según revelaron funcionarios estadounidenses. Videos verificados muestran helicópteros MH-47G Chinook del 160th SOAR operando sobre Caracas durante el operativo.
Preparativos de larga data
La captura de Maduro no fue una acción improvisada. El Pentágono ordenó al menos 10 aeronaves CV-22 Osprey de rotor basculante y efectivos del Regimiento Ranger al Caribe antes de Navidad como fuerza de reacción rápida, en caso de que algo saliera mal durante la misión.
Estas aeronaves, provenientes de la Base Aérea Cannon en Nuevo México, junto con aviones de carga C-17 desde Fort Stewart y Fort Campbell, trasladaron personal y equipo militar a Puerto Rico en los días previos a la operación. El despliegue formaba parte de la Operación Lanza del Sur, iniciada formalmente en noviembre de 2025 bajo el pretexto oficial de combatir el narcotráfico, aunque analistas consideran que uno de sus objetivos reales era la deposición de Maduro.

Ejecución precisa
La operación comenzó alrededor de las 2:00 a. m. hora local, cuando se escucharon aviones sobrevolando Caracas. Los objetivos incluían Fuerte Tiuna —el principal complejo militar venezolano y residencia habitual de Maduro—, la base aérea La Carlota, el aeropuerto de Higuerote y el puerto de La Guaira.
Fuentes militares estadounidenses indicaron a The New York Times que no hubo bajas estadounidenses, aunque no quisieron comentar sobre víctimas venezolanas. El presidente Donald Trump describió la operación como “brillante” y destacó “la muy buena planificación y las tropas excelentes” involucradas.
Un número significativo de activos del 160th SOAR fueron utilizados en la misión, según declaró un funcionario estadounidense al Wall Street Journal. Los helicópteros Chinook fueron clave para la extracción de Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes fueron sacados del país en una de estas aeronaves.
Consecuencias legales y políticas
El secretario de Estado Marco Rubio confirmó que Maduro enfrentará un juicio penal en Estados Unidos y que no se anticipan nuevas acciones militares ahora que está bajo custodia.
La fiscal general Pamela Bondi anunció que Maduro y Flores fueron formalmente acusados en el Distrito Sur de Nueva York por conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína y posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos.
Estas acusaciones se originan en una imputación presentada en marzo de 2020, que identifica a Maduro como líder del Cartel de los Soles, una organización que supuestamente utilizó instituciones venezolanas para facilitar el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos.
Precedente histórico y dudas legales
La operación ha generado intenso debate sobre su legalidad bajo el derecho internacional. Expertos consultados por medios internacionales señalan que la captura de un jefe de Estado en ejercicio por otro país, sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU ni consentimiento del Estado afectado, viola principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas.
El artículo 2, párrafo 4, de la Carta de la ONU prohíbe expresamente el uso de la fuerza contra la integridad territorial de cualquier Estado. Además, Maduro goza de inmunidad personal absoluta como jefe de Estado en ejercicio, según estableció la Corte Internacional de Justicia en casos previos.

Sin embargo, la administración Trump argumenta que las acciones militares fueron necesarias para proteger al personal estadounidense que ejecutaba una orden de arresto válida contra Maduro, quien enfrenta cargos criminales desde 2020. El senador Mike Lee indicó que esta acción “probablemente entra dentro de la autoridad presidencial” para proteger a personal estadounidense de ataques inminentes.
Un capítulo sin precedentes
La captura de Maduro mediante una operación militar directa no tiene precedentes recientes en América Latina. El episodio más similar fue la invasión de Panamá en 1989 y la posterior captura de Manuel Noriega, aunque en aquel caso Noriega enfrentó cargos de narcotráfico, no de narcoterrorismo.
Para Delta Force y los Night Stalkers, esta misión se suma a su historial de operaciones de alto perfil que han marcado la guerra contra el terrorismo y el narcotráfico en las últimas décadas. La precisión de la operación —sin bajas estadounidenses y logrando el objetivo principal— refuerza su reputación como las fuerzas de operaciones especiales más capaces del mundo.

