La dinámica de nacimientos en América Latina muestra una reducción sostenida en las últimas décadas, donde la tasa global de fecundidad define el crecimiento de la población y su capacidad de mantenerse en el tiempo.
El nivel de reemplazo se ubica en 2,1 hijos por mujer, punto en el que una población logra sostener su tamaño sin depender de migración, mientras niveles inferiores implican una reducción progresiva.
El Observatorio Demográfico 2025 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) indica que la región se ubica en 1,8 hijos por mujer, con la mayoría de países por debajo de ese umbral.
Dentro de ese escenario, un país registra 1,13 hijos por mujer en 2024, consolidándose categóricamente como la tasa más baja de toda América Latina y el Caribe.

Chile se ubica en ese nivel y entra en la categoría de fecundidad ultrabaja, definida en el informe como tasas cercanas o inferiores a 1,3 hijos por mujer.
La Cepal señala que “una fecundidad sostenida en 1,3 puede implicar disminuciones muy aceleradas del tamaño poblacional”, lo que introduce un cambio en la trayectoria de crecimiento.
El documento también cuantifica ese proceso y establece que una tasa de 1,3 hijos por mujer puede reducir la población a la mitad en 44 años, mientras niveles cercanos a 2 hijos extienden ese resultado por varios siglos.
Esa diferencia en velocidad muestra que la caída en nacimientos no solo reduce el crecimiento, sino que también altera el tamaño de la población en periodos relativamente cortos.
La Comisión indica que la disminución en la fecundidad responde a varios factores y advierte que “la primera transición demográfica es insuficiente para explicar la caída una vez alcanzado el nivel de reemplazo”.
El informe incorpora la teoría de la segunda transición demográfica, que vincula la reducción de nacimientos con cambios en decisiones individuales, formación de hogares y organización de la vida familiar en sociedades posmaterialistas.
La Cepal señala que “se priorizarían la autorrealización y la autonomía de las personas”, lo que modifica la decisión de tener hijos y reduce la fecundidad en el tiempo.
El mercado laboral también influye en ese comportamiento. El documento indica que existe una “penalización de la maternidad”, donde “las mujeres con hijos no tienen condiciones similares en el empleo que las mujeres sin hijos”.
Ese elemento conecta la fecundidad con ingresos, estabilidad laboral y permanencia en el mercado de trabajo, factores que inciden directamente en la decisión de tener hijos.

La posición de Chile dentro de la tabla muestra que el país no solo se ubica por debajo del reemplazo, sino que se acerca al grupo de economías con niveles mínimos de nacimientos dentro de la región.
El informe también señala que la reducción en la fecundidad se mantiene incluso en contextos distintos, lo que confirma que el fenómeno responde a cambios estructurales en la sociedad y no a un solo factor aislado.
La tasa de 1,13 hijos por mujer indica que cada generación resulta más pequeña que la anterior, lo que implica una reducción progresiva en la población si el nivel se mantiene en el tiempo.
Ese comportamiento afecta la cantidad de personas en edad de trabajar, modifica la relación entre población activa y dependiente y redefine la forma en que las economías sostienen su crecimiento.
El dato no se limita a una medición estadística, sino que describe una transición en la estructura poblacional que condiciona el mercado laboral, la demanda de servicios y la evolución del tamaño de la economía en el largo plazo.
