La dinámica demográfica en América Latina muestra una reducción sostenida en el número de nacimientos por mujer, donde la tasa global de fecundidad permite medir el crecimiento poblacional y comparar el comportamiento entre países.
La referencia técnica se ubica en 2,1 hijos por mujer, nivel que garantiza el reemplazo generacional en el largo plazo y que permite mantener estable la población sin depender de la migración.
El Observatorio Demográfico 2025 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) indica que la tasa regional se ubica en 1,8 hijos por mujer y que desde 2015 la región se mantiene por debajo del nivel de reemplazo.
El documento también señala que “el 76% de los países y territorios presentaban tasas inferiores al nivel de reemplazo”, lo que confirma una tendencia generalizada de caída en los nacimientos.
En ese escenario, un país se ubica en el extremo superior con una tasa de 2,63 hijos por mujer en 2024, lo que lo posiciona como el nivel más alto dentro de América Latina.

Haití registra ese nivel y se mantiene por encima del umbral de reemplazo, a diferencia de la mayoría de economías de la región.
La ubicación de ese país dentro de la tabla regional muestra una diferencia estructural en la composición de la población, donde una tasa superior a 2,1 genera una mayor proporción de personas en edades tempranas.
La Comisión explica que la reducción de nacimientos responde a la “segunda transición demográfica”, proceso que incluye la postergación del primer hijo y cambios en la formación de hogares.
Ese marco permite entender por qué la mayoría de países se ubica por debajo del reemplazo, mientras un grupo reducido mantiene tasas superiores.

El país con mayor tasa mantiene una base poblacional más amplia en edades jóvenes, lo que incrementa la demanda de educación, salud y servicios sociales en etapas iniciales del ciclo de vida.
La estructura poblacional también influye en la economía, ya que una mayor cantidad de nacimientos amplía el volumen futuro de personas en edad de trabajar.
La Cepal advierte además sobre una “crisis de los cuidados”, donde las mujeres dedican casi el triple de tiempo que los hombres al trabajo no remunerado, un factor que incide en la decisión de tener hijos.
El documento también vincula la fecundidad con la participación femenina en el mercado laboral, donde el aumento en empleo no siempre se acompaña de una redistribución de tareas dentro del hogar.
El contraste entre países con tasas altas y bajas muestra dos trayectorias en la región, donde algunos mantienen crecimiento por nacimientos y otros dependen de productividad para sostener su economía.
La tasa de fecundidad se convierte así en un indicador que define la estructura de la población y condiciona el funcionamiento del mercado laboral, el gasto público y el crecimiento económico en América Latina.
