Con el ataque para capturar al líder de Venezuela, Nicolás Maduro, el presidente Donald Trump mostró que Estados Unidos busca imponer su voluntad en la región, un ejemplo que puede ser aprovechado por Rusia y China.
Trump describió el operativo para detener al izquierdista Maduro como una actualización de la Doctrina Monroe, la declaración de 1823 del quinto presidente de Estados Unidos, James Monroe, que afirmaba que América Latina estaba vedada a otras potencias, refiriéndose entonces a Europa.
“La Doctrina Monroe es algo importante, pero la hemos superado por mucho, de verdad mucho. Ahora la llaman el documento Donroe”, dijo Trump en una rueda de prensa, al hacer un juego de palabras con la inclusión de la inicial de su nombre.
“El dominio de Estados Unidos en el hemisferio occidental nunca será cuestionado de nuevo”, aseveró.

Semanas antes, la Casa Blanca buscó darle un mayor peso a la misma idea, planteándola en la estrategia nacional de seguridad. En ella se incluyó la “Proposición Trump” a la Doctrina Monroe.
Según la estrategia, esa política permitirá a Estados Unidos intervenir en América Latina con el fin de incautar activos estratégicos, luchar contra el crimen o terminar con la migración, una de las principales metas de Trump en su segunda administración.
Venezuela tiene la mayor reserva probada de petróleo en el mundo y a China como su principal aliado comercial. Trump justificó la intervención alegando tráfico de drogas en pequeños botes de Venezuela y acusando a Maduro de liderar un supuesto Cártel de los Soles.
¿Por qué no otros países?
Pero Estados Unidos no está solo en querer imponerse sobre sus vecinos más pequeños.
La Rusia de Vladimir Putin invadió a Ucrania en febrero de 2022, después de cuestionar la “legitimidad histórica” de la exrepública soviética y prometer la destitución de su presidente, Volodimir Zelenski.
China se ha negado a descartar el uso de la fuerza para apoderarse de Taiwán, un territorio autónomo, y ha reclamado derechos sobre gran parte del Mar de China Meridional.
El operativo en Venezuela ocurrió días después de que Pekín realizara ejercicios militares que buscaron simular un bloqueo a Taiwán.
Jennifer Kavanagh, directora de análisis militar en el centro de estudios Defense Priorities, organización que aboga por una política moderada de Estados Unidos, aseguró que el caso de Venezuela “plantea la pregunta de que si Estados Unidos puede declarar como ilegítimo a un líder, removerlo y después gobernar el país, ¿por qué no podrían otros países hacer lo mismo?”.
Recientemente, Trump nombró al gobernador de Luisiana, el republicano Jeff Landry, como enviado especial a Groenlandia. Landry dijo que trabajará para que ese territorio “forme parte de Estados Unidos”.
“No sería tan difícil para Estados Unidos enviar a par de cientos de soldados, o a un par de miles, a Groenlandia, y no me queda claro quién podría hacer algo para impedirlo”, señaló Kavanagh.
Mensajes confusos
Durante décadas, Estados Unidos se ha plantado firme frente a Moscú y Pekín. Pero con Trump, la postura de Washington se ha vuelto menos clara.
La nueva estrategia de seguridad nacional hace un llamado para reenfocar la atención en el ámbito interno y dice poco sobre Rusia y China. Críticos han apuntado que, de esa manera, Trump reconoce que tienen sus propias esferas de influencia.
En el pasado, Trump ha hablado favorablemente de China y restado importancia a que exista el riesgo de una invasión a Taipéi. Antes de asumir el cargo, Trump sugirió que Taiwán debe pagar más por “su póliza de seguro” estadounidense.

Sobre Ucrania, Trump ha presionado a Kiev en las negociaciones de paz para que acepte ceder territorios.
Pero con Venezuela, Estados Unidos envía el mensaje de que hay una línea más dura para América Latina, dijo Alexander Gray, académico del Atlantic Council y que trabajó en el Consejo de Seguridad Nacional durante el primer periodo de Trump.
“Es muy claro que ya no habrá un nivel de tolerancia para la influencia china, rusa e iraní, incluso de bajo perfil, que hemos visto en las últimas décadas” en la región, afirmó.
