El negocio de los alquileres turísticos de corta estancia en Costa Rica alcanzó 48.985 anuncios activos a junio de 2026, distribuidos en 243 mercados del país. Ese inventario generó ingresos efectivos estimados en $813,5 millones durante los 12 meses previos a junio pasado, según un informe elaborado por el Centro de Estudios de Turismo (CET).
La cifra revela la dimensión que han adquirido las viviendas, apartamentos, villas y otros inmuebles comercializados temporalmente a visitantes mediante plataformas digitales. El mercado, vinculado con aplicaciones como Airbnb, Vrbo y Booking.com, ya supera en cantidad la oferta formal de habitaciones hoteleras y se ha convertido en una pieza estructural de la capacidad turística nacional.
El estudio advierte que las cifras de mercado proceden de estimaciones de terceros, principalmente AirDNA y AirROI, y deben interpretarse bajo sus limitaciones metodológicas. Aun así, la comparación con estadísticas oficiales de vivienda permite dimensionar el fenómeno: los 48.985 anuncios equivaldrían al 23% de las 214.654 viviendas desocupadas contabilizadas en el país.
Las zonas que más se mueven
Tamarindo encabeza los mercados medidos por ingresos totales, con 3.598 anuncios, una tarifa diaria promedio de $336, una ocupación de 47% y una facturación anual estimada en $103 millones. Le siguen Jacó, con $88,5 millones; Santa Teresa-Montezuma, con $60,9 millones; Cahuita, con $50,6 millones; Quepos-Manuel Antonio, con $49,1 millones; y Cabo Velas, que incluye zonas como Flamingo y Conchal, con $48,3 millones.
Santa Cruz, cantón que reúne a Tamarindo, Cabo Velas, Tempate, 27 de Abril y Cuajiniquil, concentra 7.727 anuncios activos, la mayor cantidad entre los cantones turísticos analizados. Ese número equivale a 89% de las 8.662 viviendas desocupadas registradas en el territorio. En Quepos, la relación es aún más alta: 2.313 anuncios frente a 2.549 viviendas desocupadas, equivalente a 91%.
En Talamanca, que agrupa mercados como Cahuita y Puerto Viejo, el estudio registra 3.779 anuncios, una cifra equivalente a 83% de las viviendas desocupadas del cantón. En Garabito, donde se incluyen Jacó y Tárcoles, hay 4.427 anuncios, equivalentes a 60% de las viviendas desocupadas. Osa reporta 2.998 listados, equivalente a 64% de ese inventario habitacional sin ocupar.
La rentabilidad estimada cambia ampliamente según el destino. En promedio, cada anuncio en Costa Rica generó $16.606 al año, con una tarifa diaria de $204, unas 81 noches reservadas y una ocupación ponderada de 43,7%. El estudio ubica el ingreso promedio por anuncio en Costa Rica por encima de los mercados latinoamericanos comparados: Ciudad de México, con $10.417; Belice, con $7.413; y Río de Janeiro, con $5.479. También fue similar al de Mallorca, con $16.883.

Playa, la rentabilidad más alta
Los destinos de playa concentran los retornos más altos. Cabo Velas alcanzó un ingreso promedio de $28.800 por anuncio al año, Tamarindo llegó a $28.640, Nosara a $26.100, Quepos a $25.806 y Jacó a $23.371. En Santa Teresa-Montezuma, el promedio fue de $21.300.
San José presenta una dinámica distinta. Los 11 mercados analizados dentro de la Gran Área Metropolitana sumaron 4.025 anuncios activos, con la ocupación más alta del grupo, de 50%. Sin embargo, tuvieron la tarifa diaria más baja: $61. El ingreso anual promedio por alojamiento se ubicó en $7.200, menos de una tercera parte del promedio de los destinos costeros de mayor valor.
El informe plantea que Costa Rica opera, en realidad, tres mercados diferentes. El primero es la Gran Área Metropolitana, caracterizada por unidades pequeñas, tarifas más bajas y demanda asociada con tránsito, negocios o estadías urbanas. El segundo es el corredor de casas de lujo de Guanacaste, con propiedades más grandes, tarifas altas y operación más profesionalizada. El tercero corresponde a destinos de naturaleza y playa del Pacífico y el Caribe, con mayor diversidad de inmuebles y precios intermedios.
El mercado también muestra señales de madurez. En los 213 mercados para los cuales había información interanual, el inventario prácticamente se mantuvo estable, con una variación ponderada de -0,2%. Mientras tanto, el ingreso por anuncio aumentó 8,7%. En otras palabras, el crecimiento reciente no provino de sumar más propiedades, sino de mejores precios y ocupación.
La estacionalidad sigue siendo uno de los principales riesgos del modelo. La ocupación mensual promedio ronda 44% en febrero, pero cae a cerca de 15% en septiembre y octubre. Los ingresos de los meses más fuertes llegan a ser más de tres veces superiores a los de la temporada baja.
La expansión de esta oferta ocurrió mientras la demanda turística internacional no recuperaba el nivel previo a la pandemia. El estudio indica que las llegadas internacionales pasaron de 3,139 millones en 2019 a 2,944 millones en 2025, una caída de 6,2%. En ese mismo periodo, la oferta hotelera tradicional aumentó de 50.264 a 56.950 habitaciones, un alza de 13,3%, mientras los alquileres de corta estancia pasaron de un estimado de 22.500 anuncios en 2019 a 48.985 en junio de 2026.
El crecimiento de los alquileres turísticos también se conecta con el desarrollo inmobiliario en las costas. El informe sostiene que una parte importante de las nuevas villas con piscina, condominios frente al mar y proyectos residenciales en Guanacaste y el Pacífico Central fue concebida, comercializada y valorada con base en los ingresos esperados de alquileres de corta estancia.
El documento también subraya una diferencia estructural entre hoteles y viviendas turísticas. Una vivienda puede entrar o salir del mercado de alquiler de corta estancia con rapidez, mientras un hotel requiere inversiones mayores y tiene menos flexibilidad para cambiar de uso. Esa asimetría hace que la competencia no dependa únicamente de la cantidad de visitantes, sino de la velocidad con la que puede crecer la oferta.
Costa Rica cuenta desde 2019 con un marco de registro para alojamientos no tradicionales y plataformas de intermediación, establecido mediante la Ley 9742. Sin embargo, el estudio señala que el país no aplica límites nacionales o municipales de noches, restricciones de zonificación ni cuotas de licencias, por lo que se ubica en el lado más permisivo de los mercados comparados.
En destinos como Nueva York, Barcelona, Hawái, Mallorca o Málaga se han aplicado controles más estrictos, que incluyen límites de noches, prohibiciones territoriales, congelamiento o extinción de licencias y requisitos para que las plataformas validen registros o retiren anuncios que no cumplan las reglas. El CET considera que el control más efectivo ocurre cuando las plataformas tienen responsabilidad en validar permisos, remover publicaciones irregulares o recaudar impuestos turísticos.

