Costa Rica suma años de vida en su población mientras disminuyen los nacimientos. Esa combinación acelera la edad promedio y, como consecuencia, aparece la oferta de servicios médicos que buscan prevenir enfermedades y preservar la salud durante más tiempo.
La esperanza de vida al nacer pasó de 66,3 años para quienes nacieron en 1970 a una proyección de 81,2 años para los bebés que nacen en 2026, según las Estimaciones y Proyecciones de Población 1950-2100 del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
Mientras tanto, la tasa bruta de natalidad cayó de 32,3 a 9,8 nacimientos por cada mil habitantes durante ese mismo período.
El cambio demográfico tiene una consecuencia evidente para el sistema de salud: habrá una mayor proporción de personas en edades donde aumenta la demanda de atención médica.
La presión también se refleja en las proyecciones financieras de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Según la Valuación Actuarial del Seguro de Salud, elaborada por la Dirección Actuarial y Económica, el gasto asociado de atender a las personas mayores de 66 años pasará de poco más de ¢600.000 millones en 2024 a cerca de ¢2 billones en 2038.
Pero el envejecimiento también está creando un espacio para el sector privado.
En Costa Rica ya existen clínicas que ofrecen servicios de medicina preventiva, tratamientos regenerativos y terapias vinculadas con la longevidad y el concepto de antiaging.
La oferta tiene precios muy distintos. Una sesión puede costar $35, mientras que otras terapias llegan a $150 y algunos protocolos personalizados pueden superar los $15.000.
Detrás de esa diferencia de precios hay un mercado que reúne desde programas de prevención y cambios en los hábitos de vida hasta tratamientos que incorporan equipos y tecnologías especializadas.
El negocio, entonces, no vende únicamente tratamientos. Parte de su propuesta gira alrededor de una preocupación que adquiere mayor relevancia conforme aumenta la edad de la población: cómo llegar a esos años adicionales en mejores condiciones de salud.
Costa Rica envejece
La longevidad tampoco es un fenómeno nuevo para el país. La península de Nicoya forma parte de las cinco zonas azules del mundo, regiones reconocidas por concentrar una alta proporción de personas centenarias.
Jorge Vindas, fundador de la Asociación Península de Nicoya Zona Azul, ha estudiado durante dos décadas el envejecimiento de la población de la zona.
Vindas atribuye la longevidad de sus habitantes a una combinación de factores como la actividad física cotidiana, una alimentación basada en productos poco procesados, la espiritualidad y los vínculos comunitarios.
En la península, explica, la prevención también está presente a través de la atención que brindan las clínicas y los Equipos Básicos de Atención Integral en Salud (Ebais) cercanos.
Su lectura sobre la longevidad contrasta con la oferta que ha surgido alrededor de los tratamientos antiaging. Para Vindas, estos servicios responden principalmente a una oportunidad de negocio.
Desde una perspectiva médica, Elliott Garita Jiménez, presidente del Colegio de Médicos y Cirujanos, también pone el énfasis en los hábitos de vida. Señala que aprender a alimentarse adecuadamente sigue siendo uno de los elementos más importantes, aunque reconoce que también se han explorado distintos procesos y terapias asociados para optimizar la longevidad, entre ellos las cámaras hiperbáricas, los masajes terapéuticos para disminuir las tensiones y el uso de lámparas de luz especial para reducir la inflamación.
Desde el sector privado, Laura Rodríguez, médica y directora de Essencia Azul Health and Longevity, y Alan Inman, médico y director de Rejuvilife, plantean otra aproximación.
Ambos sostienen que la medicina preventiva y de longevidad puede complementar los hábitos saludables mediante evaluaciones personalizadas, tratamientos y tecnologías dirigidas a preservar la salud.

Abordar el envejecimiento
Inman explicó que, mientras la atención médica convencional suele concentrarse en tratar una enfermedad una vez que aparece, la medicina de la longevidad busca identificar y abordar los procesos biológicos asociados con el envejecimiento antes de que se manifiesten clínicamente.
El enfoque también puede utilizarse como complemento para personas que ya enfrentan enfermedades crónicas, no como un sustituto de otras terapias ya confirmadas.
Una de las alternativas es la cámara hiperbárica, un equipo en forma de cápsula en el que el paciente respira oxígeno puro a una presión superior a la atmosférica.
Según Inman, este tratamiento lo utiliza como apoyo en casos relacionados con enfermedades autoinmunes, lesiones, fracturas y úlceras.
Otra de las terapias que ofrece su clínica es la inhalación de hidrógeno molecular. El procedimiento administra bajas concentraciones de hidrógeno, normalmente entre 2% y 4%, mezcladas con aire u oxígeno.
Inman señaló que esta terapia la utiliza como tratamiento complementario en pacientes oncológicos.
Los precios varían según el tratamiento. Una sesión de hidrógeno molecular cuesta $35, mientras que una sesión en cámara hiperbárica oscila entre $90 y $120.
La terapia de microcorriente no invasiva Nesa tiene un precio de $150 por sesión. Según Inman, con ella busca estimular el sistema nervioso autónomo y se ofrece para pacientes con condiciones como estrés, ansiedad, depresión, bruxismo y tinnitus.
Pese a esta oferta, Inman considera que Costa Rica todavía no se ha consolidado como un hub de longevity tech.
Sí existe, en su opinión, una oferta creciente de medicina preventiva que aborda la salud de manera integral y que no necesariamente depende de equipos tecnológicos.
Garita, por otra parte, señaló que quienes estén interesados en los tratamientos antiaging deberían, antes de considerarlos una especie de “suplemento mágico”, someterse a una evaluación médica integral y objetiva. Esta debería incluir un examen físico completo y el análisis de distintos biomarcadores, desde parámetros básicos de la bioquímica sanguínea, como los niveles de glucosa y lípidos, hasta estudios de composición corporal.
Además, subrayó que, hasta ahora, ninguna terapia ha demostrado un impacto superior al que puede lograrse mediante la adopción de hábitos de vida saludables.

Medicina preventiva
Vivir más años no necesariamente significa vivirlos con buena salud. Esa diferencia es uno de los espacios en los que busca incidir la medicina preventiva.
Rodríguez explicó que este enfoque procura intervenir de manera temprana sobre factores asociados con el deterioro de la salud y plantea alternativas regenerativas, aunque los tratamientos farmacológicos continúan utilizándose cuando son necesarios para el paciente.
La atención se estructura mediante protocolos personalizados que pueden extenderse durante varios meses.
En ellos pueden participar médicos generales, nutricionistas, especialistas en sueño e incluso psiquiatras.
El precio final depende de las necesidades de cada paciente y de los servicios incluidos.
Rodríguez indicó que Essencia Azul cuenta además con una modalidad de atención social de ¢35.000 más el impuesto al valor agregado (IVA) para personas con menores ingresos.
El mercado de la longevidad todavía está en construcción en Costa Rica. Su crecimiento ocurre sobre una tendencia demográfica que ya está en marcha, pero su oferta sigue siendo heterogénea: combina prevención, cambios en el estilo de vida, medicina regenerativa y tecnologías cuyos precios pueden multiplicarse varias veces entre un tratamiento y otro.
Por ahora, la longevidad tiene una característica tan clara como el envejecimiento de la población: vivir más años es cada vez más común, pero intentar hacerlo mediante servicios médicos especializados tiene un costo desigual.
