La Calle de la Amargura fue conocida como el epicentro de la vida juvenil. Se caracterizaba por la presencia de estudiantes universitarios que durante todo el semestre visitaban los restaurantes y bares que estaban al frente del campus, especialmente en las noches. En esos 300 metros, que funcionaban como un espacio de socialización y esparcimiento, se crearon miles de anécdotas. Hoy, en Calle 3 de San Pedro, ya eso solo queda en el recuerdo, porque los comerciantes luchan por sobrevivir ante la poca visitación de La Calle y piden, efusivamente, una renovación de este mítico espacio.
Si usted estudió en la década de los 90 y del 2000 en la Universidad de Costa Rica (UCR), es muy probable que haya vivido el auge y apogeo de los negocios de La Calle de la Amargura. A la hora del almuerzo los comercios tenían agenda llena y las noches de los jueves tenían una visitación máxima en toda La Calle como un espacio de diversión y para ahogar las penas después de los exámenes.
Hoy los negocios de La Calle, conformados por restaurantes, bares y, en su mayoría, fotocopiadoras, tienen la titánica tarea de buscar la obtención de ganancias en una vía, ahora, poco transitada y con poca demanda. A punto de ahogarse, solicitan al gobierno local que el espacio se embellezca y evolucione a un bulevar, que podría ser el salvavidas que les ayude a mantenerse a flote.
En un recorrido realizado por El Financiero en Calle 3 de San Pedro, Montes de Oca, el 16 de abril en horas de la tarde, se observó una diversidad de comercios a lo largo de los 200 metros de la zona.
Se contabilizaron siete locales cerrados o con instalaciones vacías, uno en remodelación, siete centros de fotocopiado, siete restaurantes, dos restaurantes de comida rápida, una cafetería, dos locales de venta de postres, cinco bares, cuatro parqueos, una tienda de licores, tres tiendas de ropa, una de arte, una de marcos y molduras, una de venta de productos libres de plástico, un minisúper, un estudio de tatuajes, un teatro y una academia de baile.
Por diversos factores, con el paso del tiempo la cantidad de personas que consumían en los locales comenzó a decrecer. La diversión se fue apagando, los jóvenes se fueron alejando y ahora el desalojo es evidente, al lado de aceras, calles y la vía del tren que tienen un aspecto poco atractivo y descuidado.
El Financiero conversó con un sociólogo, un comunicador y comerciantes sobre la génesis, el apogeo y la caída de La Calle de la Amargura como espacio de consumo y de vida nocturna y las posibles soluciones que pueden ejecutarse para que este espacio reviva.


El origen
Para rastrear el inicio de La Calle de la Amargura como espacio de reunión juvenil, hay que devolverse hasta la década de los 90, cuando se prohibió la venta de alcohol en el campus de la UCR.
“En una celebración de la Semana Universitaria hubo un incidente en el viejo edificio de la Facultad de Ciencias Sociales porque se quebró la cañería de uno de los lavatorios y se regó el agua durante el fin de semana. El entonces rector de la UCR dijo ‘no más venta de licores en las instalaciones’”, recordó Carlos Sandoval, profesor catedrático de la Escuela de Comunicación Colectiva de la UCR.
El docente relata que, frente a ese cierre, hubo una respuesta que le pareció muy original de quien en esos momentos estaba finalizando la carrera de Ingeniería Civil. Ese estudiante abrió el famoso bar Caccio’s.
“En aquella época vendía algo que era novedoso: los pedazos de pizza. Entonces uno podía comerlo con una cerveza o un refresco. A mí manera de ver, fue Caccio’s el punto de arranque de este concepto de La Calle de la Amargura. En sus buenos tiempos, pues no era muy de amargura, era más bien de felicidad y todo el mundo llegaba a divertirse”, reseñó Sandoval.
Con los años, comenta el académico, La Calle dejó de ser un referente exclusivo para estudiantes universitarios y se convirtió en un espacio donde llegaban personas, que sin ser alumnos, también convivían. Sobre todo, durante la Semana Universitaria que se celebra el 24 de abril por motivo de la conmemoración de la lucha estudiantil que se organizó para oponerse a la explotación minera de bauxita por parte de la empresa transnacional Alcoa en los años 70.
Auge de Caccio’s
No se puede hablar de La Calle de la Amargura sin mencionar a Caccio’s, icónico espacio en San Pedro. El estudiante de Ingeniería Civil que desarrolló este exitoso bar fue Elliot Campos.
La idea nació en un viaje que realizó a Vermont, Estados Unidos y vio que en la Universidad de Middlebury había un bar universitario cerca del campus, algo que le llamó poderosamente la atención.
“Fui a ese lugar, era un bar bonito y me llamó la atención el concepto. Era un bar que la gente que atendía era universitaria y la gente que estaba en el bar también lo era. Entonces yo me acuerdo que pensé, ¿por qué no existe algo así en Costa Rica? Si la universidad de Middlebury tiene 15.000 estudiantes y la UCR 35.000”, relató Campos.
Su familia viene del sector gastronómico, su papá vivió en Nueva York y trabajó con italianos y griegos y ya tenían toda la receta de la pizza. De ahí nacen los elementos diferenciadores que hicieron que Caccio’s se convirtiera en un referente de la zona.
“Fui el primero en implementar muchas cosas: la pizza en porción, que se pusiera solo música rock, que la gente que atendiera fuera de la universidad, alguien en la puerta pidiendo cédulas, el tipo de decoración para que la gente pudiera poner los bultos. También le agregaría el Olafo, la famosa jarra de un litro y el ambiente, que era 100% universitario”, declaró.
A mediados de los 90 la fama de Caccio’s creció y en el 2000 tuvo que moverse a un local más grande: “ahí la Semana Universitaria era una locura. La gente esperaba una hora para entrar, siempre se mantuvo con gente joven, también llegaban personas que no estaban en la U, pero que les gustaba el ambiente”, mencionó.

Declive
“Se llama Calle de la Amargura no por amargura de dolor, sino de que la gente después de un examen de la UCR cuando se lo sonaban decía ‘vamos a quitarnos la amargura a algún bar’”, explicó Elliot Campos mientras señalaba que ocurrieron sucesos en los que los medios de comunicación le cambiaron esa connotación de amargura a una relacionada con muerte o crimen.
“Ya para el 2015 La Calle estaba muy descuidada, con muy mala imagen. Comenzó a caer y a llegar otro tipo de gente y la gente universitaria empezó a ir menos”, mencionó.
Para él hay cinco factores que fueron los que ocasionaron el descenso en la afluencia de personas en La Calle.
El primero es, según él, por el descuido de la autoridad municipal y de los propios bares. Señala que el espacio se ve muy sucio, con mucho grafiti, caños visibles, basura y otros elementos que no ayudan para que tenga una estética atrayente.
El segundo es la apertura de la Ciudad de la Investigación, conocida comúnmente como “Finca 2”, donde las facultades de Ingeniería y Ciencias Sociales se trasladaron cerca del sector de Vargas Araya, abandonando la cercanía que tenían con el “Pretil” y La Calle.
La distancia es evidente. Según Google Maps, de la Facultad de Ciencias Sociales al Pretil de “Finca 1”, es una distancia de 1,4 kilómetros pasando por el puente peatonal conector. Esto se traduce en una duración de 20 minutos, aproximadamente, caminando de un espacio al otro.
“El año que Ingeniería y Sociales se pasaron decayó mucho, sobre todo de día. Me acuerdo que en las ventas de almuerzos hubo un bajonazo como del 60%”, reseñó.
El tercero es que “la gente joven toma menos, sale menos, se quedan más en la casa y ya no toman tanta cerveza, ya hay estudios que demuestran eso”, mencionó Campos.
El cuarto factor es la pandemia y las restricciones que colocó el gobierno de turno en aquel entonces. El local era alquilado y no pudo abrirlo durante tres meses y cuando volvió a abrir tenía que cerrar muy temprano: a las 7 u 8 p.m. No logró pagar el alquiler y tuvo que cerrar en diciembre de 2020.
“En pandemia las ventas bajaron como un 80%. Después de pandemia nunca se recuperó La Calle. La salida de Caccio’s terminó de hundir La Calle, ahora pues, La Calle está muerta. Podría activarse, pero ocuparía de inversión pública y privada. Sí se da un esfuerzo grande de la Municipalidad y de la empresa privada, sí podría revivir”, añadió Campos.
Otro elemento que mencionó es el enfoque de los comercios y bares del barrio La California en San José. Según él, el concepto juvenil que tiene dio una oferta diferente a ese público y llevó a muchas personas a disfrutar de la vida nocturna en ese espacio.
Es una hipótesis que en cierto punto también comparte Pablo Carballo, profesor de la Escuela de Sociología de la UCR. Para él, la movilización que ahora tienen los jóvenes en La California y en zonas aledañas como Barrio Escalante les brinda muchas ofertas para disfrutar de un ambiente de fiesta y comercios gastronómicos mucho más variado que en La Calle.
“Podría ser que La Calle de la Amargura haya perdido algún tipo de atractivo, que se haya hecho muy homogénea. Si usted no abre espacios, es lo mismo siempre y la movilización es muy poca. La California es más grande, además usted también puede ir a Escalante caminando”, mencionó Carballo.
Sin embargo, sí considera que La Calle de la Amargura todavía puede ser un espacio de socialización “yo no creo que La Calle ya no exista, lo que sucede es que se rehizo porque el espectro de opciones se amplió”.
Para Carlos Sandoval el declive de La Calle también tiene relación con la poca renovación que ha tenido con el paso de los años. “Hay un enorme reto de estar diversificando la oferta de entretenimiento, de comida, de música, etc. Creo que ahí La Calle de la Amargura perdió ímpetu e iniciativa”.
Supervivencia
A pesar de que hace cuatro años se eliminaron las restricciones por la pandemia, sus secuelas siguen salpicando a los comercios.
De acuerdo con Ana Ohep, gerente general de Maxi Dona y Mr. Veggie, un restaurante de comida vegana y vegetariana en La Calle de la Amargura, cuando el restaurante abrió en 2019 se hacían largas filas para poder ordenar y consumir en el local a la hora del almuerzo. Luego de pandemia, la afectación fue muy fuerte.
“Tuvimos que reducir el personal y eso significaba más carga para los que estamos trabajando. Hemos hecho muchas cosas para agilizar y para mantener, como digo yo, para sobrevivir. Porque estamos en una lucha de supervivencia y no soy yo sola, yo creo que es la mayoría de los negocios. Aquí vemos con mucha tristeza que abren y cierran negocios”, mencionó Ohep.
Para mantener la clientela realizan publicidad en redes sociales y promociones, como tener el plato del día a un precio especial y sistemas de acumulación de puntos para canjear. “Hemos mantenido nuestra filosofía de vegano y vegetariano, nos cuesta mucho porque todos los días nos piden que pongamos algo más, pero nos mantenemos porque sabemos que en la zona es el único vegano con opciones vegetarianas”, comentó.
Ella aduce que la poca afluencia de personas se debe a un tema de la percepción de la seguridad en la zona. Señala que en otra época era mucho ruido, movimiento y vida nocturna. “Sigue habiendo vida nocturna, pero todo es mucho más tranquilo y creo que ahora la gente tiene desconocimiento de que la zona es segura”.
La actual propietaria del histórico restaurante Omar Khayyam, Ivannia Ugalde, señala que el local tuvo que estar cerrado durante dos años a causa de las restricciones de la pandemia. A finales de 2023 es cuando reabre.
Su clientela está dirigida, en su mayoría, a personas mayores de 30, como los profesores de la universidad o del colegio Vargas Calvo, siendo un espacio más cultural con eventos de música en vivo los fines de semana, actividades de poesía, lecturas y presentaciones de libros. El restaurante incluso tiene una mini biblioteca donde la gente puede llegar a intercambiar libros.
Menciona que los primeros dos meses del año, antes de iniciar el semestre universitario, siempre son difíciles y se siente un ambiente muy desolado.
Solución: transformar La Calle
Domingo Argüello, alcalde de Montes de Oca, mencionó que quiere construir un bulevar gastronómico en la zona de La Calle de la Amargura. La idea es que se convierta en un espacio cultural y familiar renovando las aceras y el espacio público en general.
De acuerdo con las propietarias de los locales ya mencionados, la Municipalidad se ha reunido con los negocios con patente en la zona quienes señalan que la construcción de este proyecto es sumamente necesaria para reactivar el comercio.
“No es que solo que sí estoy de acuerdo, sino que es indispensable hacerlo, porque simplemente es dificultoso transitar por aquí y creo que eso nos afecta bastante. El bulevar tiene que hacerse para que esto despierte pronto. Todos estamos buscando apoyo dentro de lo posible, pero llegó la hora del indispensable apoyo de la Municipalidad”, mencionó Ohep.
Según explicó la gerente general de Mr. Veggie: “el proyecto habla básicamente de arreglar las aceras, de tal manera que la gente pueda caminar, sentarse, comer algo. Es válido resaltar que la mayoría de los que estamos hoy somos locales familiares y alrededor hay teatros que presentan obras bellísimas. Aquí no hay caos y no queremos caos en la zona, queremos paz y tranquilidad”.
La propietaria de Omar Khayyam señala que sí siente que el bulevar debería hacerse, pero no cerrando la calle “sino que siga transitada con un carril”.
Lo que piensa Ugalde es que se tiene que “embellecer la zona y tratar de que los dueños de los locales actualmente cerrados vean que la zona no genera lo que generaba hace siete años antes de pandemia y que tal vez ayuden con lo que es el ajuste del alquiler”.
Considera que el distintivo cultural del espacio puede ayudar muchísimo con el desarrollo del bulevar. Resalta que en la misma zona hay tres teatros diferentes: el de la UCR, el Teatro de Bolsillo y el Teatro 506, lo que podría fortalecer a los comercios aledaños.
Para el sociólogo Pablo Carballo, esta propuesta puede significar un cambio de paradigma dentro del imaginario social en el que se asocia a ese lugar con un ambiente juvenil a que se transforme a un espacio más familiar. Incluso considera que tiene una lógica de inclusión entre diferentes generaciones.
“La Calle de la Amargura está connotada con la gente que viene en la noche a disfrutar de la vida nocturna, asociada con jóvenes. Tal vez puede haber ahí una resignificación, como retomar el espacio y diversificar por el tipo de población que es primario en la zona”, resaltó.
En comunicación vía correo electrónico con El Financiero, Domingo Argüello, alcalde de Montes de Oca, asegura que quieren crear un concepto “de una calle turística-gastronómica-cultural, planificado en conjunto con propietarios y patentados de la zona; no queremos copiar o replicar lo que existe en La Cali o Escalante, sino que sea algo diferente e innovador”.
Parte de lo que se propone es la mejora estructural peatonal de la zona, como lo son las aceras por completo. “Por ejemplo en Barcelona y Roma las aceras están a la altura de calle y las divisiones entre lo peatonal y lo vehicular son maceteros, colores en la infraestructura, bolardos modulares que se puedan retirar cuando sea necesario para cerrar la calle y promover el comercio al aire libre, la movilidad peatonal en diferentes horas, con accesibilidad, iluminación, mobiliario urbano, arborización y paisajismo urbano”, declaró.
También quieren iniciar un programa turístico para promover la visita a espacios del cantón como la UCR, el Parque del Este, el Centro de la Cultura y a un eventual museo histórico.
Con respecto al nivel de avance del proyecto, la Municipalidad mencionó que ya se encuentra avanzado con planos. “Actualmente tenemos este proyecto en la fase de análisis y búsqueda de presupuesto, y al mismo tiempo trabajamos en la documentación para presentar un trámite ante las autoridades competentes para cierres temporales y eventuales cambios de vías en Calle 3 y sus alrededores, así como una posible reubicación de rutas de autobús”.
Según indican desde la alcaldía, la iniciativa se ha socializado en varias oportunidades “en varias oportunidades con el sector comerciantes, y es normal que muchos quieran que el proyecto se ejecute lo más pronto. Se han hecho adaptaciones al proyecto existente para mejorarlo y lo hemos socializado con ellos”, mencionó Argüello.
Para que una zona como La Calle de la Amargura sobreviva, debe transformarse y buscar nuevos públicos. El comercio resiente la poca diversidad que se ha dado en el espacio y una transformación resulta inminente para que los negocios logren salir a flote. Los recuerdos y anécdotas quedarán, pero se pueden formar nuevas a partir de un cambio que los propietarios solicitan efusivamente, donde en unión entre la empresa privada y la Municipalidad, puede llegar el salvavidas que no permita que los negocios se ahoguen en la orilla.