Si retrocedemos al 2020, el simple recuerdo del año evoca tiempos de incertidumbre; sin embargo, más allá de la crisis sanitaria, este periodo fue el catalizador de una transformación profunda en nuestros hábitos. Por ejemplo, ante las restricciones que obligaron al cierre de gimnasios para evitar aglomeraciones y contagios, la actividad física no se detuvo, sino que se mudó a la sala o a algún rincón de la casa.
Si bien esta alternativa se consolidó como una opción de emergencia bajo estos protocolos sanitarios, ha evolucionado hoy en una industria consolidada en Costa Rica y el mundo: los entrenadores personales ya no son solo una opción para quienes evitan las multitudes, sino la preferencia de un público que busca resultados específicos, seguridad técnica y un acompañamiento que los gimnasios convencionales rara vez pueden ofrecer de forma masiva.
El entrenamiento personal no es una novedad en Costa Rica, ya que ha estado presente en clubes y gimnasios por décadas. Sin embargo, recientemente ha recibido un empuje debido a una mayor conciencia sobre la importancia de la salud y la facilidad para encontrar ofertas de entrenadores, ya sea a través de redes sociales, recomendaciones de conocidos o en los propios gimnasios.
Elegir un buen “coach” es fundamental para alcanzar metas como la pérdida de peso, el aumento de masa muscular o, en general, la búsqueda de bienestar e incluso paz mental. Un profesional adecuado no solo ayuda a lograr estos objetivos y maximizar la inversión, sino que también es clave para prevenir lesiones. Por lo tanto, es esencial conocer las responsabilidades y la preparación que debe tener el entrenador personal.
En Costa Rica, el negocio de entrenamiento personal se estructura en dos modalidades principales. Por un lado, están los entrenadores que laboran en gimnasios, es decir, las personas deben asistir al gimnasio para tener ese espacio de entrenamiento individualizado con los recursos que cuenta en la sede y también existe la opción de quienes laboran por servicios profesionales. Por otro lado, operan los profesionales independientes, que ofrecen sus servicios a domicilio o en un lugar previamente acordado con el cliente, con material ya sea propio o del contratante.
Además, la presencia de entrenadores personales se extiende cada vez más a gimnasios de condominios e incluso a oficinas que incorporan programas de ejercicio para sus empleados.
Paralelamente, el sector digital también proporciona planes de entrenamiento a distancia. Estos están dirigidos a personas que buscan orientación técnica pero no requieren la presencia física de un entrenador, ya sea porque disponen de equipo básico en casa (como mancuernas o ligas), tienen limitaciones de tiempo, viven lejos de un gimnasio o simplemente prefieren este formato.

Promedio de precios
De acuerdo con Gloriana Fonseca, Educadora Física y especialista en Rendimiento Deportivo, en Costa Rica, el mercado del entrenamiento personalizado no cuenta con una tarifa mínima fija establecida por ley, lo que permite que cada profesional defina sus precios basándose en una estructura de valor y costos operativos.
Los elementos principales para fijar la tarifa incluyen la formación académica y la especialización; un profesional con grado de licenciatura o posgrado en Ciencias del Movimiento Humano, o con certificaciones internacionales en áreas como rehabilitación y alto rendimiento, suele cobrar más debido a la inversión y el rigor técnico de su conocimiento.
Asimismo, el tipo de población influye directamente: no requiere el mismo tiempo ni responsabilidad programar una rutina para una persona sana que para un cliente con patologías cardíacas o condiciones especiales, donde el nivel de riesgo y cuidado clínico es superior.
Otro factor determinante es la logística y los costos variables. Cuando el servicio es a domicilio, el entrenador debe contemplar no solo el gasto de combustible, sino también el tiempo de traslado y la devaluación vehicular.
Para garantizar una práctica ética y segura, el profesional debe operar bajo requisitos mínimos que incluyan la inscripción ante el Ministerio de Hacienda para la emisión de factura electrónica, el mantenimiento de certificados actualizados en primeros auxilios y RCP, e idealmente, contar con una póliza de responsabilidad civil. Esta transparencia en el cobro y la formalidad legal no solo protegen al entrenador, sino que le brindan al cliente la seguridad de que está pagando por un servicio respaldado por estándares de calidad y salud.
“Los entrenadores personales brindamos servicios personales o grupales, se realizan entrenamientos basados en el tipo de población que sea el cliente, es decir, desde niños hasta adultos mayores. La tarifa ronda entre los ȼ12.000 hasta los ȼ20.000 por sesión, en algunos casos si hay que trasladarse muy largo sería un precio un poco mayor”, confirmó Stward Obando, entrenador personal certificado.
¿Quién regula el negocio?
Hasta hace poco, no había suficiente claridad para regular el trabajo de este tipo de profesionales en el país. De hecho, hasta marzo de 2022 se creó el Colegio de Profesionales en Ciencias del Movimiento Humano (Cpcmh), un ente que busca brindar mayor claridad para clientes y entrenadores.
La Ley Orgánica del Colegio de Profesionales en Ciencias del Movimiento Humano —10.184— define a estos profesionales como quienes aplican conocimientos científicos del movimiento humano en actividades como prescripción, supervisión y consejería en ejercicio físico, buscando el bienestar integral de las personas usuarias. La norma establece que nadie puede ejercer la profesión ni sus especialidades sin estar incorporado al Colegio, y le da a este la potestad de identificar, definir, regular, fiscalizar y reconocer las distintas especialidades en ciencias del movimiento humano, donde se ubica el entrenamiento personal.
Dicho de otra forma, la legislación es clara en que para que alguien pueda ejercer como profesional en esta rama debe contar con un título profesional que lo acredite. Sin embargo, en la realidad, esto no siempre ocurre así.
“Muchos profesionales, entre comillas, brindan servicios personalizados pero no significa que estén capacitados, porque, por ejemplo, puede ser que les gustara mucho el ejercicio, se metieran al gimnasio, sacaran un curso y ya se hacen llamar entrenador y muchas veces hay muchas falencias de conocimiento de anatomía y fisionomía”, comentó Josselyn Pérez, Bachiller en Ciencias del Movimiento Humano.
Frente a sus clientes, este profesional tiene el deber de velar por la seguridad y la integridad física, aplicando principios científicos y éticos en la prescripción del ejercicio, y adaptando las cargas al estado de salud y nivel de riesgo de cada persona. También debe informar con claridad los objetivos, riesgos y alcances del programa, respetar la confidencialidad de los datos de salud, actualizarse de forma continua y abstenerse de ofrecer servicios para los que no tiene competencia o habilitación profesional.
Retos para regular mejor el entrenamiento personal
En Costa Rica, el entrenamiento personal vive una paradoja: sobre el papel existe un marco normativo relativamente claro, pero en el terreno persisten vacíos, incumplimientos y zonas grises que dejan a muchas personas expuestas a servicios sin controles efectivos de calidad ni de seguridad.
El Decreto N.° 33532-S —que oficializa el Manual de Normas para la Habilitación de los Centros de Acondicionamiento Físico— define a estos centros como establecimientos ligados al ejercicio físico, la salud, el deporte, la rehabilitación y la recreación, donde se ejecutan programas de ejercicio individuales y colectivos para mejorar y mantener la aptitud física de los usuarios.
También de acuerdo con el Cpcmh, en Costa Rica, el sector del entrenamiento personal no cuenta actualmente con una regulación específica que dicte tarifas máximas o mínimas obligatorias. No obstante, para garantizar una remuneración justa y profesional, se utiliza como referencia técnica la escala de salarios mínimos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS): un profesional con grado de Bachillerato Universitario debe percibir un salario base mensual de ¢664.078,07, lo que equivale a un costo por hora de aproximadamente ¢2.766. El respeto a estos parámetros es vital para combatir la informalidad y asegurar que los honorarios reflejen adecuadamente la preparación académica, la responsabilidad legal y el tiempo invertido por el entrenador.
A pesar de existir esta base legal para el cálculo de salarios, el mercado de servicios personalizados sigue careciendo de un estudio formal que determine la tarifa promedio real cobrada al consumidor final. Factores como la ubicación geográfica, la especialización técnica del profesional y el volumen de sesiones contratadas generan una brecha considerable en los precios.
De cara a los próximos años, el desafío no solo pasa por sancionar el incumplimiento, sino por ordenar el mercado. Regular mejor este sector no significa limitar el crecimiento de la industria, sino orientarlo: proteger al usuario, dar respaldo a quienes se han formado profesionalmente y consolidar un entorno donde entrenar con seguridad sea la regla y no la excepción.

