En el entorno competitivo actual, la identidad de marca ha trascendido los logotipos impresos en papel o pantallas. Para muchas empresas costarricenses y regionales, las botargas se han convertido en un activo más dinámico de su estrategia de mercadeo; son embajadores físicos capaces de generar una conexión emocional inmediata con el consumidor. Sin embargo, su naturaleza híbrida —que combina una obra artística, un objeto industrial y una interpretación humana— crea un escenario legal complejo que requiere protección en varios sentidos.
Según el Registro Nacional, una “botarga” se puede inscribir como signo marcario, ya sea acompañado del nombre particular que tiene (si es que lo tiene) o simplemente su imagen (marca mixta o figurativa, o emblema comercial).
Además, la imagen misma también puede inscribirse en Derecho de Autor como una obra artística (diseño o dibujo).
El contrato: la primera línea de defensa
El desafío legal surge antes de que la botarga sea fabricada. Al contratar a un artesano, diseñador o agencia para materializar un personaje, existe el riesgo de que el creador retenga los derechos de autor. En la legislación costarricense, la originalidad es el requisito fundamental para la protección; si el diseñador crea un personaje desde cero este es, por defecto, el autor original.
Si una empresa no define contractualmente la cesión de los derechos patrimoniales desde el primer día, se expone a que el creador retenga el control sobre la explotación comercial de la obra. Esto implicaría que cualquier reproducción, adaptación o uso de la imagen en otros formatos —como peluches, animaciones digitales o incluso una segunda botarga— requiera una autorización adicional y, posiblemente, el pago de nuevas regalías.
Para blindar el negocio, el contrato de prestación de servicios debe establecer con absoluta claridad que el personaje fue creado por encargo y que todos los derechos patrimoniales se transfieren de forma exclusiva y perpetua a la empresa contratante.

La botarga como “modelo industrial” en Costa Rica
Uno de los aportes legales más significativos para proteger este activo es la figura del modelo industrial. Según Priscila Vidal, senior Legal de EY Law, en Costa Rica las botargas encuentran su nicho de protección bajo la Ley de Patentes de Invención, Dibujos y Modelos Industriales.
“La Ley describe al modelo industrial como toda forma plástica, asociada o no a líneas o colores, siempre que esa reunión o esa forma dé una apariencia especial a un producto industrial o de artesanía y pueda servir de tipo para su fabricación”, explicó Vidal.
A diferencia del derecho de autor, que protege la idea expresada en el personaje, el registro como modelo industrial protege la estructura física y visual de la botarga. Es importante notar que esta protección es puramente estética. No protege mecanismos técnicos internos, como sistemas de ventilación o movilidad, sino el diseño exterior que hace que el producto sea único a la vista del público.
Este registro otorga al titular el derecho de impedir que terceros fabriquen o comercialicen copias, o incluso versiones que sean fundamentalmente similares, lo que constituye una barrera robusta contra la competencia desleal.
Para que la protección sea verdaderamente efectiva, los especialistas sugieren no depender de una sola figura legal, sino aplicar una estrategia de capas. Un personaje exitoso suele tener un nombre distintivo y una apariencia visual que el público asocia directamente con una empresa o producto.
Por un lado, se debe tramitar el registro de marca nominativa para el nombre del personaje. Esto permite que, si un competidor lanza una botarga físicamente distinta pero con el mismo nombre (o uno muy similar), la empresa original pueda oponerse legalmente por riesgo de confusión en el mercado. Por otro lado, la representación gráfica debe registrarse como marca figurativa. Esta combinación asegura que el signo distintivo de la empresa esté protegido tanto en lo que el consumidor escucha como en lo que ve, bloqueando intentos de imitación que busquen aprovecharse del prestigio de la marca original.
El factor humano: Protegiendo el comportamiento y los gestos
A diferencia de un cartel publicitario, la botarga es un activo vivo. Quien le da vida es un actor cuyas acciones, gestos y comportamiento impactan directamente en la reputación de la marca. Aquí surge una interrogante crítica: ¿Qué impide que un actor renuncie y se lleve la personalidad del personaje a la competencia?
La respuesta reside en la gestión del talento humano. Ya sea bajo un contrato laboral o de prestación de servicios, el acuerdo debe incluir cláusulas de confidencialidad y propiedad intelectual que establezcan que la “esencia” del personaje —sus movimientos característicos, su voz y su forma de interactuar— pertenece exclusivamente a la empresa.
Además, es recomendable entregar al intérprete un manual de identidad de personaje que dicte lineamientos estrictos de conducta. Al documentar que el actor está ejecutando una interpretación bajo instrucciones específicas de la marca, la empresa asegura que el personaje no es la persona, sino un activo institucional cuya integridad debe preservarse sin importar quién esté dentro del disfraz.
Aunque los derechos de autor suelen tener un reconocimiento más amplio gracias a tratados internacionales (como el Convenio de Berna), el registro local como marca y modelo industrial son la herramienta más potente para ejercer acciones legales expeditas en mercados extranjeros. La previsión en este punto es clave: antes de abrir una sede fuera de las fronteras, el personaje debe estar legalmente blindado en el país de destino para evitar que terceros registren el nombre o el diseño antes que el dueño legítimo.
“En el caso de las marcas, la protección es territorial, lo que significa que un registro obtenido en Costa Rica no se extiende automáticamente a otros países. Por esa razón, si una empresa planea expandirse a otros mercados, lo recomendable es gestionar el registro de la marca o del personaje en los países donde pretende operar. Si el personaje también está protegido por derechos de autor, esa protección puede tener reconocimiento en otros países en virtud de tratados internacionales, sin embargo, el registro como marca sigue siendo una herramienta clave para asegurar su uso exclusivo en cada mercado”, comentó María José Ortega, abogada especialista en protección de marca.
La protección legal de una botarga es un proceso que inicia en la mesa de diseño y se extiende hasta la ejecución diaria del personaje. Al combinar contratos de cesión de derechos de autor con el registro de modelos industriales y marcas, los dueños de negocio transforman un simple disfraz en un activo financiero protegido.
La clave del éxito no reside solo en tener la mejor botarga del mercado, sino en asegurar que cada elemento que la compone —su nombre, su forma y su comportamiento— sea, sin lugar a dudas, propiedad indiscutible de la empresa.

LEA MÁS: ¿Necesita su marca una botarga? Así funcionan y actúan en la mente de los consumidores
