El cine en Costa Rica no es solo una actividad cultural, es un termómetro del consumo masivo y un negocio inmobiliario de alto calibre. Lo que comenzó a principios del siglo XX como un evento social que transformó la arquitectura de San José, hoy es una industria dominada por gigantes regionales y tecnologías de inmersión, que ha logrado sobrevivir a una pandemia y a la amenaza del streaming.
A mediados del siglo pasado, San José era una ciudad de cines. Nombres como el Teatro Variedades —el más antiguo del país— el Cine Líbano, Palace, el Rex, el Capitolio, California, Metropolitan o el Cine Magaly —que aún resiste como bastión independiente—, solo por mencionar algunos, definían el paisaje urbano.
En aquel entonces, el modelo de negocio era el de “sala única”. Los cines eran edificios independientes, a menudo con balcones y plateas, que funcionaban como centros de reunión comunitaria. Sin embargo, con la llegada del video doméstico (VHS y Betamax) en los años 80 y el deterioro de los centros urbanos iniciaron una decadencia lenta. Las salas únicas empezaron a cerrar o a convertirse en otro tipo de negocio.
El cambio de paradigma se dio en la década de 1990, con la llegada de los primeros centros comerciales modernos. A partir de ese momento, el negocio dejó de centrarse únicamente en la administración de un edificio para transformarse en el eje de un proyecto inmobiliario integral, pensado para atraer visitantes, generar experiencias y dinamizar la economía del entorno.
Fue en esta etapa donde aparecieron figuras clave como el Circuito de Cines Magaly (CCM), de la familia Raventós, que dominó el mercado nacional por décadas antes de la llegada de la competencia extranjera. CCM fue pionero en instalarse en centros comerciales como el Mall San Pedro o Plaza Rohrmoser, adaptando el concepto de “multisalas”.
Hoy, el mercado cinematográfico costarricense está dominado por tres cadenas que se dividen operaciones en los centros comerciales del país. A ellas se les suman otras empresas que también buscan llevar los estrenos de películas fuera de la Gran Área Metropolitana en lugares con alto flujo poblacional.

Este es un repaso de las principales cadenas que funcionan actualmente en el país y sus ubicaciones. La investigación fue propia y se tomaron datos del sitio web de las empresas.
Cinemark
Esta empresa de capital estadounidense arribó al país en diciembre de 1997, cuando el concepto de multisalas estaba creciendo rápidamente en Costa Rica. Su primera inversión en suelo nacional fue en Multiplaza Escazú, cuando abrió ocho salas en ese centro comercial.
Actualmente tienen operaciones en los Multiplaza (Escazú y Curridabat), Oxígeno en Heredia y City Mall en Alajuela.
Cinépolis
La cadena de capital mexicano llegó a Costa Rica en 2003, con la apertura de 15 salas en el centro comercial Terramall, en Tres Ríos. Introdujeron el concepto de salas VIP, con servicios de restaurante a la butaca, salas 4DX (con movimiento y efectos ambientales) e incluso salas infantiles.
Operan en la actualidad en Plaza Lincoln, Mall Multicentro, Paseo de Las Flores, Paseo Metrópoli, Terrazas Lindora y Terramall.
Nova Cinemas
Propiedad de Repretel (Grupo Albavisión), tiene presencia en el país desde 2009. Su complejo en Avenida Escazú introdujo la primera pantalla IMAX del país, estableciendo en ese momento una novedad en la forma de ver las películas.
Durante el 2025 la empresa abrió operaciones en Plaza Moín en Limón y en Plaza Garden, en Tamarindo. Con esto Nova Cinemas expandió su negocio fuera de la Gran Área Metropolitana y agregó estas salas a las que ya tiene en Avenida Escazú —fueron remodeladas también el año pasado—, Plaza Real Alajuela y Ciudad del Este, en Curridabat.
Cine Magaly
El Magaly se transformó de un cine de estrenos puramente comerciales a un cine que también ofrece películas que van más allá de la cartelera de Hollywood. También es sede de distintos festivales, nacionales e internacionales. Su modelo de negocio es distinto: se basa en la fidelidad de un nicho culto, logrando ser la referencia para quienes rehúyen del cine comercial.
Actualmente tienen su complejo en Barrio La California e incluye, además de su icónica sala principal de dos niveles, una pequeña sala de proyección secundaria.
CCM Cinemas
La cadena que por años dominó el negocio del cine en el país tuvo que reajustar su estrategia al no poder competir con las principales cadenas en los centros comerciales. Orientó su estrategia a una expansión fuera de la GAM.
Según su sitio web, CCM aún tiene abiertos cines en Plaza Occidente en San Ramón, Plaza San Carlos en ese cantón alajuelense y Plaza Mayor en Rohrmoser.
Otras empresas
Estas cadenas no son las únicas que ofrecen entretenimiento cinematográfico en el país, pues existen otras marcas que se dedican a este negocio pero a menor escala. Estas empresas están ubicadas tanto dentro como fuera de la Gran Área Metropolitana.
Por ejemplo, Cinemas San Pedro opera en el Mall San Pedro; Studio Cinema se encuentra en City Place Santa Ana; en el Mall Centro Plaza Liberia está Multicinemas; Multicinemas Pérez Zeledón está ubicado en el Centro Comercial Plaza Monte General; Sunset Cinema está ubicado en Jacó, que está funcionando desde septiembre de 2024, al igual que Bistro Cinema en Playa Hermosa en Guanacaste.
De la cadena CitiCinemas actualmente queda una sede, que se encuentra en Plaza Grecia El Ingenio, en Alajuela. Por otro lado, en Paso Canoas se ubica Pacific Cinemas, que actualmente se encuentra construyendo nuevas salas de proyección.
Comportamiento de los precios
El costo de las entradas al cine en la actualidad tiene un precio base similar en varias cadenas del país, que ronda los ȼ3.300 más los cargos por servicio por comprarlas por Internet. Por otro lado, el precio puede variar dependiendo de si la película es un estreno o lleva varias semanas en cartelera, si se compra en preventa o bien, tradicionalmente los cines han ofrecido promociones especiales los miércoles.
La crisis del cine 2020 y la optimización de ingresos
El negocio del cine en Costa Rica vivió su momento más oscuro entre marzo de 2020 y mediados de 2021. Según datos de la Cámara de Distribuidores y Exhibidores Cinematográficos, las salas estuvieron cerradas por meses y luego operaron con aforos reducidos al 25% o 50% debido a la pandemia de coronavirus.
En los últimos años, la industria cinematográfica ha experimentado una notable recuperación en términos de aforo. El regreso de los estrenos taquilleros ha sido un factor clave para alcanzar nuevamente niveles de asistencia cercanos a los óptimos. Sin embargo, resulta evidente que el modelo de negocio de los cines ha evolucionado tras la crisis sanitaria, adoptando nuevas estrategias para diversificar y optimizar sus fuentes de ingreso.
Un estudio del 2023 publicado por la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales indica que el negocio del cine en Costa Rica movió $34,4 millones e implicó la venta de 5,4 millones de entradas. En 2019 se habían vendido 8,1 millones de entradas.
Tradicionalmente, las ganancias por la venta de entradas han representado una parte esencial del flujo económico, pero no son la única vía de rentabilidad. En la actualidad, la oferta gastronómica dentro de los complejos cinematográficos ha adquirido una relevancia cada vez mayor. Ya no se limita a las clásicas palomitas con gaseosa: se han incorporado nuevos platillos, postres y bebidas especiales que buscan adaptarse a los gustos y expectativas de distintos públicos, incrementando así el consumo promedio por visitante.
Además, muchos cines han explorado líneas de negocio alternativas, como el alquiler de salas para eventos privados, fiestas infantiles, torneos de videojuegos o presentaciones corporativas. Estas actividades permiten aprovechar los espacios en horarios no tradicionales y diversificar la clientela más allá del público habitual de las funciones de cine.
Un rubro que no se puede dejar por fuera es el de la publicidad previa a las películas. Las pantallas de cine se han convertido en un canal atractivo para las marcas, ya que ofrecen un público cautivo y una experiencia de visualización inmersiva. Los anunciantes valoran la posibilidad de proyectar mensajes en alta calidad y con gran impacto visual, lo cual se traduce en un ingreso extra significativo para los operadores de salas.
En conjunto, estas transformaciones reflejan la capacidad del sector para adaptarse a los nuevos hábitos de consumo y mantener su relevancia dentro del panorama del entretenimiento
¿Hacia dónde va el cine en Costa Rica?
El principal desafío del negocio cinematográfico hoy no radica únicamente en competir con las plataformas de streaming o los sitios web de películas piratas, sino en ofrecer una experiencia en sala que realmente justifique el pago de las entradas y productos adicionales. En Costa Rica, las marcas están apostando por mejorar la calidad de imagen y sonido, desarrollar programas de lealtad —como membresías con beneficios y acceso a preventas—, e incorporar eventos alternativos, como transmisiones de conciertos, competencias deportivas y otras experiencias en vivo.
El futuro del cine en Costa Rica se dibuja como un equilibrio delicado entre la tradición del espectáculo colectivo y las exigencias de un público acostumbrado a la inmediatez digital. Tras décadas de transformaciones, las salas han dejado de ser únicamente espacios para ver una película: hoy son centros de experiencia, puntos de encuentro y, sobre todo, motores de una economía cultural que se reinventa frente a cada crisis tecnológica o social.
En este proceso de reinvención, las estrategias comerciales jugarán un papel determinante. La diversificación de ingresos demuestra que el cine ha aprendido a no depender únicamente del boleto. Esta búsqueda de sostenibilidad responde no solo a una necesidad empresarial, sino también al deseo de mantener vivo un ritual que trasciende generaciones.
El impulso del cine nacional, por su parte, representa otro punto de apoyo en la estabilidad del sector. Las producciones locales, tanto las de corte popular como las de autor, han encontrado espacios donde dialogar con públicos distintos y complementar la oferta internacional. En esa mezcla reside buena parte de la identidad cinematográfica del país: un puente entre lo comercial y lo cultural que fortalece el vínculo del espectador con su entorno.
De cara a los próximos años, la sostenibilidad de la exhibición dependerá de la cooperación entre creadores, distribuidores y empresarios. En una era de pantallas personales y contenido inmediato, la sala oscura mantiene un valor simbólico difícil de replicar. Su supervivencia no estará garantizada por la nostalgia, sino por su capacidad de evolucionar sin perder la esencia que la caracteriza: ser un espacio compartido donde la realidad se suspende, por unas horas, para dejar que las historias vuelvan a tomar el protagonismo.

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