Negocios

Personalización y nostalgia dan vida a la fábrica Muñecos Paco

Empresa familiar es la última fábrica de su tipo en el país

¿Cuál color de cabello prefiere? ¿Largo o corto? ¿Liso, rizado o afro? Agréguele tres opciones de tonos de resina, más los ojos y la ropa a gusto de quien compra: la fábrica Muñecos Paco eligió el camino de la personalización como complemento a su producción para tiendas.

La pandemia impulsó la apertura de un nuevo canal de ventas directas a clientes finales. Los propietarios y fabricantes son Pedro Murillo Alfaro y Rosa Ramírez Ruiz, pero quien administra los contactos en redes sociales y WhatsApp es su hija Adriana. Las fotos con las que anuncian nuevos modelos o características en sus seis líneas de muñecos son de la autoría de Francisco Rodríguez Zamora, el esposo de Adriana.

Ellos cuatro, más una persona en funciones de limpieza, forman la última fábrica de muñecos de plástico de Costa Rica, y probablemente de la región.

“En realidad con la pandemia nos ha ido súper bien. Yo había abierto la página de Facebook hace ocho años pero tuvo poco seguimiento. Cuando empezó la pandemia le dimos impulso a redes sociales y ventas en línea. La comunidad había crecido mucho orgánicamente, por la historia que tiene la empresa. Lo que faltaba era darle un empujón. Abrimos WhatsApp e Instagram y la acogida fue fantástica”, aseguró Adriana Murillo.

Muñecos Paco era una compañía con un único ciclo anual: las ventas para Navidad. La apertura de su e-commerce desde la página web y por redes sociales les permitió generar ventas mucho más altas durante los demás meses del año.

Artesanal. Los pedidos tardan en promedio 10 días hábiles en producción y el rango de precios va de los ¢8.000 a los ¢40.000

La empresa existe y produce ininterrumpidamente desde 1959. El fundador fue el emprendedor e inversionista estadounidense Chester Patterson, cuya familia impulsó la industria metalúrgica y de plástico en Costa Rica.

Aunque el Centro Comercial La Paco, en Escazú, lleva ese nombre por la fábrica de muñecos, las instalaciones de manufactura están en Grecia, Alajuela, desde 1995, cuando la empresa pasó a manos de sus actuales propietarios. Pero la relación entre los Murillo y Paco viene de más atrás.

“Cuando papi salió del TEC como ingeniero industrial el primer trabajo que tuvo fue en muñecos Paco. Trabajó varios años y se fue a otras empresas, pero siempre le maquiló a Paco. Siempre mantuvieron relación comercial”, explicó Adriana.

Entre 1995 y 2007 la producción anual se concentró en la temporada navideña, con producciones pequeñas para comercios pequeños, en su mayoría fuera del área Metropolitana.

Los juguetes plásticos traídos por volumen desde Asia provocaron el cierre de otras fábricas de juguetes plásticos en el país, pero la resiliencia de Paco le permitió retomar clientes y oportunidades cuando las producciones masivas dieron problemas de calidad.

Para 2015, la compañía abrió nuevas líneas de producción y amplió la oferta, concentrándose por completo en muñecos hechos por completo de plástico o con cuerpo de tela y piernas plásticas.

“Paco es de las últimas fábricas de muñecos de la región, pues los fabricantes no lograron sobrevivir. Los que conocemos están en México, en España, Estados Unidos y lo demás en China”, relató Murillo.

En la actualidad producen seis tipos de muñecos, algunos de los cuales tienen versiones masculina y femenina. La individualización se da con el color en piel, ojos y ropa, además de la variedad de opciones de cabello.

El proceso de producción es artesanal, con máquinas pero mediado por un operador.

  • El primer paso es el horneado: la resina líquida se hornea en moldes y salen las piezas plásticas listas.
  • Sigue el ensamblado: si es un muñeco todo de plástico, nada más se toman las piezas y se arma a mano. Si incluye partes de tela, estas se cosen al plástico.
  • Lo último son los detalles: cabello, ropa, ojos. Van como parte del ensamblado pero de acuerdo con las especificaciones.
  • Se termina con el empaque y la entrega en la fábrica o con envíos por Correos de Costa Rica.

Todo lo hacen los propietarios Pedro Murillo y Rosa Ramírez, de 62 y 63 años respectivamente. Fabricar muñecos es su trabajo de tiempo completo, sin plan de retiro. Aunque su hija Adriana tomará la dirección de la compañía cuando llegue el momento.

Antes de la crisis global, Muñecos Paco ya había encontrado una oportunidad de negocio en los grupos de coleccionistas de muñecas que están activos en el país.

Y con el aumento de su presencia en redes, encontraron más amantes de los muñecos, principalmente niños, pero también un mercado especial para los adultos mayores.

“Muchas personas quisieron tener un Paco y nunca se dio por razones económicas o de otro tipo. Otras quieren volver a tener el muñeco de su niñez. A las señoras mayores les resulta terapéutico. Y siempre están los coleccionistas”, puntualizó Adriana.

Esa mezcla de nostalgia, personalización y creación de productos difíciles de reproducir le genera valor a la marca.

Los resultados de los últimos años les han permitido plantearse la meta de aumentar las líneas, con diferentes caras y cuerpos, adicionales a los actuales. También aspiran a producir más, y poder colocar sus productos en las grandes cadenas de tiendas de juguetes, aunque este objetivo está sin fecha aún.

“Uno siente el cariño de la gente por el producto. El aprecio por un muñeco Paco marca la diferencia”, afirmó Murillo.

Jéssica I. Montero Soto

Jéssica I. Montero Soto

Jéssica Montero es periodista de la sección de Negocios de El Financiero.

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