La reciente noticia del cierre de las operaciones de Pollo Granjero en Costa Rica no es un evento aislado, sino el capítulo más reciente de una larga y compleja historia de reestructuraciones en el sector de las comidas rápidas.
El panorama del pollo frito en el país ha mutado de ser un mercado de expansión agresiva a uno de “supervivencia del más apto”, donde la eficiencia logística y el modelo de negocio (propios frente a franquicias) determinan quién se queda con el plato principal.
Con 96 puntos de venta y una trayectoria que inició en 2013, Pollo Granjero se convirtió en parte del paisaje cotidiano en las comunidades costarricenses. Sin embargo, este marzo de 2026, la Corporación Multi Inversiones (CMI), firma guatemalteca propietaria de la marca, confirmó que apaga las freidoras de Granjero en territorio nacional.
La decisión, según el vocero José Miguel Fallas, responde a una “optimización estratégica del portafolio”. El cierre de Granjero deja tras de sí a 280 colaboradores y una red de locales que ahora quedan a la deriva o con la posibilidad de que algunos sean absorbidos por su marca hermana, Pollolandia, que funciona mediante el modelo de franquicias.
Este movimiento marca el retiro de un competidor en el concepto de “mostrador”, es decir, orientado a que el cliente pedía para llevar el producto y así esperar lo menos posible. En teoría, este modelo de negocio permitía reducir costos operativos para quienes lo manejan.
El fantasma de los que se fueron: Campero y As de Oros
La historia de Granjero recuerda otras que ocurrieron años atrás en el país, por ejemplo Campero y As de Oros. La primera, una marca destacada en Guatemala y El Salvador, intentó conquistar el paladar costarricense con locales de gran formato y servicio a la mesa, pero terminó sucumbiendo ante la feroz competencia local y costos operativos que no hacían justicia al volumen de ventas. Campero se retiró en 2017 para concentrar sus fuerzas en mercados donde su dominio es absoluto, dejando una lección clara: el nombre internacional no garantiza la lealtad del tico.
De hecho, Granjero llegó a Costa Rica para ocupar el lugar de Campero (también propiedad de CMI).
Otro caso emblemático fue el de As de Oros, de capital costarricense. Su declive y eventual desaparición de los estantes de comida preparada marcó el fin de un estilo de pollo frito más artesanal, que no pudo competir con la estandarización y el poder de mercadeo de las cadenas transnacionales y las nuevas franquicias de bajo costo.
Incluso, en el 2019 la cadena Popeyes cerró operaciones en Costa Rica con su particular estilo de pollo frito al “estilo Louisiana”, pero volvió a mediados de 2024 con un punto de venta en San Francisco de Heredia. Actualmente suma seis puntos de venta en su segunda etapa de operaciones.

El mapa actual: ¿Quiénes dominan el segmento?
Pese a estas salidas, el mercado no está vacío; está más concentrado. Eso sí, hay que aclarar que buena parte de las cadenas de comida rápida en Costa Rica tienen uno o varios productos que incluyen pollo, sin embargo, no es su core business.
El tablero actual queda constituido por varios actores principales y el que más locales concentra es Pollolandia, con casi 200. Esta marca también del grupo CMI, se queda como la única sobreviviente de la empresa en el segmento del pollo y con enfoque más orientado a atender segmentos con altos flujos poblacionales fuera de la GAM, donde las grandes cadenas no llegan.
Otro participante destacado es KFC, la primera marca de fast food que llegó a Costa Rica, hace ya más de 55 años. A mediados de marzo, la cadena abrió su establecimiento 68 en el país, puntualmente en Grecia, siendo la primera apertura del 2026.
De acuerdo con la marca, cada nuevo punto de venta representa una inversión cercana a $1 millón y para lo que resta del año la compañía proyecta realizar siete nuevas aperturas en distintas zonas del país, con el objetivo de continuar ampliando su cobertura, generar nuevas oportunidades de empleo y acercar su propuesta gastronómica a más comunidades.
Otra marca destacada en el segmento es Pollos Apí, compañía nacional que tiene ocho establecimientos según sus redes sociales, especialmente en varios cantones de la capital. También en el mercado destacan marcas como El Pechugón, Chicken King e incluso Más que Pollo.
Tampoco se puede dejar de lado Popeyes, de capital estadounidense, que ha vuelto a operar en Costa Rica con aperturas constantes.
A este ecosistema se suman las propuestas de ventas de pollos en sodas, que son comunes de ver en prácticamente todo el país, así como empresas regionales con varios puntos y “ventanitas”, que han proliferado gracias a plataformas de delivery, permitiendo que pequeños negocios compitan en visibilidad con los grandes del terreno de juego.
Eso solo por mencionar el pollo frito, pero también en esta categoría es común ver restaurantes y establecimientos especializados en pollo asado.
El rey de la mesa: El pollo vence a la res y al cerdo
¿Por qué, a pesar de los cierres de algunas marcas, se abren nuevos locales frecuentemente? La respuesta está en los hábitos de consumo del costarricense. Según datos del sector avícola y cámaras de industria alimentaria, el pollo es la proteína más consumida en Costa Rica.
Las razones son fundamentalmente económicas y de salud. El precio del pollo por kilogramo se ha mantenido históricamente por debajo del de la carne de res, que ha sufrido incrementos constantes debido a los costos de producción y exportación. Por otro lado, aunque el consumo de cerdo ha crecido gracias a campañas de promoción que destacan su versatilidad, el pollo sigue siendo percibido como una opción más “liviana” y fácil de preparar en el hogar.
Un hogar promedio en Costa Rica consume pollo al menos tres veces por semana, ya sea frito, asado o en otras preparaciones. Esta demanda masiva asegura que, aunque una marca como Granjero desaparezca, el espacio será llenado rápidamente por otro competidor.
Además, de acuerdo con datos de la Cámara de Avicultores, el consumo per cápita de carne de pollo ronda los 30 kilogramos anuales, más del doble que las de cerdo y res.
Este dominio del pollo en la dieta nacional ha configurado un escenario donde la competencia ya no se libra solo por el sabor, sino por la capilaridad logística y la estructura de costos. Mientras cadenas como KFC y Popeyes apuestan por el formato de “experiencia” con inversiones millonarias en locales físicos, el modelo de “ventanilla” o mostrador —que Granjero lideró por años— parece estar migrando a un reacomodo de fichas.

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