Mientras los proyectos inmobiliarios proliferan en Costa Rica con grandes torres y comodidades que llaman la atención de los adultos jóvenes, la oferta exclusiva para adultos mayores escasea en el territorio nacional.
La propuesta inmobiliaria enfocada en el grupo etario mayor de 65 años se conoce como Senior Living y, en Costa Rica, consta de unidades habitacionales independientes, servicios de enfermería 24/7, programas diarios de actividad física, menú de comida y limpieza del apartamento. Algunas propuestas cuentan con sala de cine, sala de belleza y restaurante.
En países como Estados Unidos y Colombia, el modelo evoluciona hacia miniciudades con tiendas, restaurantes, supermercados, transporte interno, áreas verdes y servicios médicos integrados. Esa versión más robusta del modelo aún no está disponible en Costa Rica, según indicaron distintas empresas del sector que operan en el país.
Este tipo de negocio habitacional responde a la transformación demográfica nacional. Para 2050 se proyecta que Costa Rica contará con 1.725.059 personas mayores de 60 años, más del doble de lo estimado para 2025. Así lo consigna el análisis Estimaciones y Proyecciones de Población 1970-2050 del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), que anticipa un acelerado proceso de envejecimiento poblacional en las próximas décadas.
Además, la caída sostenida de la natalidad —la tasa de nacimientos por cada mil habitantes cayó de 15,05 en 2014 a 8,87 en 2024— reduce las redes familiares de cuido y anticipa una mayor demanda de vivienda especializada. Sin embargo, el acceso es restringido: los complejos de Senior Living superan los $3.000 mensuales, muy por encima de los ¢82.000 de la pensión del régimen no contributivo y de la pensión promedio del Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM), que ronda los ¢419.108 para los jubilados por vejez.
Para Marco Orozco, director de proyectos del Centro de Estudios del Negocio Financiero e Inmobiliario (Cenfi), la limitada capacidad de compra de las familias, el costo de construcción y el mantenimiento permanente de los servicios explican tanto la reducida oferta de Senior Living como la ausencia de proyectos tipo miniciudad para adultos mayores en el país.

Negocio habitacional
Residencias como Verdeza y Stanzza se ubican dentro de la categoría Senior Living. Una de sus principales diferencias respecto a los Hogares de Larga Estancia es la independencia que conservan quienes habitan estos complejos.
“Siempre les digo a los clientes que se imaginen que Verdeza es como cualquier edificio de apartamentos de los que vemos en La Sabana. Es exactamente lo mismo, solo que con un enfoque en las necesidades de las personas adultas mayores: enfermería 24/7, todas las comidas incluidas y sin necesidad de desplazarse al supermercado”, explicó Andrea Zamora, gerente de Ventas & Residentes de Verdeza.
Este tipo de servicio también se conoce como Assisted Living, término que alude a la atención médica incluida dentro del pago mensual. Otro concepto —que aún no se desarrolla plenamente en Costa Rica— es el de Independent Living, asociado a complejos tipo miniciudad diseñados para este grupo etario.
Existe además la subcategoría skilled nursing, que contempla asistencia completa en actividades básicas diarias como baño, higiene, vestimenta y movilidad.
Los edificios destinados a Senior Living suelen diseñarse bajo principios de gerontoarquitectura, que privilegian distancias cortas entre espacios, habitaciones amplias, buena iluminación y pasillos anchos para facilitar la movilidad.

“La idea del senior living es que las personas continúen con su vida de la mejor manera posible, accediendo a servicios que mejoren su calidad de vida y salud”, señaló Fernanda Jiménez, asesora de servicio al cliente en Stanzza.
Entre las comodidades que ofrece Stanzza se encuentran enfermería 24/7, limpieza, lavandería, seguridad, mantenimiento, restaurante, salón de belleza y sala de cine. También imparten clases de tai chi, yoga, arte y música, además de servicios de psicoterapia y estimulación cognitiva.
Todas estas facilidades —integradas en un espacio similar a un condominio— tienen un costo equiparable o incluso superior al de vivir en un apartamento de lujo en torre. En Verdeza, los precios inician en $3.125 mensuales, mientras que en Stanzza parten de $3.640.
Estos complejos no comercializan las unidades habitacionales. Operan bajo esquemas de pago mensual por servicios con residencia incluida, una dinámica coherente con su enfoque exclusivo para personas adultas mayores, que evita la transferencia o comercialización de las unidades fuera del modelo administrativo.
Necesidad de la población
El costo de invertir mensualmente en un Senior Living escapa de la capacidad adquisitiva de la mayoría de las personas trabajadoras en Costa Rica. Según el Programa Estado de la Nación (PEN), la mitad de la población ocupada devenga menos de ¢420.000 mensuales, lo que dificulta que estas familias puedan optar por una residencia especializada para sus adultos mayores.
“La oferta de servicios de cuido es costosa y excluyente”, advirtió el PEN en su edición 2025.
Más allá de la brecha entre quienes pueden acceder a servicios privados y quienes no, la necesidad de algún tipo de atención especializada será creciente. Costa Rica es el país más avanzado de Centroamérica y el Caribe en términos de envejecimiento poblacional.
De acuerdo con proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la proporción de personas adultas mayores pasará del 16% al 20% del total de la población durante la presente década.

Desarrolladores como Casa Max y RC Inmobiliaria reconocen que, por ahora, no tienen en cartera proyectos que repliquen el modelo de miniciudades para adultos mayores. Sin embargo, la transición demográfica en curso perfila este segmento como uno de los nichos con potencial expansión en el mercado inmobiliario.
Costa Rica enfrenta así un reto estructural: ampliar y diversificar las soluciones de vivienda y cuido para una población que crecerá con rapidez en las próximas décadas.
