Por: Roberto Artavia.   27 marzo, 2018

​Esta columna se la envié a El Financiero 5 días antes de la segunda ronda electoral, la cual despejará la incógnita sobre cuál de los Alvarado será nuestro próximo Presidente.

Habrá terminado una temporada electoral sin precedentes.

El país decidió en contra de los “partidos tradicionales”, que ojalá hayan recibido el mensaje de que deben reinventarse y cambiar su liderazgo. No parece ser así, pues quiénes dieron la cara en una y otra forma desde el 4 de febrero son “los mismos de siempre”."

"Cualquiera de los dos Alvarado que sea presidente electo tiene la oportunidad de cambiar Costa Rica para bien".

De hecho, aunque unos y otros han tratado de entremezclarse en los llamados gobiernos de unidad nacional, lejos de ceder espacio a gente nueva sus líderes visibles son los mismos, ahora tratando de imponer sus agendas a otros.

Las fuerzas políticas que llegaron a la segunda ronda sí parecen haber escuchado. Se abrieron a formar nuevas alianzas e incorporaron a gente de mérito, aproximándose así a coaliciones políticas de “corte parlamentario” y a una meritocracia, pues cedieron espacios a expertos temáticos y líderes de pensamiento, sin enfocarse tanto en su procedencia partidaria o ideológica.

Pactos y coaliciones

Estas nuevas coaliciones deben resultar en cambios, pactos e innovación para evitar el riesgo de que éstas duren poco. Esta nueva forma de hacer política es importante en un contexto en el que la fluidez de las decisiones es necesaria para mantener competitividad, progreso social, sostenibilidad y adaptarse a un futuro rápidamente cambiante.

Además, hay un Acuerdo Nacional entre partidos políticos con representación legislativa en 2014-2018, firmado por los presidentes de cada uno de los partidos, que debiera significar una gran agenda de consenso al inicio del período constitucional del nuevo gobierno.

Cualquiera de los dos Alvarado que sea presidente electo tiene la oportunidad de cambiar Costa Rica para bien. Para hacerlo deberá escuchar, dialogar, negociar y ejecutar lo planeado y acordado; avanzar con valentía y a paso firme por una ruta de cambio.

Seguir como veníamos sería trágico para el país. Avancemos con ilusión…