En los últimos años, los gestores de fondos de pensiones, aseguradoras y otras entidades institucionales enfrentan un dilema permanente: ¿cómo participar del crecimiento de los mercados sin comprometer la estabilidad de los portafolios? La respuesta no está en las fórmulas mágicas ni en la rotación ciega de activos, sino en el diseño prudente de vehículos que conjuguen protección y diversificación. En este contexto, las notas estructuradas con principal protegido resurgen como instrumentos financieros especialmente útiles para la gestión de inversiones de largo plazo.
Una herramienta híbrida con diseño a la medida
Las notas estructuradas son instrumentos financieros compuestos por dos elementos esenciales: un bono (generalmente cupón cero) que garantiza el capital al vencimiento, y un derivado financiero, usualmente una opción, que expone al inversionista a un subyacente como un índice bursátil, una tasa de interés, o una canasta de activos. Esto permite diseñar estructuras altamente personalizadas, alineadas con objetivos tácticos o estratégicos.
Existen diversas variantes: desde las notas autocallables (que ofrecen pagos periódicos potenciales y tienen la posibilidad de ser canceladas anticipadamente por el emisor si se cumplen ciertas condiciones de mercado) hasta las que incluyen barreras o participación en rendimientos acumulados. No obstante, las de principal protegido ofrecen una característica clave para el gestor institucional: la devolución íntegra del capital invertido, siempre que el emisor no incurra en incumplimiento.
La lógica del principal protegido: participar sin arriesgar
El diseño clásico de estas notas destina la mayor parte del capital a la compra de un instrumento de renta fija seguro, mientras que una fracción menor se canaliza a derivados. Este enfoque permite que, al vencimiento, se devuelva el 100% del capital, mientras el derivado captura parte de la rentabilidad del activo subyacente.
Por ejemplo, una nota vinculada al S&P 500 podría ofrecer un 70% de participación en el alza del índice durante tres años, sin riesgo de pérdida de capital. Esta posibilidad resulta especialmente atractiva en contextos como el actual, donde los mercados muestran señales de recuperación, pero aún con una volatilidad significativa.
Un riesgo ineludible: el crédito del emisor
Ahora bien, conviene ser claros: el riesgo no desaparece, sino que se transforma. En estas estructuras, el riesgo fundamental no es bursátil, ni cambiario, ni inflacionario: es el riesgo de crédito del emisor o del garante. Si la entidad responsable de devolver el capital entra en incumplimiento, la protección deja de ser efectiva. Por ello, todo análisis serio debe comenzar por evaluar el perfil crediticio del emisor, considerando ratings, spreads y fortalezas financieras.

Utilidad en portafolios institucionales
Para fondos de pensiones, que manejan recursos con visión intergeneracional, las notas de capital protegido ofrecen ventajas concretas:
- Calce de plazos, al tener vencimientos definidos, pueden integrarse a estrategias de duración controlada.
- Diversificación internacional, que permiten exposición a activos globales sin invertir directamente en acciones o divisas.
- Reducción de volatilidad, pues actúan como estabilizadores ante eventos extremos del mercado.
- Alineación con marcos regulatorios, al proteger el capital, no comprometen el mandato fiduciario ni la prudencia financiera.
Además, pueden incorporarse en esquemas generacionales, fondos de retiro programado, o tramos conservadores dentro de estrategias de ciclo de vida.
Evolución del mercado estructurado
En el pasado, las notas estructuradas fueron criticadas por su complejidad, falta de liquidez o por tener condiciones poco transparentes. Sin embargo, hoy el escenario ha cambiado. La existencia de estructuradores independientes al emisor (como boutiques financieras o bancos de inversión especializados) permite mayor transparencia, elimina conflictos de interés y facilita una adecuada supervisión posterior. Esto favorece decisiones de inversión más informadas y estructuras ajustadas a necesidades reales, no a inventarios de colocación.
En consecuencia, el actual entorno financiero exige responsabilidad técnica, creatividad estructural y apego a los principios fundamentales de inversión institucional. En ese marco, las notas estructuradas con principal protegido no son una promesa vacía ni una moda pasajera: son instrumentos reales, tangibles, útiles para proteger el patrimonio y participar del crecimiento económico global, sin renunciar a la prudencia.
Eso sí, su incorporación debe realizarse con disciplina, análisis crediticio riguroso y una comprensión clara de su rol dentro del portafolio. En inversión institucional, la sofisticación no está reñida con la prudencia: puede y debe construirse sobre ella.
---
El autor es profesor universitario de Finanzas y Economía en la Universidad Fidélitas y consultor en estrategia para fondos de pensiones en América Latina.