Por: Constantino Urcuyo.   25 octubre, 2019

Celebramos 70 años de la Constitución Política en circunstancias muy distintas a las existentes en el momento de su aprobación.

El texto surge después de una guerra civil y refleja la hegemonía político militar de los triunfadores, conservando elementos de la Constitución de 1871. Además, respeta las garantías sociales.

Nosotros, los de entonces, como decía Neruda, ya no somos los mismos. Una sociedad agraria, dominada por una élite cafetalera se transformó en urbana, surgieron nuevos grupos económicos y la clase trabajadora se diversificó.

El desarrollo de vigorosas clases medias, ligadas al crecimiento del Estado de Bienestar, promovido desde sus inicios por el PLN, sobre la base de la reforma social de los años cuarenta, produce también una modificación en la naturaleza real de la sociedad y del proceso político.

Reformas parciales

En 70 años se ha reformado parcialmente para adaptarla a los tiempos, proceso profundizado con la creación de la Sala Constitucional.

Para su interpretación se acude a valores y realidades propias del presente, porque no es un texto muerto, sino que sienta las bases para un diálogo permanente con la estructura social que regula y que a su vez la modifica.

La existencia de un Derecho de la Constitución, más allá de la letra de la norma, implica una exégesis activa del texto. Paralelamente, la incorporación del Derecho Internacional de los Derechos Humanos con rango superior a la constitución, otorga carácter universal a nuestra carta magna y permite la adecuación a los tiempos, más allá de la coyuntura del 49.

Larga vida a una Constitución que incorpora libertades individuales, derechos sociales y derecho a la diversidad. La Constitución está viva, sigue vigente y resguarda a un estado social de derecho como el nuestro.