Costa Rica lo tiene todo para ser en “el país laboratorio”, donde se prueben soluciones a algunos de los desafíos globales, como la formación, la longevidad y el cambio climático.
Tal vez hemos sido un país laboratorio en desarrollo humano sin proponérnoslo: apostamos por la educación pública gratuita y obligatoria para ambos sexos desde el siglo XIX; abolimos la pena de muerte en ese mismo siglo y, 100 años después, albergamos la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Además pasamos por un gran hito: la abolición del ejército.

Muy temprano establecimos un sistema de seguridad social y debemos obviar la exitosa absorción de la migración dadas las condiciones humanas e institucionales con que contamos: según datos de la Organización de las Naciones Unidas y de los censos nacionales, un 10% de nuestra población es migrante. Somos además ejemplo de un modelo de reforestación que logró revertir el daño ambiental.
Recientemente Ajay Banga, presidente del Grupo Banco Mundial, compartió en Bloomberg cuál es la estrategia para “crear empleos para los 1.200 millones de nuevos trabajadores del mundo”. Está dirigida a los países en desarrollo y me llamó la atención por algunos elementos que paso a enumerar.
Lo primero es que se propone una meta y lo segundo, usa la evidencia y la estadística como bases para las propuestas. Además, elabora la estrategia en torno a pilares que se conectan entre sí e identifica cuáles son los recursos necesarios y a dónde deben colocarse para llevarla a cabo. Por último, las soluciones involucran alianzas y recursos de los sectores público y privado.
En Costa Rica se hace imperativo hacer lo mismo y ¿si nos proponemos cerrar las brechas y aumentar nuestro índice de desarrollo humano a más de 0,900 para el 2036?
La estrategia podría ser desarrollar las siguientes áreas:
a) transformar el modelo de educación y formación para la nueva economía;
b) desarrollar agroindustria y pesca con valor agregado;
c) impulsar turismo médico, científico, culinario y ecológico;
d) elaborar soluciones en materia de salud, sobre todo en prevención y longevidad (¡albergamos una de las Blue Zones!); y
e) desarrollar la economía naranja, en particular la industria fílmica.
Estos pilares se conectarían entre sí, por ejemplo, crear programas cortos de educación dual para la formación de técnicos en agricultura, en salud y en turismo.
Nuestra estrategia se llevaría a cabo mediante una política de clústeres, donde los sectores público y privado, productivo y académico colaboren y se viabilice un verdadero encuentro entre todas las regiones del país.
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Dyalá Jiménez es abogada y se especializa en resolución de disputas internacionales. Es miembro de las más prestigiosas instituciones de arbitraje del mundo, como el Ciadi del Banco Mundial, el Consejo Internacional de Arbitraje Comercial y el Consejo Internacional de Arbitraje para el Deporte. Es exministra de Comercio Exterior y conforma la Junta Directiva de Cinde.