Por: Emmanuel Agüero.  6 abril

​El tipo de cambio real ha salido a la luz del debate político.

Se argumenta que sectores productivos han perdido competitividad por el nivel de este macroprecio y se debe buscar un equilibrio a través de una devaluación gradual del tipo de cambio nominal.

Sin embargo, este tipo de política carece de fundamento teórico e induce a errores en materia de política monetaria y cambiaria.

Conceptualmente, el tipo de cambio real se define como el poder de compra de una moneda con relación a otra moneda. Usualmente, ese macroprecio se puede aproximar a través del tipo de cambio nominal (este es el tipo de cambio que se observa en las ventanillas de los bancos) y la relación de los precios externos y los precios locales.

En ese sentido, numéricamente mayores niveles en el tipo de cambio nominal y en los precios externos reflejan un tipo de cambio real mayor. Mientras que mayores niveles en los precios locales reducen el tipo de cambio real.

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La política cambiaria

Dicho lo anterior, un aumento del tipo de cambio nominal genera efectivamente un incremento inmediato en su valor real.

No obstante, posteriormente la subida en el tipo de cambio nominal aumenta los precios de los bienes importados (los combustibles, electrodomésticos, los alimentos…) y en consecuencia en la inflación local (para más detalles ver Galí y Monacelli, 2003).

Este efecto disipa el incremento en el tipo de cambio real, retornándolo gradualmente a su valor inicial. Como resultado, se obtiene un fracaso a nivel de política cambiaria y un aumento en la inflación.

Además, si los agentes económicos empiezan a anticipar esa política de devaluar el tipo de cambio nominal, la incorporan dentro de sus expectativas inflacionarias, lo cual tiene un impacto aún más pronunciado sobre los precios (efectos de segunda ronda).

Variables fundamentales

¿Si no es el tipo de cambio nominal, de qué depende el equilibrio del tipo de cambio real?

En Costa Rica el tipo de cambio real se estima a través del Índice Efectivo del Tipo de Cambio Real (ITCER), así como todo índice tiene un valor base de 100 y este no significa que sea su equilibrio o su valor neutro.

El equilibrio del tipo de cambio real depende de sus variables fundamentales y la situación macroeconómica de un país. Particularmente la literatura destaca tres determinantes:

Primero: los términos de intercambio, que muestran la relación de precios de los bienes exportados contra los bienes importados.

Segundo: la diferencia de las tasas de interés reales locales y externas, que están íntimamente ligadas con el flujo de capitales de un país. Esto significa que si las tasas de interés reales locales son mayores a las externas se atrae una mayor entrada de capitales que producen una apreciación del tipo de cambio nominal y real.

Tercero: la productividad, la cual consiste en que un país pueda producir sus bienes exportados a un menor costo, para así lograr venderlos en los mercados internacionales a un precio competitivo.

"Provocar devaluaciones en el tipo de cambio nominal para incrementar su valor real, no solo induce a errores, sino que también está en contra del rol que la sociedad le da al BCCR: la estabilidad de los precios".

Este último determinante está ligado a la competitividad de un país en los mercados internacionales y no a la devaluación del tipo de cambio nominal. La evidencia empírica muestra que aumentos en la productividad generan mejoras en la competitividad, debido a que se logra producir cada unidad a un menor costo, desencadenando un mayor flujo de ventas internacionales y una mejora en los términos de intercambio.

¿Puede el Banco Central de Costa Rica (BCCR) mejorar la productividad de un país? La productividad depende de los factores productivos (educación, trabajo y capital), la infraestructura, la tecnología y la estabilidad macroeconómica de un país.

Particularmente es este último determinante en el cual el BCCR participa para influenciar la productividad de nuestro país.

Su rol central está en la estabilidad de precios y tal como lo indican Svensson y Woodford (2005), los esquemas de metas de inflación deben basarse en un ejercicio de estabilidad y equilibrio macroeconómico para fijar una meta inflacionaria coherente.

En ese sentido, provocar devaluaciones en el tipo de cambio nominal para incrementar su valor real, no solo induce a errores, sino que también está en contra del rol que la sociedad le da al BCCR: la estabilidad de los precios.