Por: Sofía Rodríguez.   17 abril

​El sector energía, motor del desarrollo económico y social, está a las puertas de una nueva disrupción tecnológica.

Las nuevas técnicas de extracción de petróleo lo han convertido en un bien menos escaso: las estimaciones de reservas mundiales, en billones de barriles, pasaron de 1,12 en 1995 a 2,1 en 2016.

Con la explotación de yacimientos no convencionales, se proyecta tener hasta 10 veces estas reservas.

La demanda de energía crecerá un 100% para el 2050 y sin un giro agresivo hacia la generación renovable y al transporte limpio, las emisiones de gases de efecto invernadero podrían cuadriplicarse para ese momento.

Aunado a esto, el camino para concretar los acuerdos del Tratado de París no está claro.

Los retos son varios: descarbonizar la economía, sin detrimento de la tasa de crecimiento y asegurando la firmeza, calidad y estabilidad de la matriz energética.

Aunque el crudo abunde, hay que migrar a un nuevo modelo energético basado en recursos renovables, que sea funcional en cualquier lugar y escala, aprovechando los costos constantemente a la baja, gracias a los avances en materiales y métodos de manufactura para tecnologías de generación y almacenamiento.

"Es importante que como país logremos mirar más allá de proteccionismos estatales, pues el modelo energético ya cambió en el mundo".

Por ejemplo, la muy cara y poco eficiente (12%) tecnología fotovoltaica aeroespacial de los años 60 tenía ya para el 2010 un costo por watt pico cercano a $11. Hoy, su costo es 7 veces menor y su eficiencia (20%) le permite competir: ha alcanzado la paridad con la red en casi todos los países y seguirá cayendo a una tasa de al menos 8% anual hasta el 2020, según el Departamento de Energía de Estados Unidos.

El almacenamiento de energía, antes reducido a acumulación por bombeo de centrales nucleares o térmicas, ha visto un progreso similar: la industria de sistemas de baterías químicas recargables y de descarga profunda, cuenta con una capacidad de 1,6 GW instalados a nivel global y según Global Data Plc, podría llegar a los 14 GW en el 2020.

La tendencia de costos es prometedora: de $800/kWh en 2014 a $400/kWh con tecnologías escalables como Powerwall de Tesla y LG Chem.

Energía eólica y solar

Recientemente The new economics of energy storage de McKinsey&Company proyectó $200/kWh para 2020 y $160/kWh para 2025, lo que catapultaría los proyectos solares y eólicos como energía firme.

La compañía startup L03 junto con Siemens ha conectado una comunidad de Brooklyn, permitiendo a sus miembros generar, almacenar y vender su energía a través de la red eléctrica existente.

Un proyecto similar es sonnenCommunity de la empresa Sonnen GmbH, donde coexiste la generación fotovoltaica, eólica y de biogas, con descentralización de la generación eléctrica e interacción de todos sus miembros en tiempo real.

Este concepto de almacenamiento virtual combina miles de baterías residenciales interconectadas, reduce costos y emisiones, mejora la estabilidad de la red y amortigua las fluctuaciones propias de la generación con renovables a gran escala.

A estos esquemas se suma el concepto Del Vehículo a la Red o V2G, ya implementado por la agencia danesa Frederiksberg Forsyning, y que permite utilizar el parque vehicular eléctrico como una planta de generación virtual en momentos de alta demanda.

Es hora de girar hacia al caso costarricense. World Energy Council, define un indicador basado en un reto triple: suministro de energía segura, sostenible y accesible. Costa Rica se movió de la posición 36 en el 2014 a la 49 en el 2017 entre 125 países.

Nos mantenemos en los primeros lugares de sostenibilidad, gracias a una matriz eléctrica de mínimas emisiones, pero retrocedemos en accesibilidad (lugar 67) y seguridad del suministro (104). Somos caros y con una débil seguridad energética, ya que seguimos dependiendo del petróleo y las hidroeléctricas, vulnerables frente al cambio climático y de mayor impacto ambiental y social que otras tecnologías.

Si Costa Rica, desde el sector productivo y las alianzas público-privadas, logra avanzar en el aprovechamiento de estas nuevas tecnologías y la generación de capitales de inversión para catalizar la ejecución de proyectos que impulsen la sostenibilidad y la competitividad, también podrá ser parte de la disrupción del modelo energético mundial.

Es importante que como país logremos mirar más allá de proteccionismos estatales, pues el modelo energético ya cambió en el mundo, pero la velocidad de adopción de dicho modelo en Costa Rica va a depender de nuestra apertura a estas tecnologías y de no encarecerlas de forma artificial.